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Barrio a barrio

El puente de San Francisco de Cáceres: un punto estratégico que impulsó el desarrollo industrial

El puente de San Francisco, con orígenes en el siglo XVI, fue clave para conectar la ciudad cacereña y testigo del desarrollo industrial, albergando hasta 30 industrias en su entorno

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Hablar del puente de San Francisco es hablar, en primer persona, de la historia de Cáceres. Sus orígenes hay que buscarlos en el siglo XVI. La pasarela se construyó a instancias de los franciscanos y a ellos debe precisamente su nombre. Cuando en 1472 los monjes empiezan a construir su convento --actualmente complejo cultural de la diputación-- pronto se dan cuenta de las dificultades que entrañaba atravesar los arroyos para cruzar a la otra parte de la ciudad. Proponen entonces la ejecución de un puente que vendría a solventar sus problemas y que sería el inicio de una leyenda que ha acompañado a la barriada durante los últimos cuatro siglos.

Aquel primer puente, ya bautizado como el de San Francisco, se mantendría hasta el siglo XIX. Su construcción, como bien retrata Teodoro Fondón Ramos en su página 'Arqueología y gestión turística', se remonta a finales del siglo XVIII. Fue construido por Narciso Hurtado Luceño hacia 1799, tanto el puente como la calzada. La zona fue usada como lavadero por los cacereños durante muchos años, y los pilares aledaños anteriores al puente fueron utilizados como abrevaderos, fuente, lugar de refrigerio y juego de niños. De ahí que se le conociese también como puente de los Pilares de San Francisco.

Fondón transcribe en la misma página que "tradicionalmente ha tenido un solo ojo, pero en 1974 fue reconstruido y se le sumó un segundo que continúa en la actualidad. El último alcalde cacereño antes de la democracia, Alfonso Díaz de Bustamante, intentó incluso traer a Cáceres otro puente, el trujillano del río Magasca, para sustituir al actual por ser más alto, pero al final los habitantes de la localidad cacereña se opusieron".

El autor, realiza una interesante descripción de la pasarela hasta diciembre de 2005: "puente de dos ojos centrales en la actualidad, compuesto por muros laterales de mampostería variada, predominando la cuarcita y el granito, y algunas veces ladrillo macizo, quedando vistos en su mayoría al haberse eliminado la capa de recubrimiento de revoco de falsa cantería anteriormente existente. Vial superior pavimentado con empedrado tradicional y delimitado por pretiles rematados con losa de granito con forma de lomo y desaguaderos en todo el largo. Los ojos centrales tienen forma de arco o bóveda rebajado con pilastra central. Aparecen restos de la conducción de agua a los caños del pilar que antes se encontraba en su falda. Igualmente más arriba se abre en el muro exterior del puente un arco de granito de medio punto, en el interior bóveda de cañón de sillería granítica y por debajo pasa una calzada de losa de granito y empedrado tradicional que se utiliza en la actualidad como conducto de aguas sucias, pero que inicialmente era el aliviadero que recogía las aguas procedentes del Rodeo y de alguna otra canalización. Tiene farolas de dos brazos imitando el estilo isabelino sobre los pretiles".

El estudioso se remonta luego al año 2005 cuando el Ayuntamiento de Cáceres llevó a cabo un proyecto de reordenación de la zona, que incluía el derribo del puente, la creación de una rotonda y como monumento central de la misma la reconstrucción del puente original de un solo ojo. "Hoy en día el puente ha quedado reducido a sus dos ojos centrales, perdiendo su función primordial: poder pasar desde la ronda de San Francisco a la confluencia de las tres calles (Fuentenueva, Damas y San Idelfonso) de acceso a la ciudad monumental de manera más suave salvando las aguas recogidas en la Plaza de San Francisco procedentes de varios arroyos, y constituyendo el principal acceso por el sur a la ciudad antigua, pasando a tener una misión puramente decorativa y testimonial".

La importancia

Sí es cierto que la pasarela tuvo en su momento una gran importancia. El puente estaba situado en un auténtico punto estratégico del desarrollo industrial cacereño de la época. Hasta 30 industrias se asentaban a su alrededor, todas relacionadas con molinos de aceite, pienso, tenerías, lavaderos de lana... Su cercanía a la zona de la ribera le confirió también una gran influencia, puesto que fue un lugar de paso habitual hacia las numerosas fuentes que había en el sureste de la capital y que servían de abastecimiento a los cacereños: Fuente Nueva, Fuente Fría, Fuente Rocha, Fuente Concejo y, algo más arriba, el Marco.

