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Infraestructuras

La autovía Cáceres-Badajoz se enfrenta a retos en la Sierra de San Pedro y trabaja en las variantes de los pueblos

El diputado socialista César Ramos confirma que avanzan los trámites administrativos para licitar la segunda fase de la autovía, entre Badajoz y Bótoa

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Los avances en la autovía que va a conectar Cáceres con Badajoz no son únicamente los que se pueden ver en el primer tramo de obras (desde la rotonda de Aldea Moret hasta el río Ayuela). La parte invisible, la del papeleo, sigue su curso y avanzan con todos los trámites administrativos. Así lo confirma César Ramos, diputado cacereño socialista en el Congreso que está muy pendiente de todos los asuntos de infraestructuras que afectan a la región. Por un lado, cuenta que los trabajos en esa primera fase van a buen ritmo. Y por otro, señala que el siguiente hito va a ser licitar la segunda parte del trayecto: desde Badajoz hasta Bótoa. «No va a tardar mucho tiempo, pronto finalizarán los trámites», asegura.

Sin embargo, la mayor parte de los problemas se están centrando en los tramos intermedios, los más cercanos a la Sierra de San Pedro. La compleja orografía del terreno hace más complicado el diseño de la vía en un espacio que, además, es Zona de Especial Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA). Pero los trabajos continúan y, actualmente, los medios técnicos están pensando en las variantes de los pueblos por los que va a pasar (por ejemplo, La Roca de la Sierra o Puebla de Obando).

Pueblos preocupados

En estos pueblos, la noticia se recibe con cierta preocupación. El mapa del tráfico se va a desviar por una nueva vía y dejará de pasar por sus calles, algo que provocará que los clientes que hoy mantienen vivos los bares de carretera, hostales, gasolineras, talleres y comercios locales puedan cambiar su trayectoria. La actual N-523 representa más que una vía de conexión entre las dos capitales provinciales, es el eje que vertebra decenas de empresas que dependen del tránsito diario y soporta entre 5.000 y 10.000 vehículos.

La autovía, que está construyendo el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible del Gobierno de España después de que se firmase un protocolo para que fuera el Ejecutivo central (y no el regional, como estaba planteado en un inicio) quien se encargase de su construcción. Por el momento, ha comenzado por los bordes y se desconoce cuándo será la fecha en la que las dos capitales de provincia de la región estén conectadas de forma definitiva. Tampoco se saben las fases en las que se va a dividir el trazado (se ha llegado a especular que serían hasta ocho, pero no está confirmado).

Defensa

César Ramos no duda en defender la actuación que viene generando el Gobierno de España desde que Pedro Sánchez está en el cargo:«Ningún presidente había invertido tanto en nuestra región», recordando este proyecto, el puente de Cabezuela del Valle, la variante de Malpartida de Cáceres o las obras de humanización en el municipio de Trujillo. «Hay que recordar que las partidas presupuestarias para infraestructuras viarias son de 2.000 millones de euros cada año, y el 70% se gasta en mantenimiento. Es muy poca la cuantía que se puede destinar a nuevas infraestructuras. Además, no recibimos fondos europeos, algo que sí ocurre con el AVE. Si se construyen infraestructuras ferroviarias, se endeuda Adif, pero lo recupera con dinero de la Unión Europea y distintos canones a empresas», señala.

Esta obra se plantea como fundamental para la región. Además, va a ser el trayecto más corto entre Madrid y Lisboa, superando el trazado existente a través de la A-5 por la ciudad de Mérida. En la actualidad, la forma más rápida de llegar de Trujillo a Badajoz es ese recorrido. La gran alternativa llegará cuando finalice la construcción de la A-58. El tramo entre la capital cacereña y Trujillo asciende a 52 kilómetros. Y entre Cáceres y Badajoz habrá, aproximadamente, 85. A esto, hay que añadir el trazado de la Ronda Sureste desde la Comandancia de la Guardia Civil hasta la zona de La Cañada. Sumando todos los kilómetros totales, la distancia entre Trujillo y Cáceres asciende hasta los 140 kilómetros, diez menos que el otro trazado. Esto implica ser también el nexo más rápido entre las dos capitales de la Península Ibérica, a la espera de que se construya la ansiada infraestructura a Portugal por Monfortinho.

Historia de la carretera

El trazado fue incluido hace varias décadas en los planes de modernización viaria de la Junta de Extremadura, incluso se llegó a redactar el estudio informativo de la autovía autonómica Ex-A4 de Cáceres a Badajoz. Fue aprobado definitivamente en 2007, logró evaluación ambiental positiva en 2009 y se aprobó el estudio informativo. Después, llegó la firma del convenio para que el Ministerio (entonces de Fomento) asumiese su financiación y gestión. En octubre de 2013 se aprobaron provisionalmente distintos tramos del trazado. Y ya en 2019 se acordó el cambio de titularidad de la Ex-100, pasando a denominarse N-523. Así, se integró en la Red de Carreteras del Estado y en la futura A-58 (Trujillo-Cáceres-Badajoz).

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