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Incidencia del conflicto

Del surtidor al supermercado: crece la inquietud en Cáceres por los efectos de la guerra

El alza del combustible, el temor por la cesta de la compra y la incertidumbre en los viajes marcan la preocupación ciudadana ante la escalada internacional

Vídeo | Crece la inquietud en Cáceres por los efectos de la guerra

Jorge Valiente

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

La escalada del conflicto armado entre Estados Unidos e Israel con Irán se vive con preocupación desde miles de kilómetros de distancia. Pese a que la situación internacional se percibe como un escenario lejano, muchos ciudadanos observan la evolución de los acontecimientos conscientes de que este tipo de crisis suele tener consecuencias que terminan trasladándose a la economía cotidiana, ya sea a través del precio del combustible, del coste del transporte, de limitaciones en los desplazamientos o del encarecimiento de productos básicos.

En las gasolineras de la capital cacereña hay un gesto que estos días se repite con frecuencia: conductores que miran el contador del surtidor con inquietud mientras el coste de llenar el depósito continúa al alza, en paralelo al repunte del barril de Brent. "Parece que unos pocos céntimos no son nada, pero cuando llenas el depósito varias veces a la semana se nota bastante", asegura José Miguel Miranda, repartidor de una empresa de paquetería.

En una ciudad como Cáceres, donde muchos trabajadores se desplazan cada día desde barrios periféricos o municipios cercanos, quienes dependen del vehículo siguen con atención las variaciones en el precio del combustible, en un contexto marcado por el impacto de las tensiones en Oriente Medio sobre el crudo y los mercados energéticos. "Quienes usamos el coche a diario lo estamos viviendo con intranquilidad, y lo peor es que no sabemos hasta dónde puede llegar", comenta Mercedes Lugo, conductora habitual.

Un ciudadano repostando mientras observa el marcador en una gasolinera de Cáceres.

Un ciudadano repostando mientras observa el marcador en una gasolinera de Cáceres. / Jorge Valiente

La compra, bajo lupa

La preocupación no se limita únicamente al coste de repostar, sino también al efecto en cadena que la guerra pueda tener sobre otros ámbitos de la vida cotidiana. A la salida de un supermercado del centro, algunos clientes reconocen que observan los precios con cierta inquietud ante la posibilidad de que el conflicto termine reflejándose también en la cesta de la compra.

Pese a que todavía no se perciben cambios significativos en los precios para el consumidor final, hay quienes creen que el impacto se irá haciendo visible con el paso de las semanas. "Llevamos pocos días, pero quizás dentro de un mes o dos se note más porque las guerras nunca son cortas. Tenemos el ejemplo reciente de Ucrania", apunta la cacereña Aurea Rebollo. Más que una realidad inmediata, lo que predomina es el "temor a lo que pueda venir", una sensación de incertidumbre que, según explica, se ha vuelto habitual en los últimos años.

Por su parte, Dolores Morales lamenta que siempre sean los ciudadanos quienes acaban "pagando las consecuencias en sus bolsillos" de decisiones que escapan a su control. "Ojalá se termine pronto. Sobre todo por la gente que está sufriendo sin tener culpa de nada», subraya. Aun así, apuesta por mantener la prudencia y esperar a ver cómo evolucionan los acontecimientos antes de alarmarse. "Vamos a ver qué pasa. Tampoco es cuestión de poner el grito en el cielo y empezar a almacenar cosas como ocurrió en la pandemia", añade.

Cautela entre viajeros

En el sector turístico también se sigue de cerca el desarrollo del conflicto. Desde la agencia Viajes Monfragüe explican que la campaña de Semana Santa, una de las más importantes del año, se ha frenado en cierta medida ante la incertidumbre internacional. "La cosa está un poco parada y hay muchas personas que aún no se han decidido a cerrar sus viajes", señala Pilar Jaén, una de las propietarias de la empresa, que advierte de que el incremento de precios ya empieza a dejarse notar, sobre todo de cara a unas fechas en las que se multiplican los desplazamientos por carretera.

El incremento, explica, responde a una cadena de costes que termina repercutiendo en toda la actividad. "Si aumenta el transporte, también lo hacen las mercancías. Y lo mismo ocurre con los hoteles, que también han encarecido sus precios. Esto es la pescadilla que se muerde la cola". En su caso, algunos importes se mantienen porque cerró acuerdos con antelación, aunque advierte de que esa contención podría no durar. "Si a mí me suben, yo también tengo que hacerlo", admite.

A su juicio, no solo pesa el encarecimiento, sino también la sensación de inseguridad que genera el escenario actual. "La gente está expectante, pendiente de cómo evoluciona todo y con algo de miedo", resume. Además, subraya que la percepción que los viajeros reciben a través de la televisión y de las redes sociales influye de forma decisiva en sus decisiones, "aunque la realidad a veces sea otra". Esa imagen, asegura, termina perjudicando en ocasiones a lugares que no están afectados de forma directa, pero que el cliente asocia rápidamente a una zona de inestabilidad.

Destinos en pausa

En cuanto a los destinos más sensibles, la responsable de Viajes Monfragüe indica que la agencia se guía por las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores para evaluar la situación en cada territorio y reconoce que algunos viajes previstos a países de Oriente Medio y el norte de África, como Egipto, Túnez o los Emiratos Árabes Unidos, han quedado paralizados. "Teníamos intención de sacar un grupo este año para esa zona y nos hemos frenado en seco", señala Pilar Jaén.

Esa mezcla de expectación y temor se traslada incluso a lugares cercanos. "Hay clientes que tienen claro que no van a salir de España en Semana Santa. Tenemos viajes para el Algarve portugués, aquí al lado, y dicen que no porque tienen miedo". De cara al verano, añade, todavía es pronto para saber cuál será el alcance real del impacto, aunque reconoce que si el conflicto se alarga en el tiempo puede condicionar las reservas anticipadas.

Por el momento, entre la ciudadanía, así como en gasolineras, supermercados o agencias de viajes, predomina una sensación de incertidumbre y cautela, mientras se sigue la evolución de los acontecimientos con la esperanza de que no termine traduciéndose en un nuevo golpe al bolsillo.

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