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Barrio a barrio

Familias turroneras, carniceros y militares: así era la vida en la calle de La Berrocala de Cáceres

En la Berrocala, los vecinos compartían una vida de barrio donde los Villarroel tenían el único teléfono y los niños jugaban en la calle, mientras que los comercios ofrecían productos básicos.

Calle Berrocala.

Calle Berrocala. / Cedida

La Berrocala siempre ha sido siempre un barrio maravilloso en la que vivía la familia Villarroel y también los Galiche, que como eran turroneros cada vez que llegaba la feria aprovechaban las tardes para preparar aquellas delicias de inolvidable sabor que inundaban de primoroso olor cada uno de los rincones del barrio y que luego ofrecían a los clientes a lomos de su carrillo. Igualmente residían los Sánchez Cortés, que eran carniceros, como también lo eran los Borrasca, que vivían enfrente y que tenían puestos de carne y casquería en el mercado del Foro de los Balbos. Igualmente estaban en el barrio los Barroso, que el padre era militar, la señora Carmen, los Ambrosio, los Rebollo, los Estévez (que son secretarios de juzgado), los Bote (que Manolo trabajaba en Pitarch) o los Jimeno (que hacían rótulos y luminosos).

La de la Berrocala era, pues, una calle muy entretenida porque los Villarroel eran los únicos que tenían teléfono y aquella casa era un trasiego de vecinos que acudían allí cuando recibían alguna conferencia. Si llovía la diversión también estaba garantizada porque como la calle no estaba asfaltada se formaba mucho barro y era ideal para jugar al clavo. Estaba entonces la Berrocala plagada de niños que pasaban las tardes enteras entre el alza la malla y el bote, y cuando llegaba la hora de la merienda la casa de los Villarroel se ponía hasta arriba de muchachos.

Era muy feliz aquella vida en ese barrio de la iglesia de San José. Los pequeños veían levantar los enormes muros de la parroquia de don Severiano y los Villarroel siempre colaboraban cobrando la hoja parroquial. En la Berrocala estaba el comercio de la señora Clara, madre del torero Morenito de Cáceres, en el que había de todo: la cizalla para el bacalao, el aceite a granel, los sacos de garbanzos y lentejas... era un comercio pequeño, con sus estanterías y su mostradorcito, instalado en el zaguán de la casa. A la vuelta, en Santa Gertrudis, había otro comercio, el del señor Higinio , que era más grande y era ya como el Carrefour del barrio.

La fundadora

El barrio de la Berrocala debe su nombre a Teresa Berrocal, una mujer muy popular que nació en Ahigal en 1787. En Talaván contrajo nupcias con un arriero. Sin embargo, en este municipio ambos tuvieron un conflicto vecinal por el que acabaron en la cárcel por "injurias verbales". Al salir de la prisión, decidieron quedarse en la capital cacereña y montar una taberna. Con el tiempo comenzaron a hacerse fuertes económicamente hablando, ella con su establecimiento hostelero y él continuando con su labor de trajinero. Por ello, decidieron comprar ganado y vender carne en el Mercado de Abastos de Cáceres. Posteriormente, decidieron introducirse en el mundo inmobiliario con la construcción de casas bajas en la zona de la ermita de Santa Gertrudis.

Desde sus inicios la calle de La Berrocala se convierte en lugar de vecindad de familias humildes relacionadas con la actividad rural o el servicio doméstico, tal como retrata el cronista oficial de Cáceres, Fernando Jiménez Berrocal. En 1887, cuando la calle de la Berrocala "se encuentra plenamente trazada y ocupada, encontramos que en sus 61 viviendas habitan 200 vecinos de los que casi el 100% son población jornalera, a excepción de la lavandera Vicenta Cotrina, el hojalatero Eugenio Pino, el herrero Ángel Palacios o los zapateros Manuel Lozano, Fernando Macías y Celestino Holgado. Una calle que con el paso de los años se convierte en aledaña de las Casas Baratas, que poco a poco van a ir invadiendo el espacio baldío, en torno a la Peña Redonda, que bloqueaba el desarrollo urbano cacereño, debido a sus características topográficas", añade Berrocal en una de sus crónicas, buen conocedor y transmisor del saber popular que embrujó a La Berrocala.

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