Romería de San Blas
El club deportivo del colegio Diocesano de Cáceres se encomienda a San Blas y logra una doble victoria
Los integrantes del equipo serán quienes porten al santo en la procesión de este martes a las siete de la tarde
Sobre las 13:30 horas tendrá lugar la entrega de cordones a los otorrinolaringólogos en una misa dedicada a ellos

Los vecinos de la ciudad de Cáceres disfrutan de su tradicional romería de San Blas. / Jorge Valiente

El club deportivo del colegio Diocesano de Cáceres acudió a San Blas el pasado sábado para pedir su amparo en los partidos que jugarían próximamente. A cambio prometieron al santo acompañarle en su procesión el próximo 3 de febrero.
Ambos partidos, celebrados a lo largo del fin de semana, finalizaron con una doble victoria del equipo cacereño. Ahora, haciendo honor a su promesa, serán quienes porten la figura de San Blas en la procesión del martes que se celebrará en torno a las 19:00 horas, tras la eucaristía.
La romería de San Blas, considerada la tradición más antigua de Cáceres, ha mantenido viva durante siglos una devoción popular que combina creencias religiosas, ritos protectores y elementos festivos profundamente arraigados en la cultura local. Más allá de la masiva asistencia y de la venta de roscas y cordones, la celebración hunde sus raíces en una figura rodeada de leyendas, símbolos y prácticas que han ido evolucionando con el tiempo.
Un santo protector de la garganta
San Blas fue un médico y obispo armenio del siglo IV que, según la tradición cristiana, obró varios milagros relacionados con la curación de enfermedades. La leyenda más difundida relata que salvó a un niño que se estaba asfixiando al atragantarse con una espina de pescado, origen de su consideración como protector contra los males de la garganta. Este episodio ha marcado de forma decisiva la devoción popular, que asocia al santo con la salud y la protección física, especialmente en los meses de invierno.
En Cáceres, esta dimensión protectora se ha trasladado a objetos bendecidos como los cordones de colores y a alimentos rituales, entre ellos las roscas de anís, que tradicionalmente se consumen durante la romería.
San Blas es además patrón de los otorrinolaringólogos, y en honor a ese título la ciudad de Cáceres celebra anualmente una entrega de cordones a estos sanitarios. Como es tradición, se realiza en una misa dedicada a ellos, que tendrá lugar mañana en torno a las 13:30 horas en la ermita de San Blas.
De rito religioso a celebración ciudadana
La romería de San Blas ha experimentado una notable evolución a lo largo de los siglos. En sus orígenes, la celebración tuvo un marcado carácter religioso, centrado en la ermita y en los actos litúrgicos. Con el paso del tiempo, la fiesta ha incorporado elementos lúdicos y sociales que la han convertido en una cita colectiva para toda la ciudad.
La participación intergeneracional, la presencia de trajes regionales, los mercados artesanales y las actividades infantiles han reforzado su dimensión comunitaria. Aun así, la romería ha conservado sus símbolos esenciales, manteniendo un equilibrio entre continuidad y adaptación a los cambios sociales.
Las roscas como símbolo de protección
Las roscas de anís no son un simple producto gastronómico. En la tradición popular, su forma circular se ha interpretado como un símbolo de continuidad y protección, mientras que su consumo durante la festividad se ha vinculado a la bendición del santo. Durante décadas, las familias cacereñas han asociado la rosca a un gesto casi ritual, compartido entre vecinos y generaciones.
Su presencia masiva en la romería ha reforzado su valor simbólico, hasta convertirse en uno de los elementos más reconocibles de la celebración.
Elaboración artesanal y receta tradicional
La preparación de las roscas de anís ha seguido históricamente un proceso artesanal, transmitido en muchos casos de forma familiar. Los ingredientes tradicionales incluyen harina de trigo, huevos, azúcar, aceite de oliva, anís en grano o licor de anís y ralladura de limón. Tras el amasado, la masa se moldea en forma de rosca y se hornea hasta adquirir su textura característica, crujiente por fuera y más tierna en el interior.
Aunque la producción actual ha aumentado para atender la alta demanda de la romería, muchas panaderías han mantenido la receta tradicional, reforzando el vínculo entre el producto y la identidad cultural de la fiesta.
La romería de San Blas ha demostrado así su capacidad para preservar símbolos y significados antiguos mientras se adapta a los tiempos actuales, consolidándose como una de las expresiones más vivas de la cultura popular cacereña.
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