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Grosso modo

El artículo del abogado de Cáceres Juan Ramón Corvillo: "Cuna de Indias, destino de memoria"

Entre la Leyenda Negra y el eslogan del perdón, Extremadura y Cáceres invitan a mirar la Historia con contexto, comparación y matices, lejos del juicio sumario

Cuna de Indias, destino de memoria.

Cuna de Indias, destino de memoria. / Juan Ramón Corvillo

Juan Ramón Corvillo

Juan Ramón Corvillo

Cáceres

Estos días, al calor de Fitur 2026, vuelve a circular la imagen de Extremadura como puerta de entrada entre América y Europa. La metáfora es útil y, además, obliga a preguntarse qué relato cruza el umbral y cuál se queda atascado por prejuicio.

A ese atasco se le pega la coletilla de moda: "Hay que pedir perdón". Como si la Historia fuera un seminario de ética. No, es Historia. Convertirla en liturgia, con genuflexión obligatoria y certificado moral, solo sirve para evitar el análisis y quedarse en el gesto. Y el problema es la trampa que reduce siglos a caricatura, la llamada Leyenda Negra, hecha de selección, amplificación y repetición.De fuera, se señala a España, se simplifica y se cobra rédito moral. Y, lo que es aún peor, de dentro, se repite la consigna y se exporta la denuncia sin contexto. Resultado: sentencia instantánea, "lobos y tigres" frente a "ovejas mansas".

Extremadura queda atrapada en ese engranaje porque fue cantera humana de la empresa de Indias. Sería un error reducirlo a un solo nombre, aunque Trujillo ponga en su plaza una estatua-símbolo. Que nadie pida incienso: hubo violencia, hubo codicia y hubo destrucción. Lo que no se acepta es que la explicación sea un insulto: convertir un siglo en un gruñido y a una región en culpable hereditaria.

Cáceres responde mejor que cualquier consigna: obliga a caminar despacio. La Ciudad Monumental disciplina contra el juicio sumario: esplendor y sombra, fe y negocio, ley y violencia; la piedra exige matiz. Y en esa lentitud, la propaganda pierde aire y el prejuicio se queda sin voz.

Y luego está la comparación que tantos esquivan. La colonización inglesa avanza destruyendo y confinando, empujando la pérdida de tierras; la española no extermina, evangeliza y tiende a ordenar la relación por vía legal. También el tejido cultural desmiente el cliché: en el mundo hispánico se documentan universidades tempranas como México (ahora en liturgia de perdón) y Lima, ambas con grados semejantes a Salamanca e incluso con enseñanza de lenguas indígenas; en el mundo inglés hay universidades, sí, pero llegan mucho más tarde y a menudo como "colleges" de élite colonial.

Pedir perdón puede aliviar conciencias, y cada cual sabrá la suya. Para entender hace falta método, comparación y contexto. Extremadura, como cuna y como destino, tiene un papel natural en esa tarea. Y Cáceres recuerda que la Historia no se resuelve en eslóganes: se pisa, se mira y se entiende.

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