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Oficios de barrio

Manolo resiste 18 años tras el mostrador al frente de una charcutería tradicional en Cáceres: "Cuando me jubile, el negocio se perderá"

El trato cercano y la clientela de siempre sostienen la actividad del local de Manolo Zancada en un contexto de cierre del comercio de proximidad

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

En una calle donde cada vez quedan menos persianas levantadas, el cacereño Manolo Zancada sigue al frente de su charcutería en Arturo Aranguren tras 18 años de actividad. Su establecimiento es hoy uno de los pocos comercios tradicionales que permanecen en activo en la zona, en un contexto marcado por el cierre progresivo de negocios de proximidad y la falta de relevo generacional.

Pese a este escenario, el charcutero considera que el comercio de barrio sigue teniendo sentido para una parte de la población. "Hay gente a la que le gusta entrar, que le atiendan y le aconsejen. No es llegar, coger un sobre y marcharte", explica.

El día a día del comercio se ha sostenido gracias a una clientela fiel, "de muchos años, sobre todo personas de mediana edad que residen en la zona", que valora tanto el producto como el trato cercano.

Manolo Zancada, en su puesto de trabajo.

Manolo Zancada, en su puesto de trabajo. / Jorge Valiente

Comienzos

Zancada recuerda que sus inicios en la profesión se remontan a cuando era muy joven. "Empecé en el supermercado Udaco. Mi padre trabajaba como empleado en el almacén y yo entré directamente a la charcutería, donde fui aprendiendo el oficio", señala.

A su juicio, la formación técnica debe ir acompañada de vocación. "Tiene que gustarte el trato con el público. Si no es así, no duras nada en este trabajo", añade.

Sin relevo

El propietario trabaja en solitario y no vislumbra continuidad para el negocio cuando llegue el momento de dejarlo. Tampoco ha buscado personal, consciente de que la escasez de profesionales es un problema generalizado en el sector. "Ahora nadie se dedica expresamente a este oficio. Cuando he necesitado ayuda, he tirado de la familia", puntualiza.

Futuro incierto

Desde su experiencia, el futuro del sector no invita al optimismo. “Cada vez quedamos menos charcuteros, y cuando nos vayamos retirando los pocos que resistimos…”, comenta.

Según explica, el cierre de los negocios se produce de forma casi automática cuando sus responsables se jubilan, una dinámica que está dejando al sector sin continuidad ante la falta de relevo y la preferencia de las nuevas generaciones por trabajar en supermercados y grandes superficies.

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