Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

De barrio a barrio

Tras más de 50 años en el oficio, el peluquero José María García Reveriego se jubila en Cáceres

El peluquero, que comenzó su andadura en Malpartida de Cáceres, ha dedicado su vida a las tijeras y el peine, adaptándose a los cambios del oficio y manteniendo el corte clásico como sello de identidad

Video | El peluquero cacereño José María se jubila

Jorge Valiente

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Cuando José María García Reveriego tenía 14 años apenas sabía qué camino tomar. Un peluquero de su pueblo, Juan Díaz Acedo, le propuso aprender el oficio y aquel gesto marcó su vida. Más de medio siglo después, este malpartideño afincado en Cáceres prepara su jubilación tras 32 años en su propio local y más de cinco décadas cortando el pelo a varias generaciones de cacereños. Nacido en Malpartida de Cáceres, Reveriego comenzó a trabajar en octubre de 1973, cuando los jóvenes salían de la escuela a los 14 años y el campo era el destino habitual de muchas familias. “Yo no elegí la peluquería”, rememora. “El peluquero del pueblo se fijó en mí y me dijo que si quería aprender con él”.

Juan Díaz Acedo, conocido en el pueblo como “el obispo”, tenía su barbería en la entonces calle José Antonio -hoy Barrio Nuevo- de Malpartida. Allí empezó Reveriego como aprendiz y allí permaneció siete años, aprendiendo un oficio al que se ha dedicado en cuerpo y alma. Tras ese periodo llegó el servicio militar. Lo realizó en Madrid, en la Unidad Regional de Automovilismo, en los antiguos cuarteles situados en la carretera de Extremadura. Y, como no podía ser de otra manera, también allí siguió cortando el pelo.

“Ser peluquero en la mili era un chollo”, explica entre risas. Los peluqueros, añade, recibían pequeñas propinas de los soldados y oficiales y estaban prácticamente liberados de otras tareas. “Allí, en cuanto decían peluquero, vamos, levantaba la mano la gente aún sin saber si eran peluqueros”. Terminó el servicio militar cuatro días después del 23 de febrero de 1981, en pleno clima político de la época tras el Golpe de Estado de Tejero, y poco después se instaló definitivamente en Cáceres, adonde su padre se había trasladado para trabajar como portero en la barriada del Perú.

La escuela de la peluquería de Pintores

Antes de asentarse definitivamente, Reveriego pasó brevemente por Badajoz, donde trabajó durante unos meses en la peluquería Pepe y Juan, cerca de la plaza de Santo Domingo, una de las peluquerías entonces más reconocidas de Badajoz. Pero el destino volvió a llevarlo a Cáceres. Una vacante en la conocida peluquería de Juanito Barra, situada al final de la calle Pintores, cambió su trayectoria. “Era una peluquería de muchísimo prestigio”, añade. Allí trabajó nueve años, rodeado de un ambiente profesional que le permitió consolidar su clientela.

En aquel local compartía espacio con otros tres peluqueros y un sillón reservado para el propio Juanito Barra. El establecimiento se convirtió en una referencia para muchos cacereños, con un flujo constante de clientes de distintos ámbitos de la ciudad.

Cuando decidió independizarse, a comienzos de los años noventa, se encontró con un problema: no había locales en Cáceres. “Era un boom”, recuerda. “Estaban las Olimpiadas del 92, había muchísimos estudiantes y encontrar un local era muy difícil y muy caro”.

Finalmente encontró un pequeño espacio en la plaza de los Maestros, en un rincón al que se accedía desde la avenida de España. “A la derecha según entras por Cánovas", cerca del Oliver y el Nuevo Mesón, aclara. "Al principio muchos clientes no lograban encontrar la peluquería porque estaba muy escondida y acababan saliendo hacia Gómez Becerra sin verla". Sin embargo, aquel pequeño local terminó funcionando muy bien. En aquellos años la plaza estaba llena de niños jugando, y mientras ellos pasaban la tarde en la calle, las madres aprovechaban para llevarlos a cortarse el pelo. Con el tiempo, aquellas mismas clientas empezaron a llevar también a los maridos.

