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Historia

De la Feria a la decadencia: así es el Pabellón de Cáceres y su Torre de Bujaco en la madrileña Casa de Campo

La Casa de Campo alberga la réplica de la Torre de Bujaco, un edificio que formó parte de un recinto ferial con pabellones de diversas regiones españolas, hoy en declive

Video | Así es el Pabellón de Cáceres y su Torre de Bujaco en la madrileña Casa de Campo

P. P.

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Cáceres

Quienes paseen por uno de los bordes de la Casa de Campo de Madrid podrán encontrarse con nada más y nada menos que la Torre de Bujaco. O al menos una réplica. No es una campaña de turismo del Ayuntamiento de Cáceres, que bien podría serlo, sino una réplica que lleva ahí 50 años.

Se trata del Pabellón de Cáceres, situado en el Recinto Ferial del emblemático parque madrileño. Un edificio que, aunque en la actualidad se encuentra abandonado, en su día albergó un restaurante para banquetes y celebraciones.

La Torre de Bujaco no es el único monumento cacereño que se representa, pues para entrar al recinto hay que pasar por debajo del Arco de la Estrella, que se encuentra a su lado.

El edificio encuentra su origen en 1953, cuando fue construido para pertenecer a la Cámara Oficial Sindical Agraria de Cáceres. Por entonces, su aspecto era bastante distinto al actual. En 1956 sufrió algunas modificaciones y ya en la década de los años setenta fue cuando se añadieron los dos monumentos de la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Pabellón de Cáceres en 1953.

Pabellón de Cáceres en 1953. / Casa de Campo

El edificio, de 1.400 metros cuadrados, cuenta con dos plantas (de hecho, en el balcón de la torre se puede observar una ventana), aunque en la mayoría de su superficie es solo una. El interior corresponde a un esquema alrededor de un patio interior inspirado en la arquitectura rural de la provincia de Cáceres, con materiales como la piedra y la teja árabe o varios pórticos de arcos. Su autor, tanto del modelo actual como del original, fue el arquitecto cacereño Fernando Hurtado Collar.

Más monumentos

La torre de Bujaco y el arco de la Estrella no son los únicos monumentos españoles cuyas réplicas se pueden ver en el lugar. Para entender el contexto hay que remontarse a la década de los 20, cuando el rey Alfonso XIII cedió parte de los terrenos del real sitio de la Casa de Campo a la asociación de ganaderos del reino. Allí, el arquitecto Juan Moya diseñó un primer modelo de la feria que inauguraría el rey en 1922. Comenzaría así la Feria de la Asociación de Ganaderos del Reino, contando con varios pabellones e instalaciones.

Con la II República pasó a ser un terreno público y no un real sitio, aunque con Franco se regresó a las convenciones. Es así como en 1950 se inaugura la I Feria Nacional del Campo, que pasaría a ser internacional solo tres años después, con el fin de la autarquía franquista.

Galería | Así es el Pabellón de Cáceres de la Casa de Campo de Madrid

Pabellón de Cáceres actualmente. / Pablo Parra

Entonces, se construyen los pabellones regionales, muchos de ellos base de lo que se puede ver hoy en día. La Casa de Burgos reproduce un castillo medieval, mientras que de Toledo se puede ver representada la Puerta de Bisagra, justo en frente del pabellón ‘cacereño’ (y este abierto en la actualidad como el restaurante La Pesquera).

A unos metros se divisan los restos de lo que fue el pabellón de Aragón, con una fiel réplica de la Puerta del Carmen zaragozana y una lonja de Alcañiz que en la actualidad se encuentra lleno de grafitis. El pabellón de Pontevedra, obra de Alejandro de la Sota, replica un pazo gallego, mientras que el de Madrid posee murales sobre San Isidro. Cataluña estuvo representada con cuatro pabellones, uno para cada provincia, denominándose en su conjunto como la Masía Catalana.

Cuando se fundó la Feria Nacional del Campo, muchas provincias decidieron reutilizar los pabellones originales para sus Cámaras Oficiales Sindicales Agrarias. No lo hicieron las extremeñas, que prefirieron mostrar sus riquezas arquitectónicas abordando una construcción original. En efecto, Badajoz también tenía su pabellón, el conocido como ‘Cortijo de Badajoz’. Este no se conserva en la actualidad, solo el brocal de un pozo de granito que se trajo exprofeso desde Quintana de la Serena para decorar el patio del edificio.

Decadencia

Entre 1950 y 1975, gracias a las ferias, llegaron a juntarse hasta 115 pabellones dedicados a provincias, ministerios y países. Y es que más allá del uso ferial, el recinto se convirtió en un auténtico laboratorio de arquitectura moderna al aire libre, con grandes firmas patrias como Francisco de Asís Cabrero o Miguel Fisac.

El comienzo del declive llegó en 1975, tras la última feria. Sin un plan claro, y trasladándose las celebraciones feriales al IFEMA, muchos de estos edificios acabaron quedando abandonados. Y aunque algunos sí se readaptaron y lograron encontrar otro uso, la mayoría sucumbieron al vandalismo, los robos, las ocupaciones o, incluso, algún incendio como el que destrozó el pabellón de Guipúzcoa en 2018. De hecho, en imágenes más antiguas del pabellón de Cáceres se puede ver a una virgen que hace de la Virgen de la Estrella original que hoy en día ya no existe.

En su día se trató de crear un paseo gastronómico, pero muy pocos restaurantes sobrevivieron a la crisis y tuvieron que cerrar. Hoy se encuentra como un lugar, en parte, mal aprovechado. Alguna idea retoma reformar estos edificios y convertirlos en lugares que reivindiquen la cultura de cada una de estas regiones.

Interior en ruinas del Pabellón de Cáceres.

Interior en ruinas del Pabellón de Cáceres. / PSOE

Además, precisamente la Casa de Campo se encuentra bastante ligada a Extremadura, pues fue la puerta de entrada de miles de emigrantes que llegaron a la capital en busca de una nueva vida. Junto a él se encontraba el Camino Real a Lisboa que pasaba por Badajoz, luego Paseo de Extremadura y, actualmente, la autovía A-5.

Con una superficie cinco veces mayor a Central Park, Casa de Campo alberga un lago, un parque de atracciones, un teleférico, un zoológico, y, sí, la cacereña Torre de Bujaco.

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