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Negocios

Pinchos de tortilla de patata recién hechos durante todo el día en el último bar del polígono de Capellanías de Cáceres

Jaime Preciado Plaza mantiene a flote el negocio 'Bebe y come' con desayunos, 35 o 40 menús diarios y servicio de catering en un polígono que acusa los "muchos días libres"

Jaime Preciado, en su bar Bebe y Come de Capellanías.

Jaime Preciado, en su bar Bebe y Come de Capellanías. / E. P.

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

En Capellanías solo queda una barra encendida. Bebe y Come es el último bar que sigue funcionando y su propietario, Jaime Preciado Plaza, cuenta que la clave está en el ritmo de cada mañana y en el tirón del mediodía. "Aquí lo que tenemos es desayuno y el menú del día, que estamos dando 35 o 40 comidas todos los días", ha indicado.

Además del servicio en sala, el establecimiento ha incorporado encargos fuera del local. "Tenemos también catering, tenemos licencia de catering", ha señalado.

Años de experiencia

Preciado recuerda que durante 11 años ha trabajado en la nave de enfrente, antes de mudarse al emplazamiento actual. El traslado, según explica, responde a una búsqueda de un espacio que se ajustase a lo que necesitaba. "Buscamos una nave que fuera acorde a lo que yo estaba buscando, tanto económico como posibilidad, y surgió enfrente", relata. Abrió en noviembre de 2023.

En desayunos, el producto más demandado ha sido claro. "Lo que más hago son tostadas", afirma, por encima de bollería, montados o bocadillos. "Los molletes también funcionan bien, pero en menor volumen", indica.

Pinchos de tortilla

A esa oferta suma pinchos de tortilla de patata individual, preparada en sartén pequeña para cada pedido. "Las hacemos al momento", dice.

El servicio de comidas se basa en menú del día y platos combinados para quien busca otra opción. "Tenemos cinco primeros y cinco segundos con cambio diario", explica. El precio es de 13 euros.

Calendario

La otra cara del negocio está en el calendario: "Son muchos días libres. Los fines de semana aquí no viene nadie. Cuando hay festivo un jueves, el viernes ya flojea mucho", expone. En Navidad, por ejemplo, cerró durante once días.

Preciado admite que mantener la persiana subida en estas condiciones exige ajustar cada decisión y no confiarse ni en los días buenos. Con todo, asegura que su objetivo es seguir siendo ese punto de encuentro imprescindible para quienes trabajan en Capellanías: un café temprano, una tostada rápida o un menú a mediodía que, al menos por ahora, mantiene viva la última barra del polígono.

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