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Barrio a barrio

Faunos, el club que Manolo Carabia creó en Cáceres y que marcó la noche de La Madrila

Maribel Corrales, figura clave de la noche cacereña, es recordada por su Pub Maribel, donde popularizó su grito de guerra y fue mentora de David Vivas en el mundo del ocio

Vídeo | Faunos, el club que Manolo Carabia creó en Cáceres y que marcó la noche de La Madrila

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

La Madrila tiene una cara de día, que dista mucho de su cara nocturna, tal vez porque La Madrila ya no es lo que era y ha dejado de ser, definitivamente, la referencia del ocio nocturno de una ciudad en la que divertirse por la noche está en horas bajas y donde lo que triunfa verdaderamente es el tardeo. A primera hora, la plaza de Albatros, la que fue meca de la movida cacereña, tiene en la calle Abilio Rosillo su primera parada en la memoria: la Autoescuela La Madrila, de la que queda por aquí solo el eco de su cartel luminoso, o los locales en venta y alquiler de lo que en su día ocupó Tele-Electrónica, dedicada a la venta de electrodomésticos, servicios técnicos, reparaciones televisión, de radio, de equipos de sonido y transistores, de vídeos de monitores, de antenas de TDT...

Subiendo las escaleras que conectan con la calle Santa Teresa de Jesús aparece Albatros. Para nuestros antepasados, La Madrila era una conocida fuente pública que actualmente pervive en el parque del Príncipe, uno de los principales pulmones de la ciudad. También era una propiedad rural, cercana al ensanche cacereño, que marcaba el final de la expansión urbana en tiempos no tan lejanos. Próxima a la Avenida del Oeste y a la Ronda del Hospital. Sin embargo, y como bien retrata en sus crónicas Fernando Jiménez Berrocal, cronista oficial de la ciudad, La Madrila fue para el Cáceres de los años 70 del pasado siglo, un símbolo de modernidad en todos los sentidos; "bloques de pisos en torno a una gran plaza privada, con diferentes zonas verdes que venían a contribuir a la renovación urbanística de la ciudad. Un barrio céntrico de viviendas confortables y modernas para acomodo de clases medias que presagiaban un espacio residencial de calidad. En su entorno se encontraba el Paseo de Cánovas, el Banco de España y todo el paisaje urbano que acompañó a una zona de Cáceres que acabaría por convertirse en su verdadera columna vertebral, tanto en el aspecto comercial como institucional. Bloques de viviendas en cuyos bajos se situaban diferentes locales comerciales conectados tanto con la Avenida de Hernán Cortés, como con la calle Doctor Fleming".

Otros locales comerciales, apuntaba Berrocal, se abrían directamente a la Plaza de Albatros, centro neurálgico de la nueva urbanización. Una plaza con fuente ornamental y arboles que proporcionaban sombra para mitigar las altas temperaturas del cálido verano cacereño. Todo ello en beneficio de la calidad de vida para los residentes en este moderno y nuevo barrio cacereño. Y es que la ciudad tendría que hacerle un monumento a Manolo Carabia, hijo de un notario de Bilbao que de un hoyo levantó este barrio e ideó Bols y La Colina situando al Cáceres de finales de los 60 en la cresta de la modernidad. Era entonces la nuestra una capital en la que no se podía bailar porque al obispo no le gustaba, así que Manolo creó Faunos, un club privado al que después supo darle elasticidad hasta convertirlo en un referente de la noche cacereña. Faunos era un lugar de decoración simple y velas de colores donde pinchaban discos Juan Narváez, duque de Valencia, o el fotógrafo Luis Casero.

Las chicas de La Laboral

Los jueves salían las chicas de la Laboral, había sesiones de tarde y noche. A Faunos llegaban gentes de Bilbao, Barcelona y Madrid y se oía la música de los topten de Estados Unidos e Inglaterra. Ahora, en las escaleras que dan acceso al que fue templo de la diversión acompaña el calvario en el que derivó este barrio: contaminación acústica y una excesiva concentración de locales de copas. De manera que vivir en esta parte de la ciudad se fue convirtiendo "en sinónimo de fines de semana salvajes". Qué buena definición de Jimérez Berrocal. 

Hoy en Albatros está el Lemon Club, que para muchas generaciones fue el Shakara y posterior Barroco de David Vivas, hostelero nacido en el barrio de Hispanoamérica. Se crió con sus abuelos, Goya, ama de casa, y Antonio, que era decorador de escayolas, tenía su taller en la carretera de Malpartida y en Cáceres todos lo conocían como Maestro Espiga. A los 15 años David se puso a trabajar recogiendo vasos en el Por Ejemplo porque su hermano, que se llama Curro, fue el dj de toda la vida de la Sala Por Ejemplo, aunque él empezó en Plató y también estuvo en Acuario. Curro fue el maestro de la música de los 80 y todas las discotecas de la ciudad se lo rifaban.

