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En el recuerdo

18 años sin el padre Pacífico, Pachi, el cura que marcó a generaciones en Cáceres

El franciscano Pachi, fallecido en 2008, fue un hombre de Dios en la calle que recorrió Europa con sus alumnos, dejando un legado de humildad y cercanía en Cáceres

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

A Pacífico Martínez Ugidos los niños del San Antonio le llamaron Pachi y así le siguen recordando muchos de sus antiguos compañeros del seminario. Era 1994 y me costó algunos días concertar aquella entrevista porque cuando llamaba al colegio donde trabajaba desde los años sesenta, no había manera de pillarlo. Luego, cuando lo conocí más a fondo, me di cuenta de que estaba hablando con un hombre diferente. La gente en Cáceres adoraba al padre Pacífico, los chavales se acercaban a él, los mayores lo paraban por la calle y muy pocas veces se le veía una mala cara. Pachi tenía el corazón tan grande como los niños y su misma sonrisa, amplia y sin maldad. Hablando con él se me fueron las horas.

Fue tímido. Nació en Laguna de Negrillos (León) el 10 de marzo de 1933 en el seno de una familia humilde y de labradores. La infancia la recordaba como una aventura de niñez. No hubo nido que se le resistiera ni árbol que no venciera. A diferencia de sus padres, Pachi salió poco rezador. Jamás borró del pensamiento la imagen de su padre, de quien recibió un ejemplo excepcional. En el lecho de muerte reunió a todos los hijos, se asumió el sacerdocio que nunca tuvo y les dijo: "Tomad y comed, este es mi cuerpo".

Durante su infancia fue poco dado a las cosas de Dios pero un día, en el campo, vio pasar de lejos a un religioso. "Me voy con ese señor", le dijo a su madre. Desde aquel momento, inició una larga carrera, dedicada por entero a Dios y a la enseñanza. Ingresó en la Orden Franciscana. Cuando se marchó del pueblo, una muchacha coja y nada agraciada le dijo: "¿Tú fraile? ¡Cuando yo me case!". Ella se casó y Pachi se hizo sacerdote.

Para el padre Pacífico, Cáceres era "un pueblo con un potencial muy grande, tiene unas gentes con un aguante a prueba de bomba". La ciudad le abrió sus puertas tal por los años sesenta y jamás se las ha cerrado. Cientos de hombres y mujeres se sienten apegados a su figura y le siguen recordando. Es como un cacereño más

Comenzó en el colegio seráfico de misiones que hay en Fuente del Maestre (Badajoz). Tenía 13 años. Le cambiaron el nombre y desde entonces nadie le llama Francisco. Mientras hablaba, pausadamente y pensando lo que decía, aseguraba que en todo lo que le sucedía parecía estar viendo la mano de Dios. "Como siempre fui muy guerrero pensaría: 'Vamos a ponerle un brida a este hombre'", y pusieron Pacífico.

Parte de la entrevista la hicimos en el patio del niños del San Antonio. No fue difícil reunir a un grupo de ellos para la sesión fotográfica. A pesar del griterío y del "choca esos cinco" que le propinaban los pequeños, el padre Pacífico no perdía la sonrisa: "Cuando me río es porque dentro estoy pensando cosas buenas", decía, mientras los niños le lanzaban un: "Pachi, ponte guapo para las fotos".

CONFESIONES DE 1994

-¿Alguna vez se pone el diablo de nuestra parte?

-Siempre.

-¿Hay algo más amargo que una boda por lo civil?

-El emparejamiento por lo libre.

-¿Qué es un ángel?

-Aquel que va cargado de las mejores noticias.

-¿Y una monja?

-La esposa de Cristo.

-"La letra con sangre entra"

-Un dicho nada afortunado de la pedagogía antigua.

-¿Qué es una chuleta?

-El hambre arrastrada por el mal estudiante.

-¿Y una paletilla?

-Buscar una matrícula de honor.

-¿Cuándo se viste de gala?

-Todos los días.

-¿Qué pasaría si no hubiera Dios?

-Pisotearíamos a todo dios.

-¿Y si no hubiera coches?

-La humanidad sería más feliz.

-¿A qué hora se levanta?

-A las siete de la mañana.

-¿También en el infierno llueve sobre mojado?

-Imposible, hay demasiado fuego.

-¿Le hubiese gustado darle clase a Montserrat Caballé?

-No, seríamos el chiste por aquello de la gorda y el flaco.

Los años del seminario sirvieron para que se aclarase su infancia. "Los recuerdo como un dejarse arrastrar demasiado por el afán de la santidad, para mí yo creo no bien entendida en aquel momento. De ahí que Dios tuvo que tener mucha paciencia conmigo, no me dejó de la mano y usó otros medios para hacerme crecer y madurar: tropezar con muchas cosas y tener que superarlas".