Y así es. La historia del puente de San Francisco es también una historia de vida como la del señor Francisco Rodríguez, que vivía en la calle Carrera y a cuya casa acudían cada Feria de Mayo los turroneros de Castuera, los talabarteros de Torrejoncillo y hasta Pinito del Oro y todo su equipo de inolvidables acróbatas y trapecistas que de tanto colorido llenaban el circo, siempre presente en la feria. En procesión llegaban todos ellos a la hora de la siesta a echar una cabezadita en casa del señor Francisco porque entonces las siestas de mayo eran de aúpa del calor que hacía en Cáceres.

Era feliz aquella vida de barrio, donde residían la señora Aquilina, la señora Marta, la señora María, la señora Santa, Mari la de Fausto, la tía María, que era la de la esquina... En primavera, anochecido, las mujeres iban con un burro a Fuente Fría a recoger el agua y allí se contaban los chascarrillos. De regreso, se sentaban en el puente de San Francisco, y se tiraban hasta las tantas, mientras los niños, enfrascados en sus juegos, corrían sin parar de un lado a otro: subían por Fuente Nueva y volvían por la calle Damas, y así una y otra vez.

En el barrio estaba el bar del tío Chato y el chalet de los Pedrilla, que tenían un zonche al que los muchachos acudían a bañarse en verano. Los Pedrilla tenían una casa que era como un palacio por dentro, allí vivía don Antonio Martín Pedrilla Lancastre-Laboreiro, que era cónsul de Portugal en España, casado con María Josefa Gómez Díez. Ese chalet lo visitaba con frecuencia doña Mercedes Calles Martín Pedrilla, prima hermana de Antonio Pedrilla. En casa tenían unos porteros maravillosos que habían venido de Portugal. Eran los Pedrilla gente muy buena y muy caritativa, que siempre hacían donativos en Nochebuena y ayudaban en lo que podían a los más necesitados.

En San Francisco se notaba la humedad en el verano por la cercanía de la Ribera. Los vecinos marchaban entonces a ver al señor Manuel, que tenía tomates y repollos en su huerta. En la esquina del Rodeo los Fragoso pelaban las cebollas y hacían riquísimas morcillas, Carmen la Borrega vivía con sus hijas y tenía habitaciones disponibles para la gente que no tenía sitio donde dormir, y ninguna casa cerraba sus puertas siempre abiertas de par en par.

En San Francisco estaba la imprenta Jomarín, que luego pusieron la chatarrería Feijoó, y por allí también vivía el comandante Macías, casado con doña Sagrario, que tenían muchos hijos y que a una de ellas llamaban la terremoto porque nació el día en que hubo un seísmo en Cáceres. A la vuelta de la calle Carrera estaban las casas del cabo Grande, que estaba casado con la señoraRosario, de ahí que esa calle se llame calle del Rosario. Los Grande tenían una hija que parecía una princesa de lo guapa que era, se casó muy bien y se fue a vivir a Barcelona.

En el barrio vivía igualmente la señora Araceli, que su marido, el señor Julio, tenía Transportes Julio y siempre estaba para arriba y para abajo, y hablaban muy fino así que debían ser de Madrid o por ahí. San Francisco era famoso por la fábrica de harina de don Antolín, que estaba en la calle San Ignacio. En esa misma zona residía el doctor Manuel Montero, casado con doña Pepita, que era una mujer muy entrañable.

Ahora en el barrio está Pinturas Kampos, dedicados a los barnices, los spray, el papel y la madera. En la rotonda, el café bar San Francisco y muy cerca el rastrillo de Remar. La calle Fuente Nueva, la calle Damas, la de San Ildefonso, conforman este barrio, de los más castizos de Cáceres con una plaza ahora en obras que avanza hacia Camino Llano y que se está alargando demasiado en el tiempo. Mientras tanto, queda la memoria urbana de los que fue uno de los orígenes más primitivos de nuestra ciudad.

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