Vida urbana
Margallo, la calle de Cáceres que se apaga en silencio: "La veo muy lúgubre, un poco muerta"
Una vía histórica de Cáceres que conecta la plaza de toros con las Cuatro Esquinas y donde los vecinos alertan de la pérdida de vida vecinal, el avance del uso turístico y problemas enquistados como la basura o el abandono de edificios

Jorge Valiente
Una vía histórica de Cáceres que conecta la plaza de toros con las Cuatro Esquinas y donde los vecinos alertan de la pérdida de vida vecinal, el avance del uso turístico y problemas enquistados como la basura o el abandono de edificios
General Margallo ha sido durante décadas una de esas calles que todo cacereño ha cruzado alguna vez casi sin darse cuenta. Une la plaza de toros con las Cuatro Esquinas y sirve de bisagra entre la ciudad histórica y la más contemporánea. Un eje céntrico, cargado de memoria, que hoy muchos vecinos describen con una palabra que se repite como un eco: apagada.
Más del 30% de sus viviendas funcionan ya como apartamentos turísticos y, aunque la ubicación sigue siendo privilegiada, quienes viven allí ponen el foco en una sensación compartida de falta de vida, comercio menguante y problemas que se han ido acumulando con el paso del tiempo.
"La veo muy lúgubre, un poco muerta", dice Laura Cuesta, que pasa habitualmente por la calle. Durante años trabajó en una pensión de la zona que, recuerda, "ayudaba a generar mucho ambiente". Hoy reconoce que ya no sabe cómo estará aquel negocio. La viandante lamenta la "dejadez" de una calle tan céntrica y cree que debería cuidarse más para transmitir la "alegría" que aún se respira en vías cercanas. "Conecta lo antiguo con lo moderno, pero no se nota", resume.
El episodio de los okupas
El deterioro de algunos inmuebles ha sido, para muchos residentes, el caldo de cultivo de uno de los episodios más conflictivos de los últimos años: la ocupación ilegal del número 64. Marcos Roque, vecino colindante, explica que "desde un principio hubo quejas por parte de los vecinos, que se movieron para intentar que los sacaran".
La situación se prolongó durante alrededor de cuatro años. "La convivencia con nosotros no era mala, nos respetaban. Pero entre ellos sí tenían broncas todos los días", relata. En el edificio vivían varias personas repartidas en distintos niveles. "Salían todos los días, no tenían miedo de que los echasen".
El punto de inflexión llegó tras un incendio a principios del pasado enero. Aunque "dos días después del fuego estaban dentro otra vez", finalmente el Ayuntamiento de Cáceres intervino y el 14 de marzo varios operarios tapiaron el edificio, poniendo fin a una problemática muy señalada por el vecindario.
Para Elena María Cubillana, la presencia de los okupas también ha pesado en la imagen de la calle. "Creo que no hay más gente conviviendo aquí por miedo, cuando es una calle muy bien ubicada, en pleno centro".
Los negocios que ya no están
Cubillana llegó a General Margallo tras casarse en 1964 y guarda una memoria muy distinta de la actual. "Antes pasabas por aquí y veías las puertas abiertas, niños jugando, bares, tiendas, panadería… Eso ha pasado a la historia", recuerda con nostalgia. "Ya no se ven niños y la calle está muy apagada".
El paseo confirma esa percepción. Son pocos los negocios que han resistido. La librería Boxoyo o Reparación y Calzado, cerca del coso taurino, son algunas de las excepciones. Su propietario, Tomás Sánchez, lleva 40 años en el oficio y lo tiene claro: "Está mucho peor ahora que antes". Señala la falta de comercios, pero sobre todo la pérdida de vecinos. "Tengo muchos menos clientes porque vive menos gente". Tajante, asegura no verle "prácticamente nada positivo" a la calle y subraya que ha perdido su dinamismo.
El cierre de la multitienda Pumuki es uno de los más recordados, al dejar a Margallo sin un punto básico para las compras diarias. Otros evocan el antiguo colegio San Antonio de Padua, fundado en la calle en 1921 y trasladado en 2003, como uno de los grandes motores de vida. Y los más noctámbulos aún hablan de las aglomeraciones en la puerta del desaparecido bar Oxígeno.
Tranquilidad buscada
Sin embargo, lo que para unos es decadencia, para otros es un valor añadido. El cierre del Oxígeno supuso tranquilidad para varios negocios turísticos que hoy proliferan en la calle. Destaca el hotel Don Manuel, con acceso también desde San Justo, junto a numerosos apartamentos, albergues y alojamientos.

Imágenes de la calle Margallo en Cáceres / Jorge Valiente
Uno de ellos es el albergue Las Veletas. Su gerente, Yaiza Ruiz, explica que "lo más positivo es que, a pesar de estar al lado del centro, es una calle muy tranquila". Esa calma es precisamente uno de los aspectos mejor valorados por sus clientes. Dormir sin ruido y estar a pocos minutos andando de la plaza Mayor pesa mucho.
Ruiz reconoce que el perfil del visitante es variado. Desde jóvenes que llegan por eventos como Extremúsika hasta alumnos del Centro de Formación de Tropa (Cefot), atraídos también por los precios. Sobre el vecindario, apunta que "la mayoría de la gente es mayor, personas de toda la vida", aunque destaca la presencia de la residencia de estudiantes Los Arcos. Eso sí, echa en falta servicios básicos. "Se agradecería una multitienda. Tienes que ir a la plaza Mayor o a la plaza de toros para comprar cualquier cosa".
La basura, un problema común
Otro de los grandes focos de malestar es la acumulación de basura. "Los contenedores están siempre hasta arriba", denuncia Ruiz, que lo relaciona con la implantación del sistema de recogida puerta a puerta en la Ciudad Monumental en 2022. A su juicio, parte de los residuos del centro acaban en Margallo.
Ana Iglesias, vecina de la calle, comparte esa impresión. "Cuando los vecinos del centro llenan sus cubos, vienen aquí a tirar las bolsas". Aunque también señala que los antiguos okupas "contribuían a la acumulación".
Marcos Roque aporta otra lectura. "Hay más de cien viviendas, una residencia y muchos alojamientos turísticos, y solo estos cubos". A ello suma la dificultad para reciclar y el efecto llamada cuando los contenedores se saturan. "La gente acaba echando basura en cualquier lado".
El problema no se queda en Margallo. Se repite en calles próximas como Barrio Nuevo, Moraleja o San Justo, donde los vecinos denuncian contenedores insuficientes, restos fuera de los cubos y bolsas abiertas. "Es una asquerosidad", resume María Teresa Marzo.
General Margallo sigue siendo una calle estratégica y llena de historia. La pregunta que flota entre quienes la transitan a diario es si volverá a ser un lugar vivido o si su futuro pasa, definitivamente, por convertirse en un corredor tranquilo para turistas y recuerdos.