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Blog del cronista

La Casa de los Pizarro y la Iglesia: dos joyas que revelan la historia de este pueblo de Cáceres

A quince minutos de Trujillo, Santa Ana ofrece una escapada con historia, gastronomía y rutas etnográficas, como la de los pozos, testigos de la vida social de antaño

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Francesc Gómez Núñez

Francesc Gómez Núñez

Cáceres

En nuestro recorrido por los pueblos de la provincia cacereña y a tan solo 15 minutos de la monumental Trujillo se encuentra Santa Ana, un pequeño pueblo cacereño que demuestra que las mejores esencias se guardan en frascos pequeños y si estás buscando un destino para tu próxima escapada que combine historia con mayúsculas, una gastronomía de esas que te obligan a desabrocharte el botón del pantalón y rutas que parecen sacadas de un libro de cuentos, deja de buscar, este es el lugar

Antiguamente conocida como la "Aldea del Pastor", esta localidad es mucho más que un remanso de paz en la penillanura extremeña; es un viaje vivo al pasado de los conquistadores y a la cultura más auténtica de la dehesa.

Un paseo por la historia: tras la huella de los Pizarro

Santa Ana no es un pueblo cualquiera. Sus calles guardan un vínculo directo con las grandes gestas de América. Al pasear por su casco urbano, te toparás con la Casa de los Pizarro (o Casa de las Pizarras), un edificio señorial del siglo XVI que perteneció a los descendientes de la familia del conquistador Francisco Pizarro. Fíjate bien en su fachada de mampostería: los escudos de armas tallados en piedra siguen allí, recordándonos que desde este rincón de Cáceres se ayudó a escribir la historia del Nuevo Mundo.

Presidiendo el pueblo, la Iglesia Parroquial de Santa Ana es de visita obligada. No te dejes engañar por su sobriedad exterior; dentro te espera un retablo barroco del siglo XVIII que es una auténtica joya de la piedad popular.

¿Qué visitar en Santa Ana? Mucho más que monumentos

Si algo hace única a esta villa es cómo ha sabido convertir su vida cotidiana en patrimonio. Aquí te he preparado cinco paradas imprescindibles:

La Ruta de los Pozos: olvídate del Google Maps y déjate llevar por esta ruta etnográfica. Santa Ana cuenta con una red de pozos antiguos (como el Pozo La Fuente o el Pozo Pozuelo) que eran el centro de la vida social. Algunos conservan las pilas donde las mujeres hacían la colada, un testimonio precioso de la arquitectura del agua en Extremadura.

El Aula Etnográfica: ¿Recuerdas los pizarrines y los pupitres de madera? Este museo es un viaje de nostalgia pura. Con más de 10.000 piezas, es uno de los centros más completos para entender cómo era la escuela y los oficios rurales hace décadas. Desde una barbería antigua hasta una multicopista mercantil, es el lugar perfecto para ir con niños y abuelos .

La Barrera del Brujo: para los amantes del senderismo, subir a este hito geográfico ofrece una de las mejores panorámicas de la penillanura trujillana y la Sierra de Montánchez. Es el sitio ideal para ver el vuelo de las cigüeñas y milanos al atardecer.

El Molino: a la orilla del Río Gibranzos, en la Dehesa Boyal, utilizado antiguamente para moler grano

El puente de piedra: situado en la dehesa boyal, a las orillas del río Gibranzos. Con dos arcos de cuatro varas y otros dos más pequeños.

El Carnaval de la 'Vaca Santanina': tradición en estado puro

Si visitas el pueblo en febrero, prepárate para algo diferente. El Martes de Carnaval se celebra la fiesta de la Vaca Santanina (o Vaca Lela). Los jóvenes recorren las calles con un armazón de madera y una calavera real de vaca, asustando y divirtiendo a los vecinos en un rito que mezcla la sátira con la tradición milenaria.

Y si te va más la marcha social, no te pierdas el "Tizne", donde el juego consiste en mancharse la cara con corcho quemado. ¡Nadie se libra de salir pintado!. En verano, las fiestas patronales (25 al 27 de julio) llenan la plaza de bailes y de la curiosa "puja de brazos" de la Santa, una subasta popular cargada de emoción.

Gastronomía: el paraíso del cochinillo y la patatera

Llegamos al punto fuerte. Santa Ana es famosa en toda la provincia por su cochinillo asado. Olvídate de Segovia por un momento; el cochinillo de aquí, hecho en horno antiguo para conseguir esa piel crujiente y carne jugosa, es legendario. El Bar Cañas es la parada técnica obligatoria para comprobarlo (eso sí, ¡reserva antes!).

Pero la cosa no acaba ahí. Como buena tierra de matanza, aquí la reina es la patatera. Este embutido típico, mezcla de cerdo y puré de patata con Pimentón de la Vera, es un manjar que debes probar untado en pan. Si te queda hueco para el postre, busca las roscas de piñonate o las perrunillas, el broche de oro para una jornada gastronómica insuperable.

Guía práctica: cómo llegar y dónde dormir

Desde estas líneas felicito a los santaniegos/as por su hermoso pueblo, Santa Ana es el destino ideal para una escapada de un día o un fin de semana tranquilo. ¿Cómo llegar? Desde Trujillo, apenas tardarás 15 minutos por la EX-381, pasando por La Cumbre y Ruanes. ¿Dónde dormir? Si quieres vivir la experiencia rural completa, puedes alojarte en casas con encanto en los pueblos vecinos como Ibahernando o La Cumbre, que ofrecen paz absoluta y vistas a la dehesa.

Santa Ana es el ejemplo perfecto de que no hace falta ser una gran ciudad para tener un alma inmensa. Entre sus pozos, su historia de hidalgos y el olor a asado que sale de sus cocinas, este pueblo te robará el corazón. ¿Cuándo vienes a descubrirlo?

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