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Aventuras y desventuras

Bajo tierra en Cáceres: la aventura que destapó los secretos ocultos de la Casa de los Aldana

El subsuelo medieval sale a la luz décadas después

El subsuelo de Cáceres.

El subsuelo de Cáceres. / CEDIDA

Alonso Corrales Gaitán

Alonso Corrales Gaitán

Cáceres

Fue por la década de los años ochenta cuando comenzamos a interesarnos por esas construcciones que teóricamente existen debajo de nuestras ciudades medievales, tal y como ocurre en: Toledo, Ávila, Burgos, Zamora, León, etc., convencidos que en el caso de nuestra ciudad debería de ocurrir igualmente.

La tarea evidentemente no era muy sencilla, no existía una bibliografía dedicada a ese tema tan curioso, pero a la vez tan misterioso. Únicamente pudimos localizar alguna publicación que mencionaba brevemente construcción subterránea de pasada. O incluso que simplemente nombraba a estas desde el punto de vista histórico.

Impedimentos

Pero a pesar de todos estos impedimentos, decidimos que era un tema muy curioso y podía ser interesante, al tiempo que investigándolo podríamos aprender mucho sobre Cáceres, incluso información que habitualmente no aparecía en los libros oficiales.

El comienzo no fue nada fácil, verdaderamente fue en cierta manera una completa aventura, pues en varias ocasiones corrimos el riesgo de aventurarnos a entrar en varios edificios que por aquella época estaban rehabilitándose, con el riesgo que esto supuso para nosotros. El paso siguiente fue más cómodo, iniciamos contactos con obreros de distintos sectores que realizaban su trabajo cotidiano en dichos edificios históricos, lo que nos facilitó una información muy apropiada. Al mismo tiempo que en muy discreta cantidad algún propietario de dichas construcciones nos puso en aviso.

Conferencias

Y fue a partir de este momento cuando se nos comenzó a requerir para dar conferencias en diferentes lugares de la ciudad sobre este tema tan curioso, además de acercarse a nosotros variados ciudadanos que nos preguntaban sobre el tema o nos informaban de algún hallazgo inesperado en su propiedad de este tipo de construcciones, invitándonos en estos casos a investigar sobre los mismos. Así tuvimos que buscar algún colaborador discreto, del círculo más cercano para estas tareas de campo. Cierto es que nos fueron saliendo muchos y variados voluntarios que deseaban poder acompañarnos en tan inesperadas aventuras.

El subsuelo de Cáceres.

El subsuelo de Cáceres. / E. P.

Con todos estos cimientos de tema tan ignorado por el paso del tiempo, pudimos sacar a la luz nuestra publicación del año 1993, la del 1997 y la del año 2018. Nuestro archivo personal llegó a superar el centenar de casos y no solamente referido a edificios de los denominados históricos, sino que pudimos conocer la existencia de construcciones subterráneas u ocultas en otros barrios más alejados.

Hay que entender que no nos estamos refiriendo a una red comunicada de estancias bajo tierra, sino que se trata de simples habitaciones, pasillos, aljibes, etc. que han existido a dos o cinco metros bajo tierra con diferente finalidad y que aún están ahí, modificadas o no, y que evidentemente tienen una historia que en muchos casos profundiza en cientos de años.

Varios casos

En las siguientes líneas podríamos referirnos a numerosos casos, pero evidentemente no disponemos de mucho espacio, para esos están los propios libros ya mencionados. Siguiendo algunas propuestas que hemos recibido en estos días vamos a tratar de recordar alguno de los casos de investigación realizados personalmente, con algún discreto colaborador y de los que consideramos mas interesantes.

En este momento nos trasladamos mentalmente a la década de los años ochenta del pasado siglo, a un edificio que a lo largo de nuestra vida hemos visitado al menos casi medio centenar de veces, por muy diferentes motivos. Así también transcurrieron los años noventa. Esta casa histórica se encuentra en las cercanías de la iglesia de San Mateos, y se le conoce como Casa de los Aldana. Dicha construcción remonta sus orígenes a finales del siglo XIV, época de la que apenas se conservan elementos visibles, exclusivamente aquellos que existen bajo tierra.

La historia nos dice que don Rodrigo Álvarez de Aldana vino a Cáceres en el siglo XIV, casando con doña Inés Fernández de la Cámara y Sotomayor, comprando a don Alfon Pérez Gaitán, Regidor del Ayuntamiento, la casa en la que este vivía, quedando así constituido el solar de los Aldana. Realizando así una importante obra de remodelación y constituir en aquel espacio la cotidiana casa familiar.

