La fiesta final de Jesús Lambretta, el último mohicano de los bares de La Madrila de Cáceres: "Parecía que estábamos en la Noche de Reyes"
El histórico portero del Cacereño reúne a familia, amigos, exfutbolistas y vecinos en un homenaje sorpresa cargado de emoción que quedará para siempre en la memoria de Cáceres

Rocío Muñoz

Jesús no lo sabía, pero el sábado no podía ser uno más de tantos. Subió como siempre a su bar de La Madrila, La Labretta, y al entrar fue tomando conciencia de que algo grande estaba ocurriendo. “Me han hecho una cosa especial, de sorpresa, que no me lo esperaba”, reconocía todavía con el pulso acelerado, confesando entre risas que no entendía cómo no le había dado “un infarto” ante tanta emoción concentrada.
Medio Cáceres estaba en la calle Venecia participando en un homenaje colectivo en el que la ciudad parecía haberse puesto de acuerdo para devolverle un poco de todo lo que él ha dado a la movida cacereña. Y por allí fueron apareciendo nombres propios de toda una vida: Yelida José Oyola (Yeli para todos), Chinto, Sarratea, Ángel Marcos, el arquitecto Ángel Gallego o José Miguel Tenca, como se le conocía siempre. “Un fenómeno”, decía Lambretta antes de llamarlo para que se acercara. El propio Tenca no dudó en dejar una frase rotunda: “Jesús, el mejor portero que hemos tenido en toda la historia”.

Jesús junto a Tenca. / Miguel Ángel Muñoz Rubio
También hubo espacio para el fútbol profesional y los viejos vestuarios compartidos. Amigos del Atlético de Madrid, del Cádiz o del Real Madrid se sumaron al encuentro, como José María Quevedo conocido como Mami, padrino de su hijo; Josemi, el gran Oreja de Cádiz; Andrés o Antonio Churrique. “Todos para mí son especiales”, insistía Lambretta, sin querer dejar a nadie fuera.
La familia, en el centro
Entre tanta gente, el lugar central lo ocupó la familia. Sus hijos, uno de ellos conectado por videollamada desde Madrid, su hermano con su pareja (que son dos chicos estupendos) y el resto del entorno más cercano. “Toda mi familia, vamos”, resumía con naturalidad, dejando claro que ese respaldo era el verdadero pilar de su trayectoria personal y deportiva.
Al homenaje se sumaron vecinos, representantes del ayuntamiento como el concejal de Seguridad Ciudadana, Pedro Muriel, e incluso policías locales como Chema Melchor. Un gesto que Lambretta no paraba de agradecer. “Se han portado conmigo fenomenal, sin ninguna pega”, afirmaba, destacando el cariño recibido desde todos los ámbitos de la sociedad cacereña.
Para él, no hubo distinciones ni jerarquías. “Para mí todo el mundo son iguales, empezando por una persona que tenga el mejor puesto del mundo al que no tenga nada”. Una forma de entender la vida que explica por qué aquel acto de este sábado trascendió lo deportivo para convertirse en algo mucho más amplio.
Entre bromas y emoción, incluso apareció un rey mago, “el mejor rey mago que ha pasado por aquí”, decía Lambretta en referencia al arquitecto Ángel González, que no faltó a una cita que repetía cada noche de Reyes covirtiéndose en uno de los clásicos. "Es un grande", recalcaba González, también emocionado. Y es que Lambretta puso de moda la víspera de Reyes y convirtió la noche más mágica del año en un referente del ocio
Así, entre recuerdos, abrazos y nombres propios, Jesús Lambretta volvió a demostrar por qué es considerado el último mohicano de La Madrila: no solo por lo que fue bajo los palos, sino por lo que sigue representando para un barrio y una ciudad que no olvidan a los suyos. Y es que han sido treinta y ocho años en Cáceres, una ciudad a la que llegó este portero gaditano de Primera División (se enfrentó a Aroconada), criado entre La Viña y la playa de La Caleta cuando el Cacereño le ofreció jugar al fútbol. Venía para un año, pero se quedó para toda la vida.
En el capítulo de agradecimientos: sus hijos, Jesús y Víctor, su mujer Toyi, y su fiel clientela. La Lambretta era de Alfonso, que se la traspasó. El local había sido decorado por Antonio Pelo y Perico Valhondo, pintor de una de las obras más reconocibles del bar: una mujer de generosas proporciones inspirada en un cómic argentino, que este sábado también fue testigo de risas, abrazos, y muchas lágrimas.
En la parada de Sus Majestades, el pasado 5 de enero, le pidieron una cosa: que hablara con los nuevos gerentes para que la tradición continúe. “Ponlo en el contrato”, le dijeron en broma. Ya está hablado. El bar se queda en manos de Belén y Momi, que prometen mantener la esencia. Jesús se marcha a punto de cumplir los 69 años. Ya le toca disfrutar a un más de la vida, consciente de que se ha convertido en memoria de una época y que todos estos años al frente de uno de los mejores bares de Cáceres se han convertido en su gran legado.
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