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Salud y bienestar

Gema Pastor, nutricionista de Cáceres, explica cuándo el papel de aluminio puede ser perjudicial para la salud y cómo evitarlo en la cocina

La experta en nutrición aconseja no obsesionarse con el uso del papel de aluminio, sino conocer las fuentes de exposición y actuar con sentido común al cocinar

Gema Pastor, nutricionista de Cáceres.

Gema Pastor, nutricionista de Cáceres. / Cedida

Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

Usar papel de aluminio en la cocina doméstica no representa un riesgo grave para la salud si se hace con sentido común, asegura Gema Pastor, nutricionista de Cáceres. Aunque pequeñas cantidades de aluminio pueden pasar al alimento, no todos los usos son igual de peligrosos. La migración aumenta especialmente cuando el alimento es ácido, muy salado, se cocina a altas temperaturas o permanece en contacto con el aluminio durante mucho tiempo.

Uso ocasional de este tipo de papel

El aluminio está presente de manera natural en muchos alimentos, como verduras de hoja verde, cereales, té, cacao y algunas especias. "La dosis hace al veneno", destaca Pastor, subrayando que el uso ocasional de papel de aluminio, por ejemplo para envolver un bocadillo, no genera problemas significativos para la salud.

Aluminio en medicamentos

La experta también recuerda que otras fuentes de aluminio que suelen pasarse por alto son los medicamentos, especialmente antiácidos y algunos fármacos gastrointestinales. En personas que los toman de forma habitual, la exposición puede superar con creces la procedente del papel de aluminio o de los alimentos.

En personas sanas, el aluminio se absorbe poco por vía digestiva y se elimina principalmente a través de los riñones. El riesgo de acumulación aumenta sobre todo en personas con insuficiencia renal o en contextos de exposición elevada y mantenida.

Recomendaciones para reducir cualquier riesgo

Para reducir cualquier riesgo, Pastor recomienda evitar cocinar o almacenar alimentos ácidos o muy salados en aluminio, usar utensilios alternativos como vidrio, cerámica o acero inoxidable cuando sea posible y mantener una alimentación variada. "No se trata de vivir obsesionado ni con miedo, sino de conocer dónde está la exposición y actuar con sentido común", concluye.

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