Blog del cronista
Isabel la Católica paró aquí en 1477: el pueblo de Cáceres que guarda la anécdota
Apenas a 15 kilómetros de Trujillo, Herguijuela presume de pasado histórico: de la parada de la reina camino de Guadalupe a sus huellas romanas y visigodas

Galería | Así es Herguijuela, en la provincia de Cáceres /

En el recorrido por nuestra tierra, muchas personas pasan por la monumental Trujillo y no se dan cuenta de que a solo 15 Km, pueden encontrar un lugar encantador, se llama Herguijuela. Con apenas 264 habitantes, este pueblo no es solo un remanso de paz; es una auténtica cápsula del tiempo que custodia secretos de diosas prerromanas, conquistadores audaces y el genio del hombre que dibujó las catedrales más imponentes de América. Olvida las prisas y prepárate para un viaje de «slow travel» por la Extremadura más auténtica.
Un nombre con misterio y una historia de reyes
Llegar a Herguijuela es entrar en un laberinto de etimologías fascinantes. ¿Viene su nombre del latín ecclesia (iglesuela) o de la deidad prerromana Erge?. Sea como sea, la espiritualidad se respira en cada rincón. Aquí, bajo el sol de la penillanura, se han hallado aras romanas dedicadas a la salud de Augusta y a la diosa Ataecina, además de lápidas visigodas como la de la joven Gunthoerta en el año 618. Estos hallazgos nos recuerdan que este lugar ya era un centro de espiritualidad rural cuando el mundo era muy distinto.
Incluso la mismísima Isabel la Católica no pudo resistirse a sus encantos. El 13 de mayo de 1477, la reina hizo una parada para comer en lo que entonces llamaban «la aldea de Iglesuela» mientras viajaba de Guadalupe a Trujillo. Imagínatela allí, entre muros de pizarra y granito, planeando quizás el futuro de su reino, sin saber que de esas mismas calles saldrían hombres que cambiarían el mapa del planeta para siempre.
El arquitecto de las catedrales
Pocas personas son conscientes de ello, pero si algo sitúa a Herguijuela en la escena universal, es la figura de Francisco Becerra. Nacido en esta villa hacia 1545, este genio del Renacimiento cruzó el Atlántico para dejar una huella imborrable en el Nuevo Mundo. Si alguna vez visitas la Catedral de Puebla en México, o las majestuosas catedrales de Lima y Cuzco en Perú, estarás contemplando el talento de un herguijueleño. Becerra llevó la vanguardia técnica de los talleres trujillanos a las grandes metrópolis andinas, convirtiéndose en uno de los arquitectos más prolíficos de la arquitectura virreinal.
Pero no fue el único aventurero. Los hermanos Jiménez —Gonzalo, Juan y Miguel— también partieron de estas tierras para unirse a Hernán Cortés en la conquista de México en 1519, buscando fortuna y gloria en una época de descubrimientos incesantes.
Un casco histórico con "sangre azul" y un Cristo de leyenda
Pasear por Herguijuela es descubrir el antiguo Condado de la Calzada. Durante más de un siglo, el pueblo cambió oficialmente su nombre al de «Villa de la Calzada», bajo el señorío de los Chaves y Mendoza. Ese pasado nobiliario aún se lee en las fachadas de la calle Azucena o la Plaza de la Constitución, donde los escudos heráldicos de los Altamirano o los Orellana vigilan el paso del tiempo desde sus casonas de piedra y barro.
El corazón espiritual del pueblo late en la Iglesia Parroquial de San Bartolomé Apóstol (siglos XVI-XVII). Su torre, con un diseño que recuerda más a una estructura defensiva almohade que a un campanario espiritual, custodia en su interior uno de los tesoros más místicos de la comarca: el Cristo Negro. Se trata de una talla bajomedieval de una serenidad que sobrecoge; un Cristo que no muestra señales de agonía, sino una paz profunda, casi como si estuviera orando o dormido. Es una parada obligatoria para quienes buscan arte con alma y una conexión directa con el misticismo del siglo XV.
Su gastronomía, un sabor de antaño que encandila a todos los paladares
En Herguijuela se come como en casa, pero con el sabor intenso de la dehesa. Si vienes con hambre, tienes que probar el Frite, el plato que mejor define la identidad carnívora de la zona. Se elabora con cordero o cabrito troceado, sofrito con ajo y el indispensable pimentón de la Vera, hasta que la carne queda extremadamente tierna. Si visitas el pueblo en verano, nada como un Gazpacho Prieto, una versión densa y refrescante que se diferencia de otras regionales por su consistencia casi cremosa.
Pero el secreto mejor guardado es su repostería tradicional. Los Huevecillos son el dulce por excelencia. Son pequeñas piezas de masa frita (huevo, pan y azúcar) que se bañan en un almíbar o leche aromatizada con canela y limón, resultando en un bocado esponjoso que es puro confort. Es el sabor de la tradición extremeña servido en un cuenco.
Donde el pueblo se hace uno, sus fiestas
El calendario de Herguijuela está marcado por la fe y la convivencia. Cada 24 de agosto se celebran las fiestas patronales de San Bartolomé, la cita más importante del año que atrae a cientos de herguijueleños que residen fuera. Pero el invierno no se queda atrás: desde el año 1700 se celebra la fiesta de La Candelaria con su procesión de luces, seguida de San Blas el 3 de febrero, donde se bendicen roscas de pan para proteger las gargantas.
Y si prefieres el campo, no te pierdas la Romería del Lunes de Pascua. Es el momento en que la comunidad se traslada a la dehesa para disfrutar de una jornada de comida al aire libre y bailes tradicionales, celebrando la explosión de la primavera en la sierra.
El Mirador de la Serrezuela, es cómo tocar el cielo
Para los amantes del turismo activo, Herguijuela ofrece la ruta PR-CC 229 «Mirador de la Serrezuela». Son 11 kilómetros de recorrido lineal con dificultad baja, lo que la hace perfecta para cualquier viajero. El sendero te llevará a 791 metros de altitud, ofreciendo vistas panorámicas excepcionales de la Comarca de Trujillo y las Villuercas. Es un paisaje de «montes de ensueño» donde, con un poco de suerte, podrás avistar buitres leonados y cernícalos primilla mientras caminas entre madroños y cantuesos.
Si vas a Trujillo no dejes de visitar Herguijuela es, en definitiva, ese destino que no esperas encontrar pero que nunca lo vas a olvidar. Es historia grabada en piedra, es el genio de Becerra en cada arco y es, sobre todo, la hospitalidad de un pueblo que se siente orgulloso de sus raíces. No es solo una visita; es un reencuentro con lo auténtico en el corazón de Extremadura. ¿Te vienes a descubrirlo?
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