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Entrevista | Marisol Borreguero Pregonera del novenario de la Virgen de la Montaña

"Llega la primavera a Cáceres y ya me veo vestida de campuza en la procesión"

Acude cada año vestida de montehermoseña a la procesión de Bajada, ayuda en todo lo que puede y ha recibido el encargo de recitar el pregón del novenario con ilusión y vértigo. Marisol Borreguero (19 de abril de 1955) cuenta con una sonrisa de oreja a oreja cómo lo está redactando, recuerda el momento en el que se lo comunicó Joaquín Floriano y la ilusión que le haría a Paquita, su madre

Marisol Borreguero, pregonera de la Virgen de la Montaña.

Marisol Borreguero, pregonera de la Virgen de la Montaña. / Jorge Valiente

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Va a ser la pregonera de la Virgen de la Montaña, ¿qué siente?

La ilusión, los nervios y las ganas son enormes, sobre todo de no defraudar a la gente. Y darle las gracias a la persona que en su día pensó en mí. No sé por qué, pero alguien pensó que yo podía ser la pregonera (el próximo 16 de abril en el Gran Teatro), y eso es una ilusión y una responsabilidad enorme.

¿Cómo fue ese momento en el que le llaman y se lo proponen?

Lo recuerdo perfectamente. Fue a mediodía, me estaba preparando para comer. Me llamó don Joaquín Floriano. Yo pensé que, como colaboramos algunas veces con ellos, con el grupo Folk Trébol, iba a ser para alguna actuación o para alguna misa. Cuando me dijo que si quería serlo yo, lo primero que se me pasó por la cabeza fue que se había confundido de Marisol. Debe tener otra persona en la lista. Incluso le aclaré: ‘Oye, que soy Marisol, la Montehermoseña’, que es como me conoce todo el mundo. Y cuando me aseguró que era yo sentí una explosión de nervios. Todo es por la Virgen, me hacía muchísima ilusión. Sé que a mis padres también les hubiese emocionado porque eran muy devotos de la Montaña. Me salió algo de dentro y dije que sí. Y aquí estoy, muerta de miedo.

¿Qué sintió en ese momento?

Es una sensación de agobio, de vértigo. De pensar en cómo lo voy a hacer, cómo me va a salir, qué voy a decir y qué voy a hacer. Es una mezcla de todo. Es imposible poderlo definir con palabras.

"Toda la vida ligada a la patrona"

Lleva mucho tiempo ligada a la Virgen de la Montaña…

Toda la vida. Tengo el recuerdo de cuando tenía cinco años. Estaba en el colegio de las Carmelitas, en la calle Olmo. Recuerdo ver a mi madre en la puerta del colegio y me dijo: ‘Venga, deprisa, que hay que vestirte’. No sabía ni de qué iba aquello. Llegué a casa, me puso el traje de campuza, me cogió de la mano y a Fuente Concejo. Me acuerdo perfectamente que los primeros años llevé un ramillete de celindas y calas. Y recuerdo también a una mujer que me cogió de la mano y me llevó al ayuntamiento. Luego, ya de mayor, la veía por la calle y supe que se llamaba Marisol Valle. Fue como la guiadora. Yo recuerdo ir por la calle con muchísima gente. Todo el mundo decía: ‘¡Ay, qué guapa!, ¡mira qué bonita!’. Y eso lo he ido viendo año tras año. Luego, más joven, ya iba solita o con alguna amiga.

Marisol Borreguero.

Marisol Borreguero. / Jorge Valiente

Hubo años en los que no pudo acudir por estudios, ¿cómo lo vivió?

Hice Medicina en Badajoz. Y durante ese tiempo, ahora que no se entera nadie, me fugaba de las clases para poder venir a ver a la Virgen. Después, me fui a Francia y estuve cinco años en los que, por supuesto, no pude venir. Pero me sentía ligada a ella de algún modo. Esa época coincidía con los exámenes y me ponía nerviosa. Algún otro año tampoco he podido porque estaba trabajando, pero la veía desde el hospital donde trabajaba.

De generación en generación

Dice que es una tradición que viene de su madre, ¿ha intentado transmitirla también?

Sí, sí, eso intenté. He tenido la suerte de llevar a mi hijo de la mano, pero se fue a estudiar a Madrid y también estuvo en Francia. Y ya sabes lo que decimos las madres, que nunca más vuelven. Sigue viviendo en Madrid y es muy complicado.

Cuando llega la primavera y se acerca la procesión de Bajada, ¿qué siente?

Es difícil de explicar. No es que seamos capillitas, ni más ni menos. Se une la tradición, la fe, la cultura, la emoción. Hay una mezcla de todo. En el Paseo de Cánovas hay un arbolito de celindas, y cuando se empieza a abrir y paso por ahí, me retrotrae a esos años que yo iba de la mano con Marisol Valle. Yo huelo eso y me veo vestida de campuza en la procesión.

En la procesión, su labor puede pasar desapercibida, pero siempre está, ¿cuál es su papel?

Siempre acompañando a la Virgen. En los últimos años, algunos hermanos que llevan el protocolo, al ver que éramos tantísimas personas vestidas de baile regional y que conocía a mucha gente, me dijeron: ‘¿Por qué no nos ayudas y procuras que vayan juntas las regionales?’ Pero ya te digo que eso es imposible. De nuestro grupo solemos ir entre 60 y 70. A esas las puedo controlar porque son amigas y conocidas. Pero hay señoras que se han vestido con la ilusión de ir al lado de la Virgen, ¿Y quién le quita esa ilusión y le dice que ahí no puede ir?

El año pasado faltó.

Sí, porque iba a nacer mi nieta. El miércoles, a las doce de la mañana me llamó mi hijo: ‘Oye, que creo que la niña ya está aquí’. Solté las flores, llamé a mi marido y a las dos ya estaba camino de Madrid. Me hizo ilusión porque algunas amigas me dijeron que me habían ehcado de menos. Pero mi nieta es mi nieta. Este año no podrán venir porque mi hijo tiene que viajar a Praga. El que sí estará será mi marido, José Pedro, que me está ayudando mucho.

Familiar

Si su madre, Paquita, le viera ahora, ¿qué cree que sentiría?

Estaría feliz. Mucha gente la conocía. Era muy abierta, muy cariñosa. Mi padre era más serio, siempre trabajando. Pero ella iba a misa, a las Hermanitas de los Pobres, subía a la Montaña e iba al Gran Café. Hay gente que me dice: ‘Cada día te pareces más a tu madre’, y a mí eso me llena de satisfacción. Me ilusiona pensar que alguien me relaciona con ella.

¿Y el pregón? ¿Cómo va a ser?

Va a salir del corazón. Lo estoy haciendo con muchísima ilusión. Habrá gente que le decepcione, habrá gente que diga que le guste. El pregón voy a ser yo. No te puedo decir más. Voy a intentar destacarlo todo: la fe, la tradición, la amistad, lo que es para mí la patrona. No soy gran oradora, ni gran escritora. Pero voy a intentar ser yo. El año pasado fue muy emotivo. Alonso Redondo nos emocionó a todos. Es un gran orador y supo transmitir lo que llevaba dentro del corazón.

Sabe que el Gran Teatro de Cáceres va a estar lleno…

Sí, me he subido al escenario y eso de que no se ve a nadie… mentira. Se ve hasta el número de los zapatos. Yo hablo mucho, pero ante mis conocidos me cuesta mucho hablar.

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