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Vida contemplativa

Las Jerónimas de Cáceres, bajo el legado universal de Santa Paula

Un monasterio escondido en la calle Olmo celebró la fiesta de su copatrona recordando una tradición espiritual que atravesó siglos y continentes

Encuentro con el obispo.

Encuentro con el obispo. / Cedida a El Periódico

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

En el corazón discreto de la calle Olmo, donde el silencio conservó densidad espiritual, el Monasterio de Santa María de Jesús vivió esta semana una jornada marcada por la alegría interior y la memoria histórica. Las Jerónimas abrieron sus puertas para conmemorar la festividad de Santa Paula de Roma, copatrona de la Orden y una de las grandes figuras femeninas de la espiritualidad cristiana.

La celebración comenzó por la manaña, a primera hora, con la Santa Misa, que fue presidida por el obispo de la diócesis de Coria-Cáceres, Jesús Pulido Arriero, acompañado por Francisco Fernández Román, superior general de los Esclavos de María y de los Pobres y párroco de Arroyomolinos de Montánchez y Montánchez. La liturgia sirvió no solo como acto devocional, sino también como recordatorio del hilo invisible que conectó la vida contemplativa actual con los orígenes del monacato cristiano.

Santa Paula de Roma (347-404), noble romana convertida en peregrina del espíritu tras seguir a San Jerónimo, fue evocada como una mujer adelantada a su tiempo. Abandonó riquezas, posición social y seguridades para fundar monasterios en Tierra Santa y sentar las bases de una vida consagrada centrada en el estudio, la oración y la pobreza evangélica. Su figura atravesó los siglos como símbolo de radicalidad evangélica y libertad interior.

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Ese legado encontró continuidad histórica en la Orden de San Jerónimo, nacida en el siglo XIV y profundamente ligada a la historia espiritual, cultural y política de España. Desde monasterios emblemáticos como Guadalupe o El Escorial hasta pequeños cenobios urbanos como el de Cáceres, las Jerónimas representaron una forma de resistencia silenciosa: custodiar la oración, el recogimiento y la fidelidad a una tradición que sobrevivió a guerras, desamortizaciones y cambios de época.

El desayuno

Tras la celebración litúrgica, la comunidad compartió un desayuno con los asistentes, un gesto sencillo que fue vivido como un espacio de encuentro fraterno entre la clausura y la diócesis. Los presentes lo describieron como un “momento de gracia y con gracia”, una expresión que resumió el clima humano y espiritual del encuentro.

La jornada adquirió un significado añadido al celebrarse a las puertas de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, prevista para el próximo 2 de febrero bajo el lema “¿Para quién eres?”. Una pregunta que resonó con especial fuerza entre los muros del monasterio, invitando a reflexionar sobre la vocación como don y misión en un mundo acelerado y ruidoso.

En este contexto, las Jerónimas y los fieles elevaron una oración conjunta por el aumento y la perseverancia de las vocaciones cristianas en todas sus formas, desde el laicado comprometido hasta la vida religiosa y sacerdotal. Un gesto que recordó que la vida contemplativa, lejos de ser un vestigio del pasado, siguió siendo una propuesta viva, actual y sorprendentemente alegre.

Un día de finales de enero que, bajo el amparo de Santa Paula, volvió a situar a Cáceres en el mapa silencioso de una historia espiritual que no entendió de modas ni de siglos, pero sí de fidelidad.

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