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Obituario

Muere a los 107 años tío Castor, el ilustre vecino de Roturas de Cabañas (Cáceres): un amante de la caza, la pesca y la vida de campo

Se casó con Patricia Cerezo y tuvo tres hijos. El pueblo, agradecido, le reconoce que "hoy mucha gente nos sabe situar gracias a ti"

Tío Castor, en el año 2024, frente al mural que le dedicaron en su casa.

Tío Castor, en el año 2024, frente al mural que le dedicaron en su casa. / E. P.

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Ha muerto tío Castor, uno de los vecinos más ilustres de la comarca de Las Villuercas y el más querido en Roturas de Cabañas, su pueblo. Amante de la caza, la pesca y la vida de campo, siempre tenía un sinfín de historias que contar, con esa vitalidad que le ha caracterizado hasta sus últimos días. Era el segundo varón más longevo de Extremadura y el sexto de España.

Lucio Fernández acababa de cumplir 107 años y, tras sufrir un problema de salud en la residencia de Navezuelas (donde vivía desde hace poco más de un año), su estado se ha ido deteriorando hasta que esta pasada madrugada ha fallecido. Nació el 15 de febrero del año 1919, sobrevivió a la Guerra Civil (en la que le tocó participar), pasó más de 70 años de amor junto a su también difunta esposa, Patricia Cerezo (tía Áurea, como era conocida), y formó una familia con tres hijos: Chencha, José y Florencia, aunque esta última murió a los 57 años a causa de un cáncer de mama.

Tío Castor, junto al mural que Roturas de Cabañas le regaló por sus 100 años.

Tío Castor, junto al mural que Roturas de Cabañas le regaló por sus 100 años. / Ángel García Collado

Tio Castor nació en su localidad, lejos de hospitales, como era habitual en aquella época. No pudo ir a la escuela y rápidamente se fue al campo con sus padres a cuidar de los animales. Su mayoría de edad le llegó un año después del estallido de la Guerra Civil y tuvo que ir al frente. Regresó y se casó con una mujer que adoraba y con la que compartió más de siete décadas de amor. Ella le acompañaba en muchas de sus aficiones, incluso era habitual verles con más de 90 años juntos de montería. Sus tres hijos les hicieron abuelos hasta en cinco ocasiones, y tío Castor tenía ya hasta ocho biznietos.

Tuvo también un breve paso por Santander y Francia. Tomó la decisión de emigrar lejos de su tierra, pero se dio cuenta de que eso no era lo suyo, que a él le apasionaba su pueblo, ese sitio que siempre llevó por bandera en pleno corazón de la serranía de Las Villuercas. A su regreso, abrió un bar en lo que ha sido su casa hasta sus últimos años de vida y le cedieron la explotación del estanco.

Pese a ese estado de salud que ha empeorado, Castor ha podido hacer labores que muchas personas de menor edad ni se plantean hasta hace apenas unas semanas: con más de cien años seguía subiendo andando a la sierra para participar en una montería, acudía prácticamente a diario a pescar al río (la charca que a él más le gustaba estaba a varios kilómetros del pueblo), salía a pasear a diario y seguía elaborando un vino de pitarra que todavía acompañaba a todas sus comidas.

Desde que cumplió el siglo de edad, se había convertido en un referente en toda la comarca. En su localidad celebraron por todo lo alto ese día allá por el año 2019 y, como regalo, le pintaron un mural con su cara en la fachada lateral de su casa que va a perdurar para la eternidad de un pueblo que siempre le ha adorado. Como bien ha señalado el alcalde, Jesús Fernández, en su despedida en redes sociales: "Hoy mucha gente sabe situar a Roturas en el mapa gracias a ti. Gracias por todas tus lecciones". El funeral se va a celebrar a las cuatro de la tarde de este jueves en la parroquia de San Bernardino de Siena.

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