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Música

El autógrafo de Miguel Ríos en Cáceres que resume una vida

El rockero Miguel Ríos, que en 1982 triunfó en televisión con 'Rock and Ríos', continúa vigente y se reencuentra con sus seguidores en un concierto en Cáceres donde presenta 'El último vals'

Vídeo | El autógrafo de Miguel Ríos en Cáceres que resume una vida

Carlos Gil

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

La plaza de toros de Almería, para quienes no la conozcan, es probablemente uno de esos lugares con magia, no solo porque el Coso de Vilches, en la avenida del mismo nombre, haya visto torear a Manolete, Juan Belmonte, Curro Romero, José Tomás, Morante o a nuestros Talavante y Emilio de Justo, o porque fuera sala de cine al aire libre durante la guerra civil, o plató de rodaje cinematográfico, sino porque por su arena ha visto pasar a las más grandes estrellas de la música nacional e internacional.

Una de esas estrellas ha sido Miguel Ríos. Recuerdo, en este tiempo de pretránsito a la edad tardía, cuando en 1982 la primera cadena de Televisión Española emitió a la once menos diez de la noche el concierto que el granaino había ofrecido en el antiguo Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid estrenando su Rock and Ríos, su undécimo álbum. Aquel debut televisivo fue algo inusual en la tele de la época y catapultó aún más a la figura más representativa del rock español.

Esa gira madrileña llevó un año al cantante hasta la tierra de Almería y yo, un adolescente con restos de acné, viví mi primer concierto en directo. Miguel Ríos gustaba a toda mi generación aunque parte de ella no hubiera escuchado nunca rock and roll. Pero en masa acudíamos a las tiendas de discos a comprar la cinta de aquel doble álbum que hoy es considerado uno de los más icónicos de la historia. De hecho, se convirtió en un hito de la música popular española, vendió 450.000 copias y fue el preludio de su multitudinaria gira en plena Transición Española.

Cara a cara

Años después me he vuelto a encontrar con Miguel Ríos, pero ahora cara a cara, en una cita con fans que ha tenido lugar esta tarde en el Palacio de Congresos de Cáceres, poco antes del inicio del concierto de presentación de su disco 'El último vals'. Son las seis y media y una veintena de personas aguardamos a las puertas del recinto. Uno de los hombres de confianza del cantante nos recibe puntual y nos acompaña, escaleras abajo, hasta las puertas del escenario donde hora y media después el cantante pisará el ruedo cacereño.

Muy a menudo sigo escuchando a Miguel Ríos a todo pulmón. "Qué difícil se me hace mantenerme en este viaje sin saber a donde voy en realidad. Si es de ida o de vuelta, si el furgón es la primera, si volver es una forma de llegar". Y en ocasiones me pongo Santa Lucía: "Dame una cita, vamos al parque, entra en mi vida, sin anunciarte. Abre las puertas, cierra los ojos, vamos a vernos poquito a poco". Y me sigo sintiendo aquel joven rebelde que en la plaza de Almería coreaba las canciones abrazado a mi primo Pirri pensando, en nuestro primer concierto, que éramos los verdaderos hijos del rock and roll.

Miguel sale hoy sonriente, con su vaquero, su camiseta negra y su cazadora gris. Su pelo de caracolillos y su acentó de Graná, que lo mantiene y lo lleva por bandera como aquella noche de finales de verano en Almería. Saco entonces el cuaderno de mi diario y le pido que me firme un autógrafo: "A Miguel Ángel y Pirri, con cariño, Almería forever!!!! Miguel Ríos". El fotógrafo inmortaliza este momento tan personal, tan de raíz, que resume los últimos treinta y tantos años de mi vida. Y un temblor me recorre por dentro y me devuelve exactamente a aquel que fui.

Unos fans han venido de Cáceres, de Medellín, otros de Coria (donde el cantante actuará este verano), unos padres con su hija que acuden también de Granada, algunos que traen una revista, el promotor musical Carlos Ortiz, que tiene que ver todo en todo esto. Y él abraza, y abraza con esos abrazos que son de verdad y que sientes cerca de ti y que te guardas para siempre. Dice Víctor, su mánager, que Miguel es "una máquina diésel". Y Miguel insiste: "El rock and roll es grande".

1.200 personas aguardan su llegada en Cáceres. Miguel ha comido bien, está contento tras la prueba de sonido y sabe que lo importante de su trabajo es que quiere seguir siendo útil a la sociedad, gozar y emocionarse, principios todos ellos que deben ser el vademécum de cualquier profesión. Seguramente es por eso que nunca he dejado de sentir admiración por él.

El autógrafo.

El autógrafo. / El Periódico

Pasan los años y un poco de rockero sigue guardando media mitad de mi corazón: sincero, tratando de ser auténtico en mi forma de relacionarme con el mundo, que a veces me hace rebelde, aunque lo cierto es que el tiempo te obliga a ver la vida con perspectiva, porque nada es blanco ni negro, aunque el espíritu contestatario que le dio carta de naturaleza a la juventud de nuestro tiempo debe seguir latiendo.

Miguel se despide. Lo hace con otro abrazo. Y yo me veo en mi primer concierto, extasiado con el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven que con los arreglos musicales del argentino Waldo de los Ríos convirtió al otro Ríos, a nuestro Miguel Ríos, en emblema de mi tiempo: "Si en tu camino solo existe la tristeza y el llanto amargo de la soledad completa, ven, canta, sueña cantando, vive soñando el nuevo sol, en que los hombres volverán a ser hermanos". El Himno a la Alegría de vivir en este último vals. Desde Cáceres, Miguel Ríos: Almería, forever.

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