Barrio a barrio
Cáceres: cortes de pelo para chicos a 7 euros y tardeo en La Latina
La plaza Marrón de Cáceres, a los pies del casco histórico, debe su nombre a Vicente Marrón, un benefactor que fundó escuelas para niños sin recursos en 1803

El Periódico Extremadura

Para pasear por la plaza Marrón conviene saber qué motivó que fuese así bautizada una de las entradas del casco historico de Cáceres a los pies del Camino Llano. Cuenta en sus crónicas el cronista Fernando Jiménez Berrocal que existe en Cáceres una antigua fundación que, aún en activo, recoge el deseo testamentario de su fundador, Vicente Marrón. Esta fundación nace en 1803 como obra pía, patrocinada por su benefactor, un cacereño de origen cántabro que falleció en la ciudad el 2 de diciembre de 1803.
A lo largo de su vida este empresario, administrador de bienes ajenos, ganadero y constructor generó una importante fortuna que al morir sin descendencia y por deseo testamentario firmado el 24 de noviembre de 1803, ocho días antes de fallecer, estableció que sus bienes se utilizasen para crear una obra pía cuyo fin principal sería la creación de escuelas en las que poder formarse los niños que no tenían recursos, un hecho inaudito entre los denominados rentistas locales. Es así como surgen las populares Escuelas de Marrón.
Durante el agitado siglo XIX las escuelas tuvieron diferentes ubicaciones, desde el colegio de la Compañía de Jesús hasta la actual sede de la diputación o diferentes locales en la Concepción o la calle Moret. En 1912 la obra pía ve incrementado su patrimonio con la cesión del antiguo teatro Variedades en Margallo, donación de su propietaria, Juana Elguezabal, para que las escuelas tuvieran un local definitivo.
"En 1918 se inauguran las nuevas escuelas que permanecerían activas hasta 1986. Por sus aulas pasarían miles de niños y niñas que hallaron en ellas su lugar de aprendizaje, en una ciudad que nunca estuvo sobrada de recursos educativos para los mas necesitados. Máxime cuando la enseñanza, durante siglos, fue más un privilegio que un derecho", cuenta Berrocal y corrobora Jesús Fernando Bravo Díaz, al citar Margallo como una calle que contó con centros de enseñanza como el colegio de San Antonio de Padua, el Paideuterion fundado por don Tomás Martín Gil y las famosas escuelas de toda la vida, las de don Vicente Marrón; también a esta calle, por cierto, dan parte de las traseras del Convento de Santo Domingo del siglo XVI.
Conocido el origen, el pasado matutino por esta zona de Cáceres comienza en los números 25 y 27, donde funcionó por un tiempo una librería de libros nuevos y de segunda mano que terminó cerrando. En el mismo entorno sigue abierto Ítaca, un centro especializado en fisioterapia y pilates que también ofrece acupuntura, terapia cráneo-sacral, masajes, drenaje linfático, trabajo con máquinas y programas específicos para embarazadas y mayores, además de servicio a domicilio.
A pocos pasos se encuentra la peluquería de María Mendo, dedicada tanto a peluquería como a estética. Muy cerca, un local que durante años albergó el Centro Ambaris -y que después fue tienda de tatuajes- permanece ahora disponible. Junto a él funciona una multitienda y carnicería especializada también en comida árabe.
En la misma plaza ha abierto recientemente una pequeña barbería, Peluquería Cáceres, que anuncia cortes de pelo a siete euros. En la esquina con la calle Roso de Luna resiste la librería Renacer, de temática religiosa y que es toda una odea de la fe. Enfrente, el local que ocupó la tienda de decoración Portobelo —trasladada hace tiempo al número 7 de Roso de Luna— continúa vacío, con el escaparate cubierto de pintadas.
La churrería Ruiz
A la altura del número 4 sigue la churrería Ruiz, una de las más tradicionales de la ciudad. Amalia Ruiz y Vicente Ruiz procedían de Linares (Jaén), donde se dedicaban al negocio de la venta de churros. El matrimonio había tenido cuatro hijos: Juana, Lorenzo, Rafael y Vicenta, la pequeña, que fue hija póstuma porque Vicente, su padre, murió muy joven. Vicenta siempre decía que su madre la había traído al mundo debajo de la sartén, y no andaba desencaminada Vicenta porque la familia recorría todas las ferias habidas y por haber de Andalucía y Extremadura vendiendo churros exquisitos a bordo de sus casetas.
Fue en uno de aquellos viajes a la Feria de San Fernando de Cáceres, que Juana, la mayor de los Ruiz, decidió probar suerte en la ciudad con el negocio de los churros después de darse cuenta de que aquí siempre hacía muy buenas ferias. Juana estaba casada con Alfonso Martín, y juntos llegaron a la capital para quedarse definitivamente en ella en los años 50, después de solicitar al ayuntamiento la instalación de un quiosco de madera en el Camino Llano, una zona conocida entonces como las afueras de Carrasco. Vivían por allí José Antonio Bravo, y su mujer, Elisa, que tenían una tienda de comestibles, Antonio Luceño y Agus, su señora, Catalina y su marido, Juan Antonio, que trabajaba en Renfe, o Napoleón, que tenía su casa por encima de la señora Fermina.
