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Tradición local

Cáceres quema el Pelele 'in extremis' mientras Las Lavanderas pelean por una distinción turística que ya merecen y reparten 250 kilos de coquillos

La fiesta del Febrero da comienzo al Carnaval en la ciudad, aunque el desfile no ha podido celebrarse

Cientos de personas acuden a la plaza Mayor para disfrutar de una cita que sigue en la pugna por lograr el Interés Turístico Regional

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

El Pelele ha ardido y, con el fuego, se ha llevado lo malo del trabajo de aquellas Lavanderas que pasaban todo el invierno limpiando la ropa a mano en las fuentes de la ciudad para llevar un jornal a sus casas. Una de las tradiciones locales de Cáceres, que se recuperó en el año 1989, se ha celebrado hoy en la plaza Mayor de forma multitudinaria. Las alertas meteorológicas habían obligado a suspender el desfile del Pelele y su posterior quema, aunque se mantenían actos alternativos en la carpa. Sin embargo, a última hora el consistorio ha cambiado su decisión en vista del buen tiempo previsto para las doce del mediodía y ha celebrado la quema 'in extremis' en colaboración con los bomberos.

Al mismo tiempo, Las Lavanderas siguen luchando por obtener la distinción de Fiesta de Interés Turístico Regional, un reconocimiento que ya merecen, y más teniendo en cuenta la gran cantidad de personas que han acudido este viernes a probar los coquillos típicos de la festividad. Una larga fila que llegaba hasta las letras de la plaza Mayor aguardaba con cientos de personas para probar los dulces, de los que se habían preparado hasta 250 kilos. Sobre la posibilidad de lograr la distinción, desde el ayuntamiento cuentan que el expediente sigue abierto y que no se han producido avances reseñables.

Intervenciones

Antes de la quema del Pelele, a la que finalmente han podido acudir alumnos de algunos colegios de la ciudad como el CEIP Prácticas, el alcalde, Rafa Mateos, ha dedicado unas palabras a la tradición de Las Lavanderas y se ha procedido a la lectura del manifiesto a cargo de María y Carmen, dos Lavanderas de la Universidad Popular.

Mateos, aplaudido por el público asistente a la cita, lamentó la suspensión del desfile: "No fue una decisión fácil, pero era lo más sensato. Queríamos garantizar la seguridad de los niños y mayores de la ciudad". Anunció que se repartieron dulces por colegios y asociaciones y que el interés por participar en la fiesta y confeccionar peleles es creciente. También recordó que Las Lavanderas se han colado en las escuelas para que los más pequeños comprendan a la perfección esta tradición: "Esto no es un disfraz de Carnaval, es un recuerdo precioso para quien, vestidas así, hacían uno de los trabajos más duros que puede haber. Irse a lavar la ropa a las fuentes con el agua helada era muy complicado. Por eso, el Febrero se quema, para dejar atrás una temporada en la que tan mal lo pasaban", concluyó. Además, incidió en que "de esas fuentes de la Ribera del Marco venimos todos" y que están trabajando para realzar ese eje natural "que tanto tiene que seguir aportando a la ciudad".

Manifiesto

Justo después fue el turno de Carmen y María, que leyeron el manifiesto de la fiesta y reivindicaron la tradición. En él, subrayaron la implicación intergeneracional gracias a la participación del Aula de Mayores y de escolares que trabajan en sus centros educativos para mantener viva la memoria de las mujeres y su oficio. Cerraron su homenaje con vivas al Carnaval, a la fiesta del Febrero, a Las Lavanderas y a Cáceres.

Tras las intervenciones, llegó el turno de la quema del Pelele. De nuevo, una cita multitudinaria con pequeños y mayores. Se preparó un dispositivo especial para colocarlo en el centro de la plaza Mayor y que nadie pudiese acercarse. Fueron los bomberos quienes se encargaron de su quema.

Los protagonistas

Y, como no puede ser de otra forma, los auténticos protagonistas de este evento son quienes lo hacen posible. Las Lavanderas de la Universidad Popular han preparado esta cita con esmero durante semanas y esta mañana han podido atender a los medios de comunicación con una sonrisa en la cara y ataviadas con los trajes típicos. Una de ellas es Juliana Espada, que reconoce que comenzó a participar una vez se apuntó a los talleres. "Yo las he visto lavar en Beltrán, iban porque se ganaban un jornal para dar de comer a sus hijos. Era su trabajo. En el invierno, en este tiempo, hacían una lumbre y echaban ladrillos dentro. Cuando ardían, los metían en el agua para calentarla un poquito. Esa era la manera de lavar en condiciones", cuenta Espada. "Me gustó el traje cuando lo ví, me lo hice y empecé a vestirme. Llevo nueve años participando", subraya orgullosa.

Galería | Así fue la fiesta de Las Lavanderas y la quema del Pelele de Cáceres

Juliana Espada, una de las Lavanderas de Cáceres. / Jorge Valiente

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