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Barrio a barrio

El barrio de Tambo y Pinturas Mayo está en Cáceres

El supermercado Tambo, nacido en 1979, revolucionó el comercio cacereño al ofrecer una amplia variedad de productos y servicios en un mismo espacio, consolidándose como un punto de encuentro

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Tiene plaza, tiene un Tambo y, en la esquina con Sánchez Manzano está Pinturas Mayo. ¿Qué más se puede pedir si además está a un paso de la Cruz de los Caídos? La calle Salamanca es una vía de servicios, donde la hostelería, eso sí, está perdiendo enteros. En el ecuador de febrero pasamos por esa plaza, que discurre paralela a Antonio Hurtado y que es lugar de reunión de jóvenes, mayores y mascotas. Allí está Platadomínguez, un bar que ha conseguido asentarse en el barrio como referencia para el buen yantar. La calle es, sobre todo, de servicios y pequeño comercio, pero goza de una ubicación estratégica: comunica con Moctezuma y Los Fratres, de ahí que la revalorización de sus viviendas vaya en aumento.

Aqui se juntan negocios de toda la vida y otros más recientes. Están Custodio Peluqueros, la peluquería Stylsa, PodoCáceres. En la esquina con Cuauhtémoc continúa la peluquería Domingo Palacios, La Casa del Bacalao (especializada en congelados), un lavadero de coches y la peluquería unisex Crazy Style. La calle también ha visto cerrar algunos negocios como Frutas y Verduras Richard, la de reparación de calzados de José Felipe, un sector que desgraciadamente también está muriendo. Siguen activos otros como la Inmobiliaria Talavera, Maderas Tovar, la mercería y taller de arreglos de costura, el bar Encuentro Hispano-Luso, el centro de estética Esther Fernández y Puerto Casares, dedicado a suministros de fontanería.

Ya a la altura del número 1, en la esquina con Sánchez Manzano, se encuentran Coquetona, Pinturas Mayo (otro de los grandes referentes de Cáceres, antes en la calle Badajoz) y el bazar Sánchez Manzano, cerrando un recorrido que combina comercio de proximidad, servicios personales y pequeñas empresas.

De la corrala al mercado

Para entender por qué este tipo de calles resultan esenciales en Cáceres hay que remontarse varias décadas atrás. Tener un Tambo al lado de casa es tener junto a ti la hitoria de Caceres. Su origen hay que buscarlo en Santos García Landeira, natural de Madrid, que quedó viudo de Primitiva Barra Herrera con tres hijos pequeños: Manolo, Juan José y Santos. Albañil de profesión, trabajaba a destajo en cuadrillas que recorrían España. Una de ellas recaló en Cáceres para participar en la construcción de la nueva Residencia Sanitaria, hoy Hospital San Pedro de Alcántara, donde Santos colocó las plaquetas exteriores.

En la ciudad conoció a Marcela Heras, que tenía un puesto de frutas y verduras en el mercado del Foro de los Balbos. La relación prosperó y la familia se trasladó a Cáceres. Vivieron primero en la calle Santa Gertrudis, en una vivienda humilde sin agua corriente, donde los vecinos acudían a la fuente del Perejil con cántaros. Cocina de carbón primero, de petróleo después -que se compraba en la desaparecida Ferretería Abad- y vida en la calle con pandillas de niños y balones de papel.

Marcela continuó con su puesto en el mercado, mientras Santos instaló otro en la plaza de las Piñuelas, de quita y pon, donde vendía ajos, cebollas y hortalizas llegadas de Arroyomolinos, Miajadas o Plasencia. Parte del género viajaba en tren gracias a una tía de la familia casada con un trabajador de Renfe. Cada tarde, Manolo acudía a la estación con un carro para recoger los pedidos y bajarlos a las cámaras del mercado.

El Foro de los Balbos era entonces el gran centro comercial de Cáceres: un hervidero de puestos, clientes y mercancías junto a la plaza Mayor.

El salto a Las 300

Con el tiempo, Santos abrió una abacería en la calle Zurbarán. Manolo, tras estudiar, cumplir el servicio militar y trabajar una temporada en Galicia, decidió regresar para emprender su propio camino. Se casó con María Eugenia García Cendal y abrió su primer supermercado en Las 300, en la plaza de la Fe, en un local de subasta que él mismo acondicionó junto a su padre.

Aquel establecimiento de 60 metros cuadrados prosperó en un barrio entonces nuevo, poblado de familias jóvenes. Un visitante vasco, vinculado a la cooperativa Secuf, llegó a describir Las 300 como “un pueblito de palomas blancas, perfectamente cuidado y limpio”.

1979: nace Tambo

El gran salto llegó en 1979. Manolo se asoció con Manuel Ollero y Ángel Pérez, comerciantes también consolidados. En la avenida Alfonso IX quedó libre un amplio local de tres plantas que había albergado talleres vinculados a Induyco y un negocio textil.

Los tres socios acometieron la reforma con sus propios medios: noches de trabajo, taladros, sierras y mucha intuición comercial. Buscaban un nombre corto y sonoro. Inspirados por lecturas de márketing, pensaron en “tambor”, eliminaron la “r” y así nació Tambo.

La apertura supuso una revolución para Cáceres. Comprar con carrito, elegir directamente la mercancía, disponer de cafetería, juguetería, perfumería y bazar en un mismo espacio era algo inédito. Tambo se convirtió en punto de encuentro social y comercial. “Aquello era la bomba”, recuerdan quienes vivieron esa época.

El negocio superó dos incendios, resistió cambios económicos y amplió su presencia. Con el tiempo, uno de sus grandes hipermercados fue adquirido por Carrefour, pero la marca mantuvo su identidad y continuó creciendo. Hoy la cadena suma nueve supermercados, un Hipercash y cerca de un centenar de empleados y la calle Salamanca da buen testigo de ello.

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