Conflicto en Irán
El precio de la gasolina se dispara en Cáceres por el conflicto en Irán y preocupa a los conductores
El encarecimiento de la gasolina, derivado de la tensión internacional en Irán, impacta directamente en la economía doméstica de los cacereños, que anticipan un aumento prolongado de los precios

Ciudadano echa gasolina en Cáceres. / Pablo Parra
El mundo entero se encuentra en vilo por la situación en Irán. El precio de los carburantes vuelve a escalar como consecuencia del conflicto y en Cáceres la preocupación se palpa a pie de surtidor. La tensión internacional derivada del conflicto en Irán ha reactivado la volatilidad en los mercados energéticos y el encarecimiento del barril de referencia en Europa, el Brent, comienza a trasladarse al bolsillo de los conductores cacereños.
Aunque España no depende directamente del crudo iraní, el petróleo es una materia prima que se fija en mercados globales. Cualquier amenaza sobre la producción o el transporte en el golfo Pérsico, especialmente en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz, incrementa la percepción de riesgo y eleva el precio del barril. Las refinerías pagan más por el crudo y, con el habitual desfase de días o semanas, ese aumento termina reflejándose en los postes luminosos de las estaciones de servicio.
Encarecimiento
En varias gasolineras de la capital cacereña, el malestar es evidente. Manuel, mientras termina de llenar el depósito de su vehículo, resume el sentir de muchos: “Está muy cara. Han subido los precios de todas las cosas menos de los sueldos", señala tirando de un poco de humor fruto ya de la desesperación. "Puede ser por la guerra o por intereses políticos, no sé. Solo sé que estoy pagando más de lo que estaba pagando hace poco".

Gasolinera de Gil Cordero, en Cáceres. / Pablo Parra
Sobre lo que puede pasar en el futuro, la incertidumbre es absoluta, pero aun así asegura que "espero que mejore”. Su percepción conecta con una sensación más amplia: la de que el coste de la vida avanza con más rapidez que los ingresos.
Pedro, mientras consulta el importe final en la pantalla del surtidor, se muestra más escéptico. “Está todo muy caro y no creo que vaya a mejorar". Un pesimismo -o realismo, según se mire- que luego parece recular cuando añade que "tendrá que hacerlo en algún momento, pero no sé”, afirma. Su comentario refleja una desconfianza creciente ante la posibilidad de que los precios vuelvan a niveles anteriores, incluso cuando la tensión internacional disminuye.
¿Empeorará?
Por su parte, Giselle, que utiliza el vehículo a diario, anticipa un impacto más prolongado. “Se va a notar, claro que sí", comenta mientras comienza el repostaje. Y, aunque asevera sobre la guerra y la geopolítica que "de estas cosas no sé mucho, soy ignorante en esos casos", sí tiene claro que "seguramente empeore más". "Normalmente cuando empeora no vuelve atrás, se adapta".
No es la primera vez que ocurre algo así. Lo mismo pasó cuando comenzó la guerra en Ucrania y el petróleo ruso y el gas aumentaron de precio. Fue en 2022 cuando el valor de la gasolina aumentó, estabilizándose medianamente estos años. "Alguna vez ha bajado pero lo ha hecho muy poco", afirma antes de concluir diciendo que "yo de esto no entiendo mucho, pero es lo que veo”. Su reflexión apunta a un fenómeno habitual en los mercados energéticos: las subidas suelen ser rápidas y visibles, mientras que las bajadas, cuando se producen, tienden a ser más graduales.
Imprescindible
El encarecimiento de la gasolina no solo afecta al conductor particular. En una provincia extensa como Cáceres, donde el uso del vehículo privado resulta casi imprescindible para desplazamientos laborales, sanitarios o educativos, cualquier variación en el precio del combustible tiene un efecto multiplicador. Transportistas, repartidores y pequeñas empresas ven cómo sus costes operativos aumentan, una presión que en muchos casos termina repercutiendo en el consumidor final.

Imagen de los precios de la gasolina. / Pablo Parra
En Cáceres ciudad, pese a haber autobuses como transporte público, el uso del coche es prácticamente obligatorio a la hora de desplazarse, por lo que el precio del combustible es realmente importante.
Los expertos recuerdan que el precio que se paga en el surtidor depende de varios factores: la cotización internacional del crudo, el coste del refinado, la distribución y una parte significativa correspondiente a impuestos. Sin embargo, cuando el barril sube por una crisis geopolítica, el margen de maniobra es reducido a corto plazo.

Repostaje en un coche. / Pablo Parra
De momento, la evolución del conflicto en Oriente Próximo seguirá marcando el pulso de los mercados energéticos. En Cáceres, mientras tanto, la incertidumbre se mide en euros por litro y en conversaciones improvisadas junto a la manguera del surtidor, donde la geopolítica se traduce en una cifra concreta que impacta directamente en la economía doméstica.
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