Nuestro pasado
Angelita Álamo y Carmen Marín debutaron en la plaza de toros de Cáceres en 1934, abriendo camino a las mujeres toreras
Aunque sus carreras fueron breves, dejaron huella al abrir camino a las mujeres en un mundo dominado por hombres

Ángelita Álamo junto al cartel taurino. / El Periódico

El 5 de agosto de 1934, la plaza de toros de Cáceres acogió un festejo singular en el que debutaron las llamadas "señoritas toreras" Angelita Álamo y Carmen Marín, dos jóvenes que formaban parte de un fenómeno emergente en la España de los años treinta: la presencia femenina en los ruedos, todavía minoritaria y rodeada de controversia.
Ambas toreras no eran figuras improvisadas, sino que ya contaban con cierta trayectoria en festejos modestos. Angelita Álamo, cuyo nombre real era Angelita Velasco Alonso, había nacido en Madrid en 1910, en el seno de una familia acomodada. Antes de dedicarse al toreo, incluso había preparado oposiciones para aduanas, lo que refleja un perfil poco habitual dentro del mundo taurino. Su carrera se desarrolló principalmente durante la década de 1930, con actuaciones en plazas pequeñas, destacando especialmente en el año 1935.
Una trayectoria marcada por la vocación y las barreras de género
Por su parte, Carmen Marín Durán era natural del barrio de la Trinidad, en Málaga, y procedía de una familia humilde de cortijeros asentados en Álora. Llegó a iniciar estudios de Magisterio, pero abandonó esa vía para dedicarse al toreo, trasladándose a Madrid. Allí compartió vida y proyecto profesional con Angelita Álamo, con quien llegó a formar pareja artística, residiendo ambas en la capital. Su presencia conjunta en los carteles no era casual. En aquellos años previos a la Guerra Civil, surgieron varias cuadrillas femeninas y parejas de toreras que intentaban abrirse paso en un mundo dominado por hombres. Sin embargo, su recorrido fue generalmente breve, condicionado por las dificultades sociales, legales y culturales que limitaban el acceso de la mujer a la tauromaquia profesional.
El impulso a una pareja destacada
La actuación de Angelita Álamo y Carmen Marín en Cáceres se enmarca precisamente en ese contexto. Ambas ya habían toreado juntas en distintos festejos durante ese mismo verano de 1934, consolidándose como una de las parejas más visibles de toreras de su tiempo. Además, su presencia en la plaza cacereña no fue un hecho aislado, ese mismo año está registrado como el momento en que estas dos toreras actuaron en la ciudad, siendo consideradas entre las primeras mujeres que pisaron ese ruedo.
Más allá del ruedo: el inicio de un cambio
A pesar del interés que despertaron, mezcla de curiosidad, admiración y escepticismo, ni Angelita Álamo ni Carmen Marín lograron consolidar carreras largas o de gran relevancia, algo común entre las toreras de su generación. Aun así, su paso por plazas como la de Cáceres quedó como testimonio de una etapa en la que las mujeres comenzaron a desafiar las normas establecidas dentro de la tauromaquia española.
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