Entrevista | Alberto Vera Obispo de Nacala (Mozambique)
El obispo de Nacala en Cáceres alerta del yihadismo: "En septiembre de 2022 entraron en mi diócesis y asesinaron a una religiosa italiana de 83 años, María de Coppi"
Llegado a Cáceres para compartir su experiencia, cuenta a este diario los continuos ataques que sufren los cristianos en el país africano y el miedo que sufren

El Periódico Extremadura

Pregunta. Lleva 26 años en Nacala, en Mozambique. ¿Cómo fue su llegada?
Respuesta. Llegué el 12 de enero del año 2000 con la misión de fundar una comunidad religiosa mercedaria de hombres, porque ya había una comunidad de mujeres. Soy mercedario y desde entonces estoy trabajando allí. Primero fundamos una comunidad en la archidiócesis de Maputo y después otra en la diócesis de Xai-Xai. Estando allí me nombraron obispo auxiliar. Aquella diócesis tiene más de 70.000 kilómetros cuadrados, casi como Cataluña y Aragón juntas. Después, en 2018, me nombraron obispo titular de Nacala, que está más de dos mil kilómetros al norte de Maputo. Allí llevo ya siete años y en julio haré ocho como obispo.
P: Antes ya había servido en otros países...
R: En mi juventud estuve nueve años en Guatemala, entre 1985 y 1994. Mi misión era sobre todo formativa, en el seminario, y también en la pastoral vocacional. Cuando algún sacerdote se iba de vacaciones o había alguna necesidad, me tocaba suplirle en distintas parroquias o incluso en la pastoral de la prisión. Eso me permitió conocer buena parte de Centroamérica. Después regresé a España por un motivo familiar, y tiempo después fui destinado a Mozambique.
P: No sé si había tenido la oportunidad de visitar Cáceres previamente, ¿qué le está pareciendo?
R: Había estado una vez y me sorprendió mucho. Siempre tenía la imagen de Extremadura como si fuera el fin del mundo, pero descubrí que es un lugar muy bonito, muy acogedor y con mucha historia.

Alberto Vera Obispo de Nacala, Mozambique / El Periódico Extremadura
P: ¿Cómo fue el momento en el que asume el cargo de obispo? ¿Cómo era la diócesis?
R: La diócesis de Nacala tiene unos 26.000 kilómetros cuadrados y cerca de tres millones de habitantes. Es la más pequeña de todo Mozambique, pero aun así es enorme si se compara con Europa. En el norte del país hay una mayoría musulmana, porque el islam llegó a la costa hace unos 1.200 años con los pueblos pescadores. Los cristianos son minoría, alrededor del 12 o el 15 por ciento de la población.
P: ¿Se nota cierta evolución en la región donde usted reside desde entonces?
R: Mozambique no ha tenido el desarrollo que podría haber tenido porque la guerra nunca ha desaparecido del todo. Primero hubo la guerra contra el dominio portugués hasta la independencia en 1975. Después comenzó otra guerra civil entre el Frente de Liberación de Mozambique y la Resistencia Nacional Mozambicana, que duró 16 años. La paz se firmó en 1992, pero desde entonces ha habido episodios de violencia y tensiones políticas que han dificultado mucho el desarrollo del país.
R: Es una región muy azotada por el terrorismo yihadista
R: Sí. En 2017 comenzó otra guerra en el norte de Mozambique, en la provincia de Cabo Delgado. Son grupos vinculados al Estado Islámico que han provocado miles de desplazados. Oficialmente se habla de unos 6.000 muertos, aunque probablemente sean más. Han destruido aldeas, escuelas, centros de salud, mezquitas e iglesias. En septiembre de 2022 entraron también en mi diócesis. En una misión mataron a un cristiano por serlo, quemaron la iglesia y asesinaron a una religiosa italiana de 83 años que llevaba más de 40 años trabajando allí. Se llamaba María de Coppi.
P: ¿Nota miedo entre la población?
R: El miedo es muy grande. En algunas zonas se han desplazado decenas de miles de personas. En una de las últimas acciones que conocemos reunieron a los habitantes de una aldea y les preguntaron quién era musulmán y quién cristiano. Dos jóvenes dijeron que eran cristianos y los decapitaron delante del resto del pueblo. En aquel ataque murieron al menos 17 personas. Ese tipo de hechos deja un terror muy profundo en las comunidades".
P: ¿Ven una solución cerca?
R: Se presenta como una guerra religiosa, pero en realidad creo que es solo la punta del iceberg. En Cabo Delgado hay enormes riquezas en el subsuelo: grafito, rubíes, gas y otras materias primas. Hay intereses económicos muy grandes detrás. Por ejemplo, frente a la costa hay una de las mayores bolsas de gas del mundo, y hay proyectos internacionales para explotarla. Todo eso genera tensiones y conflictos.
P: ¿Toma medidas especiales de seguridad para defenderse?
R: No especialmente. Yo vivo en Nacala, que es una zona relativamente segura porque es un puerto comercial muy importante. Hay presencia militar y eso da cierta estabilidad. Cuando nos movemos por otras zonas sí actuamos con prudencia, porque nunca se sabe lo que puede pasar.
P: ¿Ha llegado a temer por su vida desde su llegada a Mozambique?
R: Por ahora no tengo miedo. Tengo prudencia. Sabemos que el peligro existe y que hay que estar atentos, pero intentamos seguir trabajando con normalidad. A veces digo que hacemos una pastoral del ratón y el gato: cuando aparece el gato, el ratón se esconde; cuando no está, seguimos trabajando.
P: ¿Hay gente que le haya planteado la posibilidad de abandonar la fe cristiana por ese miedo?
R: Lo que vemos es sobre todo mucho temor en las comunidades cristianas. La pregunta que se hacen es por qué ahora los atacan si durante tantos años ha habido una convivencia pacífica con los musulmanes. Ese miedo está presente, pero también hay mucha gente que sigue manteniendo su fe y su compromiso con la comunidad.
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