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Descifrando la realidad

Domingo Barbolla, sociólogo de Cáceres: "Eso de echar carburante y los números"

El precio del gasoil, fundamental para la movilidad en la sociedad actual, centra las conversaciones cotidianas y se relaciona con la ley de la energía de Leslie White

Gasolineras y precio de los combustibles.

Gasolineras y precio de los combustibles. / José Luis Roca

Domingo Barbolla Camarero

Domingo Barbolla Camarero

Cáceres

Salgo de mi casa y al primer conocido que me encuentro me habla -cómo no- del precio del carburante que él y yo echamos a nuestro coche. El gasoil es la piedra angular de cualquier conversación sin mediar antes ni unos buenos días; imperiosa cotidianidad la nuestra vinculada a esa cosa que en origen fuera negro: el gasoil y su refinada gasolina. Seguidamente nos asalta la maldición de la guerra que rompe nuestra normalidad y el acusado presidente que comenzó la misma.

En la disciplina en la que me envuelvo, la Antropología, disponemos de una ley que nos permite entender de esta primera conversación cotidiana. La ley de la energía de Leslie White nos dice que una sociedad se desarrolla en función de la energía disponible, es decir, la complejidad de la misma está en función de la energía con la que contemos. Debe entenderse también que entra en juego la tecnología disponible para permitir extraer esa energía que nos permite generar la complejidad de cualquier sociedad. Con este autor podemos entender el porqué de la conversación primera que menciono. Si bien es cierto que hay otras formas de energía (nuclear, renovables, gas, carbón…), el petróleo es fundamental para la movilidad necesaria en nuestras sociedades, de no ser por él la forma de vivir sería de otra manera y seguramente el número de personas que habitamos el planeta bastante menor. Por tanto es una pieza angular y el control de la misma genera situaciones como la que estamos viviendo: guerras legitimadas o no por altísimos valores morales que no son más que la traducción literaria de nuestra querida ley de la energía mencionada.

Disculpen la simpleza del análisis, si prefieren elévense a las alturas para hablar de lo que consideren y renieguen de la cruda realidad, pero sin energía –hoy la del petróleo– no podríamos ni tan siquiera conversar. Algún día encontraremos alguna otra más asequible a todos por la que no tengamos que pelear.

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