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Blog del cronista

Bohonal de Ibor (Cáceres): el plan perfecto camino de Guadalupe (Los Mármoles y dólmenes)

Historia romana, dólmenes prehistóricos y naturaleza salvaje a orillas del embalse de Valdecañas, con la visita imprescindible a Los Mármoles al atardecer

Francesc Gómez Núñez

Francesc Gómez Núñez

Cáceres

En nuestra tierra extremeña hay lugares que parecen desafiar el paso del tiempo, pero Bohonal de Ibor es, literalmente, un pueblo que desafió a las aguas. Situado en un enclave estratégico de la provincia de Cáceres, donde el río Ibor se encuentra con el Tajo, este municipio no es solo una parada en el camino hacia Guadalupe; es un destino que condensa 3.000 años de historia, desde el misticismo de los dólmenes prehistóricos hasta la elegancia de una ciudad romana que hoy yace bajo un embalse.

Cuando hice mi escapada a Bohonal, empecé mi visita en el embalse de Valdecañas. Allí se alza el monumento más icónico de la comarca: Los Mármoles. Aunque su nombre sugiera un origen lujoso, este pórtico del siglo II d.C. fue construido con granito local. Lo fascinante es el truco visual de los antiguos romanos: recubrieron las columnas con un estuco mezclado con polvo de cristal que, bajo el sol extremeño, reluce con un brillo marmóreo visible desde kilómetros; Os aconsejo realizar la visita al atardecer.

Este templo no siempre estuvo aquí. Originalmente formaba parte de Augustóbriga, una próspera ciudad romana que custodiaba el paso del Tajo. En la década de los 60 del siglo pasado, cuando la construcción del embalse sentenció a la vecina Talavera la Vieja (Talaverilla) a desaparecer bajo las aguas, los vecinos y arqueólogos lograron una hazaña: trasladar piedra a piedra este pórtico a una cota segura, donde hoy podemos disfrutarlo. Hoy, cuando el nivel del agua baja en épocas de sequía, todavía es posible vislumbrar los restos del Templo de la Cilla y las murallas de la ciudad sumergida, un espectáculo melancólico y fascinante que conecta el presente con un pasado inundado.

Bohonal de Ibor es la puerta de entrada sur al Geoparque Mundial de la Unesco Villuercas-Ibores-Jara, y su paisaje es una lección de geología al aire libre. Para los amantes del senderismo, la ruta de los dólmenes es obligatoria. En las afueras del pueblo se respira una energía ancestral ante monumentos como el Dolmen de Pibor o el del Gambute, estructuras megalíticas de hace tres milenios que demuestran que esta tierra siempre fue un lugar sagrado.

Pero la naturaleza aquí también tiene formas caprichosas. En el cauce del río Ibor, el Geositio 32 esconde las «Marmitas de Gigante». Son cavidades cilíndricas perfectas esculpidas en la roca por la erosión circular del agua y las piedras durante siglos. Además, si paseas por el entorno de «Los Majales», te toparás con formaciones graníticas que parecen cobrar vida, como el famoso «Cancho Huevo», una roca ovoide gigante que parece mantener un equilibrio imposible sobre la piedra o el «Cancho la vieja» con una forma peculiar.

El centro urbano de Bohonal invita a un «slow travel» auténtico, sin pensar, solo observar y sentir. Sus calles conservan el encanto del siglo XVIII, con casas señoriales de granito que conviven con una original propuesta artística: los Murales de Golondrinas. Estos murales, repartidos por fachadas y rincones, cuentan la historia local y las tradiciones de forma visual, convirtiendo el paseo en un museo abierto.

No se puede dejar el pueblo sin visitar la Iglesia de San Bartolomé Apóstol, un templo de finales del siglo XV con una imponente torre de granito que domina el horizonte. Y para los que buscan la foto perfecta del atardecer, el Puente de las Veredas es el lugar indicado. Esta joya de ingeniería medieval, con su gran arco de medio punto asentado directamente sobre la roca, fue durante siglos el paso obligado para los miles de pastores y ovejas de la Mesta en la Cañada Occidental Leonesa.

La gastronomía de Bohonal de Ibor es una oda al producto de proximidad. Aquí el plato estrella es el cabrito frito, cocinado a fuego lento con laurel, ajos y un toque de vino blanco hasta que queda dorado y crujiente. Pero si hay algo que sorprende al viajero son las sopas de tomate. Olvida cualquier idea preconcebida: en Bohonal se sirven en cazuela de barro y se acompañan, según la temporada, con higos frescos, uvas o los llamados «carrascuos» (pimientos rojos secos fritos). Es una combinación audaz de dulce y salado que define el carácter de la cocina extremeña.

Para el postre, la miel de la D.O. Villuercas-Ibores es la protagonista absoluta. Las floretas y los pestiños, bañados en miel hirviendo tras pasar por moldes de hierro, son el broche de oro para cualquier comida. Y, por supuesto, no olvides llevarte un Queso Ibores, un manjar de cabra pimentonado que condensa los aromas del monte bajo de la comarca.

Si tienes la suerte de visitar Bohonal en octubre, el Festival Ibórica Folk te permitirá vivir la cultura local en su máxima expresión. Calles inundadas de música de raíz, panderos y jotas que han sido recuperadas por los propios jóvenes del municipio para que su identidad no se pierda. Pero el calendario está lleno de hitos: desde el Miércoles de Ceniza con su sardinada popular en la plaza, hasta la pintoresca tradición de la Cruz de Mayo, donde los «quintos» pintan cruces en las puertas de las jóvenes del pueblo y plantan un gran tronco adornado con flores.

Bohonal de Ibor no es solo un destino; es la prueba de que un pueblo puede perder su territorio bajo las aguas pero mantener intacto su orgullo y su historia. Ya sea por su patrimonio romano, su naturaleza salvaje o su mesa generosa, este rincón de Cáceres es una de esas joyas extremeñas que, una vez descubiertas, te obligan a volver.

Guía Práctica: cómo llegar: A solo 17 km de Navalmoral de la Mata por la EX-118. Y a 1h 20m de Cáceres por la A58 – A5. Actividades: Pesca y vela en el embalse, o senderismo por la Ruta Pilón de las Cañás. Imprescindible: Visitar «Los Mármoles» al atardecer para ver el efecto del sol sobre las columnas. No te olvides: Comprar su miel D.O. Villuercas-Ibores, llévate lo autentico, así con cada cucharada recordaras esta escapada.

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