Comercio local
Experiencia, taller y web: tres claves para resistir en Cáceres en la era del clic
El pequeño comercio busca su espacio en una ciudad donde la competencia digital, los nuevos hábitos de consumo y la falta de relevo generacional obligan a reinventarse sin renunciar a su identidad

Carlos Gil

El avance del comercio electrónico y la transformación de los hábitos de consumo han obligado al pequeño comercio a adaptarse a un escenario cada vez más exigente. En Cáceres, en medio de cierres y cambios en el tejido comercial de los últimos años, aún permanecen negocios que han sabido sostenerse apoyados en la cercanía, el oficio o la combinación entre tienda física y venta digital, moviéndose en un escenario cada vez más competitivo.
Bicicletas Cáceres mantiene la persiana levantada en la ciudad desde hace casi tres décadas. El negocio nació en 1996 y desde 2008 quedó en manos de su actual responsable, José Manuel Vecino, que ha vivido en primera persona la transformación del sector. "Cuando comenzamos apenas había cuatro tiendas físicas en la ciudad", recuerda. Hoy esa cifra se ha duplicado y la competencia se ha intensificado, en buena medida por el crecimiento de internet y la facilidad de compra a golpe de clic.
Pese a ese escenario, el trato cercano ha sido el principal argumento para mantenerse y conserva clientes desde sus inicios, aunque admite que el público joven "frecuenta menos la tienda física que antes", con hábitos más vinculados a la compra digital y a otras formas de ocio.

José Manuel Vecino, propietario de Bicicletas Cáceres. / Carlos Gil
Uno de los episodios más singulares llegó tras la pandemia. Durante el confinamiento, la bicicleta se convirtió en una de las pocas opciones para practicar deporte al aire libre, lo que provocó un auge inesperado de ventas. "Se quedaron las tiendas vacías, no había bicicletas", rememora. La demanda superó a la oferta y el suministro se vio tensionado durante meses. Sin embargo, aquel impulso resultó coyuntural. Con el tiempo, el mercado se ha estabilizado e incluso ha registrado un nuevo descenso. Y a ello se suma el incremento de precios y la reducción de márgenes en un mercado cada vez más ajustado.
El taller como pilar
Más allá de la venta, el taller se ha convertido en el verdadero pilar del negocio. Buena parte de la jornada transcurre entre reparaciones, ajustes y gestión de garantías, especialmente en el caso de las bicicletas eléctricas, donde la electrónica ha ganado protagonismo.
El trabajo, reconoce, es "muy sacrificado", con jornadas largas y apertura también los sábados. No contempla relevo familiar. "Aquí se trabaja mucho", afirma, convencido de que el nivel de dedicación que exige el comercio tradicional no es el camino que desea para sus hijos.
Siglo y medio de zapatos
Si el taller marca el día a día de un negocio contemporáneo, en Calzados Peña el peso lo tiene la historia. Fundado en 1875, el establecimiento ha atravesado cuatro generaciones y suma 151 años de actividad ininterrumpida. Hoy está gestionado por Carlos Peña junto a su mujer, al frente de un negocio que nació en "una época en la que los zapatos se hacían a medida" y que, con el paso del tiempo, ha evolucionado hacia la venta de calzado artesano confeccionado en fábrica.

Carlos Peña, dueño de la zapatería Calzados Peña, ubicada en la calle Pintores. / Carlos Gil
La tienda ha sido testigo de los cambios en el sector: de la producción manual a la irrupción de las grandes cadenas y, más recientemente, al impacto del comercio electrónico. "La gente joven está a golpe de clic", admite su responsable, consciente de que internet ha modificado la forma de consumir moda, haciéndola más rápida, menos planificada y más vinculada al precio. "Pero aquí seguimos luchando", sostiene.
Peña defiende que "la constancia, la perseverancia y la atención personal", además de ofrecer buen producto, siguen marcando la diferencia. Sin embargo, el horizonte no es alentador. Próximo a la jubilación, Carlos Peña reconoce que sus hijos no continuarán con la tradición familiar. "Acabará una etapa más", señala, asumiendo con cierta resignación que será el final de una larga trayectoria comercial en la ciudad.
Más allá del mostrador
En el extremo opuesto se sitúa Dehesia, una marca de cosmética natural ecológica con nueve años de recorrido que abrió su tienda física en Cáceres hace tan solo dos. "Lo principal es tener un sueño y construir un proyecto a base de trabajo e ilusión", explica la cacereña Sara Villegas, impulsora de la firma. Su modelo parte de una premisa diferente: integrar desde el inicio el canal digital como soporte principal del negocio y no como complemento tardío.

Sara Villegas, propietaria de la tienda de cosmética natural ecológica Dehesia. / Carlos Gil
Su responsable siempre tuvo claro que la venta online era imprescindible para crecer más allá del ámbito local. Hoy la empresa distribuye directamente al cliente final a través de su propia página web, opera en distintas plataformas externas y cuenta además con un canal específico para distribuidores y hoteles. La tienda física, en este esquema, no sustituye al entorno digital, sino que "lo complementa".
El sector de la cosmética natural, añade, atraviesa un momento de expansión tras varios años de crecimiento sostenido, lo que ha favorecido la consolidación del proyecto. No obstante, mantener un local abierto implica asumir costes fijos y una dedicación constante. En un mercado cada vez más digitalizado, la apuesta pasa por combinar presencia física y venta online sin perder el contacto directo con el cliente.
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