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Comercios con historia

Tres mostradores que han visto pasar a tres generaciones en Cáceres

En tiempos de decisiones inmediatas y fidelidades frágiles, Nevacam, Ópticas Karma y Artesanía Girasoles siguen funcionando gracias a una peculiar forma de trabajar: probar sin prisa, ajustar al detalle, explicar con claridad y acompañar después de la venta

Vídeo | Tres negocios con trayectoria en Cáceres

Jorge Valiente

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

Una alianza que se guarda para siempre, unas gafas que se ajustan hasta cambiar la mirada, una pieza elaborada a mano que encuentra su lugar en casa. Esas escenas cotidianas han sido la base sobre la que han resistido comercios con décadas de oficio en la capital cacereña: la joyería Nevacam, Ópticas Karma y Artesanía Girasoles son tres ejemplos de establecimientos que han sabido adaptarse a los cambios sin renunciar a lo que los ha hecho reconocibles.

En Cáceres, como en muchas otras ciudades, el consumo ha cambiado de ritmo y de costumbres: se consulta más, se compra con más prisa y se fideliza menos. Sin embargo, algunos negocios han seguido levantando la persiana con una fórmula que no ha pasado de moda: asesoramiento, confianza y cercanía.

Priorizar el cliente

La historia de Nevacam es la de una saga familiar ligada a la joyería desde finales de los años cincuenta. El padre de José Félix Nevado comenzó su andadura en 1958, primero trabajando para otros y después emprendiendo por su cuenta. Recorrió pueblos, diversificó negocios, pero la joyería siempre fue el eje central. El actual local, situado en la avenida de España, abrió en 1984, momento en el que José Félix tomó las riendas.

Desde entonces ha resistido a crisis económicas, cambios de moda y, sobre todo, fuertes oscilaciones en el precio del oro y la plata. "Ha habido momentos en los que el oro se ha disparado y después se ha normalizado. Todo lo que ocurre a nivel mundial se nota también en la joyería", explica.

José Félix Nevado, propietario de la joyería Nevacam.

José Félix Nevado, propietario de la joyería Nevacam. / Jorge Valiente

Pese a ello, el negocio sigue en pie. ¿La clave? Para su propietario no hay fórmulas mágicas, pero sí una prioridad clara: el cliente. "Siempre hemos puesto por delante que la persona que entre por la puerta se vaya satisfecha, incluso aunque eso suponga ganar menos en una venta concreta", subraya.

La confianza acumulada durante décadas es su mayor patrimonio. En un sector donde cada compra suele estar ligada a un momento importante, la credibilidad y la profesionalidad marcan la diferencia.

El valor de lo hecho a mano

Si hay un sector especialmente golpeado por la globalización y las plataformas digitales, ese es el del trabajo manual y los oficios tradicionales. En ese terreno se mueve Artesanía Girasoles, fundada hace más de dos décadas por Gloria María Jabato en Coria, antes de iniciar una nueva etapa en la capital cacereña hace casi trece años.

Junto a su marido, Víctor Azabal, sostiene hoy un taller centrado en artículos de marroquinería, especializado en todo tipo de complementos de cuero. "Ser artesano es un camino lento", reconoce el responsable. "La consolidación llega con los años", subraya, cuando la clientela aprende a valorar la calidad y la durabilidad frente al bajo coste inmediato.

El equipo de Artesanía Girasoles, formado por Gloria María Jabato y Víctor Azabal, en pleno proceso de trabajo en su taller.

El equipo de Artesanía Girasoles, formado por Gloria María Jabato y Víctor Azabal, en pleno proceso de trabajo en su taller. / Jorge Valiente

La comparación con las grandes plataformas es inevitable. "A veces me dicen que han comprado un bolso por cinco euros y a mí solo la cremallera ya me cuesta casi eso". Su respuesta no pasa por competir en precio, sino en personalización y calidad. Trabajan "a la carta": el cliente elige tamaño, color y forma, y la pieza se confecciona en el taller. Ese modelo, unido al boca a boca y a años de participación en ferias por España y Francia, ha permitido construir una base de clientes que sostiene también la tienda online, pese a las dificultades para posicionarse en un mercado saturado.

Visión de futuro

Desde 1975 forma parte del paisaje cacereño Ópticas Karma. Su origen se remonta a un proyecto iniciado por un empresario vallisoletano que abrió una sucursal en la ciudad. Poco después regresó a su tierra y fue el padre de Borja López quien asumió el negocio. Desde entonces, la familia lo ha mantenido activo durante medio siglo.

Hoy, la propiedad de los dos locales que mantienen en Cáceres sigue en manos de la madre, con el respaldo de sus hijos, garantizando así la continuidad generacional. El sector, no obstante, ha cambiado profundamente. "La competencia ahora es mucho mayor y la cuota de mercado se reparte entre más establecimientos", asegura Borja.

Interior del establecimiento de Ópticas Karma, situado en la calle San Pedro de Alcántara.

Interior del establecimiento de Ópticas Karma, situado en la calle San Pedro de Alcántara. / El Periódico

Con los años, han consolidado su apuesta por el establecimiento físico y el cliente local frente a las plataformas digitales. La razón es clara: la óptica no es solo comercio, es también un servicio sanitario. "Lo especial es el trabajo optométrico. Puedes encontrar gafas en muchos sitios, pero detrás hay un servicio profesional que no se puede sustituir con un clic", afirma.

La fidelidad de su clientela es incuestionable, aunque en muchos casos se trata de personas de edad avanzada, lo que plantea el reto del relevo generacional. Mientras tanto, observan fenómenos como el aumento de la miopía entre niños y jóvenes, que atribuyen no solo a las pantallas, sino también al menor tiempo al aire libre.

Más que comercios

En un contexto donde la compra se ha vuelto cada vez más impersonal y acelerada, estos establecimientos demuestran que todavía hay espacio para el comercio de proximidad. No solo venden productos o servicios; ofrecen confianza, asesoramiento y continuidad.

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