Siglo XX

En pleno siglo XX sufre este edificio todo tipo de castigos y modificaciones tanto de su exterior como de su interior, llegando a peligrar determinadas dependencias de la planta baja y convertirse la superior en vivienda de sus propietarios. Y es a comienzos de la década de los años ochenta cuando se adapta la planta baja como restaurante muy popular en nuestra ciudad. Tiempo en el que comenzamos a ser clientes de dicho establecimiento y observamos que el suelo de esa planta es muy antiguo, así como el artesonado de uno de los salones y otros elementos arquitectónicos y de adorno que presentan una notable antigüedad.

El subsuelo de Cáceres.

El subsuelo de Cáceres. / E. P.

Al mismo tiempo comprobamos que debajo del patio de entrada, a simple vista se ven unos escalones de cantería que descienden por un estrecho acceso que se abre en el suelo de una pequeña estancia. Pero lo que realmente nos sorprende es que el agua llega a inundar dicho acceso hasta prácticamente el mismo borde. Así transcurren los años 1987, 1988, y 1989, además de gran parte del 1990. Nuestra inquietud hace que con cierta frecuencia insistamos con los dueños del restaurante para que solicitasen el correspondiente permiso de los propietarios del edificio para vaciar toda la zona del sótano.

Complicados trabajos

Afortunadamente en el mes de diciembre de 1990, se inician unos complicados trabajos de extracción de miles y miles de litros de agua de la zona subterránea, tarea que pretende descubrir lo que hay bajo tierra, para si fuera posible ampliar el negocio.

Y no es hasta el 16 de enero de 1991 cuando pudimos acceder por primera vez a estas construcciones subterráneas, hasta el momento desconocidas, no sin cierto temor por no saber lo que podemos encontrarnos, no podemos olvidar que éramos la primera persona que accedíamos a una zona que llevaba completamente inundada desde al menos un siglo, sino más. En esta primera visita nos acompañaba el amigo y propietario del restaurante. Después de descender por media docena de escalones, respirando con bastante dificultad por la humedad reinante, descubrimos dos pisos muy bien diferenciados y separados por un rudimentario muro de albañilería. En primer término a la izquierda al descender observamos dos estancias, una de muy pequeñas dimensiones junto a otra con unas proporciones mas grandes de unos cinco metros de lado y con el techo alto y abovedado, apreciándose en dos de sus laterales unos clásicos pollo de mampostería, así como ciertos orificios en la pared para recoger el agua de lluvia caída en el patio superior, también eran visibles tres argollas metálicas colocadas a mas de un metro del suelo.

Descubrir estancias

Pero lo mas sorprendente fue descubrir por debajo de estas estancias lo que parecía una enorme habitación, o posible antiguo depósito de agua, rematado, por una parte, por rocas, así como con dos oquedades importantes en su suelo, además de estar visible un rudimentario muro que compartía con la próxima denominada Casa del Águila. No éramos conscientes que nos encontrábamos aproximadamente a unos siete u ocho metros por debajo del suelo real de la calle Orellana, pero hay que insistir que por ese motivo y por el reciente vaciado de miles de litros de agua, la respiración era dificultosa, lo que no nos impidió que siguiéramos con nuestra discreta aventura. Y a mano izquierda de este nuevo espacio localizamos dos pequeños pasadizos en gran parte derruidos, por lo que a penas podría arrastrarse un ser humano, que transcurrían en dirección a la cercana Casa del Mono (siglo XV).

Afortunadamente pudimos realizar varias visitas más, en días posteriores, en los que, acompañado por un colaborador, tuvimos ocasión de observar detenidamente todas y cada una de estas zonas, con la ventaja que la ventilación de varias semanas nos hacía más cómodo el permanecer en aquel lugar cerca de una hora. Así pudimos encontrarnos con huesos variados, según los expertos de diferentes animales tanto domésticos como de asnos y fragmentos de objetos de barro y cristal.

Restaurante

Durante varios años la primera planta subterránea se convirtió en una curiosa estancia complementaria del restaurante de la planta superior, quedando la zona mas baja como un simple atractivo para los visitantes, por lo que fue necesario tener siempre operativa una bomba de extracción de agua.

La última visita que pudimos realizar a la zona mas baja del mencionado edificio fue durante el verano del año 1991, al final de esa década dicho negocio finalizó su contrato y toda aquella zona fue cerrada durante muchos años. Aquel espacio subterráneo fue olvidado para la mayoría, pero nosotros conservamos todos los datos y fotografías.

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