En aquellos años había muchos jóvenes en el seminario. Si salían a la calle lo hacían por una puerta trasera, por aquello de que no se podía distraer el espíritu. La educación, estricta y exagerada, llevada a cabo con muy buena intención por sus superiores, no era bien aceptada por aquel niño acostumbrado a correr por los campos leoneses.

El padre Pacífico en Espartinas, Sevilla, donde murió en el Convento Nuestra Señora de Loreto.

El padre Pacífico en Espartinas, Sevilla, donde murió en el Convento Nuestra Señora de Loreto. / Francis Villegas

Pasó el tiempo, estuvo en un convento sevillano donde hizo el noviciado y hasta que no fue ordenado sacerdote no volvió a Cáceres para contraer años en tierra franciscana con la patria chica. La primera noche que pasó en León llegaron la cama con la puerta abierta, de rodillas y apoyado en la cama, se quedó dormido. A la mañana siguiente, su madre entró en la habitación y al verle en aquella postura "pensó que era un santo y que había estado rezando toda la noche".

Un revolucionario

Desde su época de estudiante, el padre Pacífico ya fue un revolucionario. Rompió muchas puertas, muchos esquemas y siempre se ha sentido libre y querido. A buen seguro que su llegada a Cáceres, ciudad en la que transcurrió la mayor parte de su vida, fue una de las mejores cosas que le sucedieron jamás. Su destino al colegio "San Antonio" marcó el comienzo de una nueva y deslumbrante trayectoria.

Pachi impartió clase a muchas generaciones de jóvenes de la ciudad y fue el director espiritual de la mayoría de ellas. Con los niños recorrió Europa y difundió el mensaje de Cristo por donde quiera que fue. Por aquello de "genio y figura hasta la sepultura" y por más actividades con la juventud, "algún día se armó la marimorena. Más de una vez fui llamado al orden por las autoridades eclesiásticas y civiles. Pero les convencía rápidamente que lo que yo estaba haciendo no me salía de lo normal". Entre sus alumnos, el conocido director cinematográfico, Pedro Almodóvar. Lo definía como un estudiante normal, con posibilidades intelectuales e inclinación a las artes dramáticas. "Es un buen director, un tanto atrevido en la elección de los temas para sus obras". Desde que salió del colegio "San Antonio", confesaba, le perdió la pista.

Su llegada a Cáceres revolucionó a los jóvenes de la época. Con los niños recorrió muchos países de Europa. Estuvo en campamentos, convivencias... Pachi fue sido el director espiritual de muchas generaciones de jóvenes de esta ciudad. Más de una vez, las autoridades civiles y eclesiásticas le han llamado al orden

El padre Pacífico murió murio el 25 de agosto de 2008 (va a hacer 18 años) en el convento de Nuestra Señora de Loreto de Espartina (Sevilla), donde pasó su última etapa. Cuando falleció, tras no superar una grave enfermedad, tenía 75 años. La cripta del monasterio acoge desde entones los restos mortales de este sacerdote franciscano, exprofesor del colegio San Antonio de Padua, precursor de la obra campamental de Descargamaría y director espiritual de cientos de cacereños. La iglesia sevillana se quedó pequeña durante la misa funeral que presidió el entonces cardenal y arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, a la que se sumaron más de una veintena de sacerdotes de todas las fraternidades de la provincia franciscana, además de numerosos amigos y familiares de Pachi, incluyendo a representantes de este diario, que cubrieron la noticia desplazados a Sevilla.

El parque con su nombre

Este hombre, que pensaba que la Naturaleza era el mejor libro escrito por el mejor autor y que en Cabezarrubia tiene un parque que lleva su nombre y fue nombrado Hijo Adoptivo de Cáceres, ha marcado un hito en la historia de esta ciudad señorial, blasfemada y noble. Lamentaba, eso si, que a veces la sociedad se olvide de Dios y aseguraba que "sin él no es fácil llegar a buen puerto". Sabía que Satanás está en todos sitios y que hay que vencerle. Por eso, cuando tuvieron lugar los famosos altercados en la plaza de Albatros, en octubre del 91, y un periodista le preguntó si Lucifer estaba en La Madrila, él respondió que sí, como en todas partes.

Unido en auténtica comunión al pueblo cacereño, decía que le gustaría ser recordado como un hombre de Dios en la calle. Aseguraba que merecía la pena haberse gastado, haber vivido en cada día dos días. Con la mirada aguada por los años, seguía manteniendo la misma humildad: "Aprendí más que enseñe".

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