El Por Ejemplo, que entonces era el referente de las salas cacereñas, lo llevaban los hermanos Paco y Juan Luis Santos. A las 8 de la mañana, cuando salían de trabajar, David acudía con Pedro, el portero mítico del Por Ejemplo, a desayunar a Renfe, que era el punto de encuentro de los camareros de Cáceres. Después se iban de cañas a Coto y Taberna, que estaban en Santa Joaquina de Vedruna, muy cerca de Las Carmelitas, o a Recreativos Campeón, que había máquinas de marcianitos, billares y futbolín.

Un día Curro planteó montar un negocio familiar. Habló con Pepe Blanco, el de Muebles Santo Domingo, vamos, el padre de Pepa Blanco, que tenía un almacén en la plaza de Albatros. Lo alquilaron y lo convirtieron en Shakara. Curro formó un equipo con los camareros más punteros de La Madrila: José Ramajo, que ahora está en Vivaldi, Pepeíllo de La Lambretta, Pache, que lleva Habana, y Fran.

En aquella época era muy conocida la camarera Maribel Corrales, que trabajó en la piscina de La Cañada, en el Yoyó con Adrián Casado hijo, primero, y con Manuel Fragoso Medina, después, en Por Ejemplo, en La Cuerda con Inés, en El Cuarto Los Cabales con Juan Borrasca, y en La Cancha, con el señor Feliciano y con Marce, que la enseñó a bailar salsa.

Pero si por algo destacó Maribel fue por el Pub Maribel, que montó en 1985. El local fue antes el Ebano de Fernando Prado. Estaba al lado de las calderas de La Madrila y de la salida de emergencia de Faunos. Aquel sitio era muy alegre: ponía carreras de motos, de coches, vídeos musicales de Doors, los Dire Straits y ACDC... Maribel hizo famoso su grito de guerra: "Vayan bebiendo que nos vamos yendo, vayan acabando que nos vamos marchando y vayan pagando que vamos cerrando" .

Maribel fue la consejera, la maestra de David. Cuando Curro se fue a trabajar como auxiliar de clínica, David y Javi Pony Pisador convirtieron Shakara en La Vieja Trova primero y después en Barroco.Hoy, todo eso forma parte de una galería imborrable de recuerdos. Ahora, en Albatros, junto al Lemon está el local que ocupó Pani Pizt, una tienda dedicada a la venta de bocadillos y patatas fritas o el antiguo Latinos, que llevaron los hermanos Tercero.

Encima del viejo Latinos está Albatros, dedicada a la gestión empresarial; es una oficina que se ocupa de la asesoría fiscal, laboral, asesoría contable, correduría de seguros, abogados. A su lado, Gestores inmobiliarios Cáceres y Asefinex, que es una correduría de seguros. 

El centro de readaptación funcional

Sigue en pie Ivanhoe 3.0 y ha abierto el centro de readaptación funcional Mario Morcuende. El Top Venture. Velvet, que fue el antiguo Pub la Calle y Balbo, de consultoría y formación donde se ven alumnos que acuden a prepararse las oposiciones, justo en las escaleras que acceden a Hernán Cortés, donde está la discoteca Faunos y que indican que, aunque lentamente, Albatros está mudándose de piel. Incluso hay una empresa dedicada al marketing, la comunicación y la publicidad, que se llama Alotrolado Comunicación y el despacho de los abogados Prado Solano. Aún hay espacio para The Jungle, un underground club, La Traviesa, Vibra, otro local de copas que ahora mismo se traspasa, y el gimnasio Nuevo Zen.

Y, cómo no, la Sala Rita. Fue a finales de los 70 cuando Paco Núñez, conocido por todos como Paco Lobo, era uno de los líderes más representativos de la denominada Movida Cacereña. Fue La Grillera, un garito situado en la calle de la Audiencia, uno de los primeros gérmenes de esa Movida. Era un sitio donde se escuchaba a los Rollings, The Doors o The Beatles. Lo llevaba Carlos, que luego regentó un albergue en Hervás.

Poco después, al rebufo del grupo musical Coup de Soup, Paco Lobo funda junto a Marce Solís la Sala Rita. El Rita había sido previamente Angelo's, un local que regentaba Pedro Prado y que tenía alfombra roja. Casi en paralelo nació Radio Carolina, el que fue Bar La Calle, que se convirtió en uno de los templos del rock and roll americano y de la música de importación. El local estaba situado en La Madrila, muy cerca de Al'Andalus, que llevaba Borrasca, que hasta te preparaba un cocido y el personal flipaba. Era La Madrila del Por Ejemplo, que entonces regentaba Isidro Timón, o de El 92, en Doctor Fleming, que diseñó Diego Ariza, o de El Charifa (después El Submarino), que llevaba Santi. Espejo de aquella Madrila, de aquella plaza de Albatros, que en esta mañana del mes de marzo se mira, inevitablemente, desde los ojos de la nostalgia.

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