En Camino Llano abundaban las cocheras, entraban los autobuses y también había talleres, de manera que era un lugar de paso, tremendamente concurrido en el que el quiosco de los Ruiz triunfó porque entonces no abundaban las churrerías en la ciudad. La llegada de Juana a Cáceres animó al resto de sus hermanos a seguir su estela. Así que el siguiente en llegar fue Rafael, casado con Manola , que decidió probar suerte en el arandel de San José, en un negocio que fue el inicio de una churrería que ahora está situada muy cerca de la plaza de toros. Luego vino Lorenzo, casado con Encarna , que montaron la Chocolatería Ruiz, que estuvo situada al final de los soportales de la plaza Mayor.
Vicenta fue la última en llegar a Cáceres, lo hizo con su madre y con tan solo 15 años se puso a trabajar con su hermana Juana. Aquí conoció Vicenta a Paco Blázquez, que ese sí era cacereño: hijo de Toribio y de Manuela, y que además de Paco tuvieron otros dos hijos: Carmen, la mayor, y Valentín , el mediano. Vivían los Blázquez en una casa del Camino Llano, de dos habitaciones y un baño comunitario, como era tradicional en el Cáceres de aquellos años. No tardó Paco, de profesión guardia civil, en enamorarse de Vicenta, con la que contrajo matrimonio un 14 de octubre de 1962.
En 1965 el ayuntamiento le comunicó a Juana Ruiz que tenía que abandonar el quiosco del Camino Llano. Entonces, un poco más arriba y en la misma plaza Marrón, había un local que durante años había ocupado una carbonería y que se encontraba cerrado. Así que no tardó Juana en alquilar aquel negocio, del que muy pronto se encargaría su hermana Vicenta porque Juana también había solicitado al ayuntamiento la instalación de otro quiosco, inolvidable, de chapa verde, en el Parador del Carmen. De modo que Juana traspasó la churrería a su hermana Vicenta y se marchó al Parador. La vida seguía y en la plaza Marrón prosperaba la churrería de Vicenta Ruiz, madre de cinco hijos: Juan Manuel, Vicente, Maite, Francisco José e Iluminada. El negocio de Vicenta compatibilizó durante un tiempo la elaboración de churros con las patatas fritas y en una ocasión, por encargo, llegaron a preparar nada menos que 10.000 churros.
Ruiz asoma en lo más alto del arandel de la plaza mientras que entre San Vicente y Santa Bárbara, en el número 8, una casa se ha restaurado y aún quedan restos de lo que fue una hornacinaun y en el 10 se están ejecutando obras de reforma integral: se ha retirado el tejado, aunque se ha conservado la estructura de la fachada. La intervención la realiza una empresa de Moraleja, Virgilio Bodón García.
En ese mismo entorno se encuentra La Latina, un bar de copas que gestiona Piti Álvarez, que se ha hecho un hueco en el tardeo cacereño. Muy cerca, la relojería y joyería Colmer, que ofrece diseño, reparación y tasación de piezas, además de compra de oro y plata, un servicio que ha cobrado relevancia con la revalorización de los metales preciosos.
Bajo el Arandel se concentran tres restaurantes en apenas unos metros: Perhaps Tapería, Chantarela y Matices. Una densidad hostelera que comparte espacio con tiendas de alimentación como Kanve, multitiendas, peluquerías, centros de estética y una galería de arte, Kermel. El local que ocupó Muebles Villegas ha cambiado de actividad y ahora se dedica a la electrotecnia y las telecomunicaciones.
En la plaza también está Fide, trasladado desde Roso de Luna tras abandonar un edificio afectado por termitas. En su actual ubicación ofrece arreglos y confección a medida: adaptaciones de prendas, faldillas, cortinas, mantelerías, estores, cojines, trabajos en piel y uniformes. A la altura del número 15, entre Plaza Marrón y Hernando de Soto, se sitúa la tienda de repuestos de electrodomésticos Montero, todo un clásico de esta plaza que, por cierto, será objeto de remodelación.
Las obras
Esa transformación es uno de los grandes proyectos del alcalde, Rafa Mateos, y se centrará en ganar espacio para el peatón, crear nuevas zonas verdes y transformar Camino Llano en una vía más amable y accesible a la Ciudad Monumental y el Museo Helga de Alvear. Para ello, la calle se convertirá en plataforma única, con aceras más amplias -hasta ahora no accesibles- y un pavimento diferenciado entre calzada y acerado para garantizar la seguridad de los viandantes.
Uno de los elementos clave será la incorporación de 55 nuevos árboles en un espacio que carece de ellos. En el primer tramo se plantarán en grandes maceteros y, en la segunda mitad, en alcorques. Se seleccionarán especies de gran porte para aportar sombra. En el caso de la plaza Marrón experimentará una transformación completa para ganar calidad urbana y convertirse en un nuevo punto de encuentro para cacereños y visitantes. La futura plaza será un espacio verde, ordenado y accesible, con bancos de formas sinuosas que rodearán un gran árbol central.
La intervención incluye zonas de césped, una fuente mural similar a las de la plaza Mayor o Las Claras, y una nueva conexión mediante escaleras hacia una terraza-mirador, desde la que se podrá disfrutar de una perspectiva ampliada del Museo Helga de Alvear. Bajo este espacio se instalará un baño público autolimpiable, respondiendo a una demanda recurrente de servicios públicos en el centro urbano.
Se reubicará la parada de contenedores y la zona de carga y descarga permanecerá en la parte alta de la plaza. Además, junto a la rampa de acceso al museo por Camino Llano se creará otra zona estancial con bancos en graderío y una pequeña área verde, similar a los espacios que existen en los entornos de grandes museos como el Guggenheim, adaptados a las dimensiones de la calle.
El presupuesto de la obra alcanza el millón de euros y el proyecto está redactado a la espera de su licitación.
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