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Descifrando la realidad

Domingo Barbolla, sociólogo de Cáceres: "Sobre los Reyes y su función social"

La figura del rey en la democracia española genera debate, especialmente por su rol hereditario en una sociedad que busca la igualdad de oportunidades, a pesar de sus contradicciones

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Carlos Gil

Domingo Barbolla Camarero

Domingo Barbolla Camarero

Cáceres

Nuestro país esta dividido en tantas cosas que una de las que voy a mostrar es “una más”, sin embargo de máxima envergadura. Me estoy refiriendo a la figura de los reyes en nuestra democracia. Los que abogan por su abolición argumentan que vivimos en una sociedad de “igualdad de oportunidades”, que si bien es sabido reproduce un mito, una representación del deber ser, de la aspiración a la que nos hemos comprometido sin llegar nunca a su plena realización.

Pues bien, en esta supuesta sociedad de “iguales”, cuando menos en posibilidad, el rey es otorgado por herencia más allá de cualquiera de las capacidades que encarne el monarca concreto. De esta forma se rompe esa dinámica, no solo de elección de los representantes, sino de las cualidades del mismo sea este quien fuera. Por otra parte, nuestra sociedad polarizada requiere de un referente permanente exento de elección partidista para representar al Estado, que es lo mismo que a la sociedad en general. Hemos visto en este último año cómo el pueblo se ha sentido reconfortado por el bien hacer de la monarquía –entiéndase el rey y la reina– tanto en este último accidente de Adamuz con 46 fallecidos como en la riada de Paiporta con 229 fallecidos.

En las dos ocasiones los reyes ejercieron su papel de representación de la sociedad en general ante el dolor de los afectados y, con ellos, el de toda España. En la ceremonia religiosa de Huelva encarnaron el arrope de cada uno de nosotros saludando y consolando a cada uno de ellos. Nada mejor se podía hacer por las víctimas en esa ocasión, hacerles sentir que compartimos todos el dolor asemejado al suyo. Los reyes dieron nuestros abrazos, escucharon en silencio las palabras rotas por el dolor de los familiares de la tragedia. Nadie más lo hizo y tampoco nadie más podía hacerlo, inimaginable presentarlo en otro modelo de representación de Estado. ¿Alguien se imagina haciendo ese papel, ante las tragedias de todos, a alguno de los representantes que elegimos?

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