Un local de 30 metros y tres décadas de trabajo

Después de cuatro años en la plaza de los Maestros, Reveriego seguía con la idea de tener un local propio. Encontrarlo tampoco fue fácil. La ciudad vivía un momento de expansión y locales adaptados a sus necesidades prácticamente no existían. La oportunidad apareció cuando se enteró de que en el lugar donde hoy está su peluquería, en García Plata de Osma, había un chalet antiguo que iba a ser derribado para levantar un bloque de viviendas.

El edificio lo construía Antonio Población, un constructor muy conocido en Cáceres por aquellos años. Reveriego decidió ir a hablar con él para preguntar si existía algún local pequeño en el nuevo bloque. El problema era que solo estaban previstos tres grandes, de unos 250 metros cuadrados cada uno, demasiado para una peluquería. Pero revisando los planos surgió una posibilidad inesperada.

Con la ayuda de Miguel Ángel, un empleado de la obra, Reveriego pudo ver los planos del edificio antes de que comenzara la construcción. Allí detectó un espacio irregular, una especie de rincón que quedaba separado del resto del local. “Era como una rinconcino”, explica con el acento cacereño del que tanto hace gala. Consultó si sería posible segregar ese trozo del local grande y convertirlo en un espacio independiente. Lo midieron y resultó que tenía unos 30 metros cuadrados, justo lo que él necesitaba.

Era 1992, aunque todavía tendría que esperar dos años a que terminara la obra del edificio. Finalmente abrió la peluquería en 1994, en el mismo lugar donde sigue trabajando hoy. “Y desde entonces aquí estoy”, resume. Más de tres décadas en el mismo local. “Llevo aquí 32 años”.

A lo largo de este tiempo han pasado por su sillón clientes de todo tipo: “Desde la persona más humilde hasta alcaldes, médicos, notarios o repartidores”. Ese contacto cotidiano es, para él, una de las claves del oficio. En su establecimiento solo trabajan él y el cliente. Esa intimidad, asegura, convierte la peluquería en un lugar de conversación. “Aquí la gente se desahoga. Te cuentan problemas, alegrías, cosas de la familia o del trabajo”. A veces, dice, el peluquero acaba ejerciendo también de psicólogo. “Esto es como un confesionario”.

A diferencia de las peluquerías modernas, su estilo se ha mantenido fiel a la tradición: tijera, peine y navaja. El corte clásico sigue siendo el más demandado por sus clientes habituales. “Yo me encuentro cómodo con mi trabajo de siempre. Mi cliente me pide el corte de pelo todo a tijera”, cuenta. Después repasa los detalles con la navaja, marcando patillas y el cuello “en disminución”, como se ha hecho tradicionalmente, pero si toca un degradado, como se lleva ahora, también lo hace.

El momento de cerrar una etapa

García Reveriego cumplirá 67 años en mayo y ha decidido que ha llegado el momento de jubilarse. Aunque podía haberse retirado antes, ha seguido trabajando dos años más porque se encontraba bien y disfrutaba del trato con sus clientes.

Ahora ha puesto el negocio en traspaso con la esperanza de que alguien continúe la peluquería. Si no aparece relevo, su intención es cerrar el local tras el verano. Su despedida llega con un mensaje claro para la ciudad. “Solo puedo dar las gracias a Cáceres y a mis clientes”, dice. “Siempre me han tratado fenomenal”.

A partir de ahora quiere dedicar más tiempo a su familia, a su mujer, a su nieta de poco más de un año, cuidar una pequeña parcela en Malpartida de Cáceres y, simplemente, disfrutar de una vida con menos horarios. “Después de tantos años abriendo de lunes a viernes y sin hora de cierre”, reconoce, “también toca vivir un poco”, concluye José María, un señor de la tijera y el peine en su oficio, pero también, un educado y discreto caballero de la cabeza a los pies.

Tracking Pixel Contents