Barrio a barrio
Colchonerías Conejero y Macías, Joyería Mayoral y Helga de Alvear en la calle alta de Cáceres
En la calle cacereña, donde se ubicó El Periódico Extremadura durante décadas, conviven negocios históricos como la Joyería Mayoral con establecimientos más recientes como Q Bueno, dedicado a comidas caseras

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Conocido en Cáceres como el Camino Llano Alto y a las puertas de su remodelación por parte de un proyecto del ayuntamiento, este diario recorre esta mañana el tramo que conecta la calle Colón con la plaza Marrón y que es puerta de salida al casco histórico, el Ensanche y la ciudad monumental. Negocios tradicionales, nuevos servicos, hostelería, también locales cerrados y un señero hueco para el arte contemporáneo dibujan el mapa de una de las áreas más tradicionales de la capital.
Fue esta calle la que albergó, en la esquina con Sierpes, la sede oficial de El Periódico Extremadura, inaugurada en 1987. Este cambio de ubicación marcó una etapa clave para el diario, consolidándose en esa zona durante décadas tras abandonar su sede anterior en la zona de La Madrila y fue un punto de referencia informativo y urbano en Cáceres durante más de 30 años. El diario trasladó su sede en el año 1998 a las actuales instalaciones de la calle Doctor Marañón, en el céntrico Paseo de Cánovas.
La sede –a cuya entrada se encuentra una reproducción de la estatua de Leoncia, última voceadora del Extemadura-- distribuye en una misma planta todas las secciones y departamentos: publicidad, administración, sistemas, distribución, redacción. Además, se atiende a los lectores y anunciantes de forma más directa. El diseño fue obra del arquitecto Ángel González quien convirtió sus 1.000 metros cuadrados en un muy buen y luminoso espacio de trabajo. Ahora, el local lo ocupa Deportes Serigrafía Ruiz, mientras que enfrente continúa en activo la peluquería canina y felina Perrunillas, con presencia en redes sociales, tanto en facebook como en Instagram.
En esta misma zona se localizan espacios con distintos usos, como el centro parroquial San Martín de Porres, vinculado a la parroquia de San Mateo, y la tienda Expert, especializada en colchonería y electrodomésticos. Donde estuvo La Giraldilla se sucedieron varios negocios hasta el cierre del último, La Vida Misma, reflejo de la rotación comercial que también afecta a esta calle.
Comida para llevar
Entre los establecimientos en activo destaca Q Bueno, dedicado a comidas caseras con menús diarios por 7,50 euros. Su oferta incluye cremas, legumbres, arroces, carnes o pescados, además de especialidades como croquetas, orientadas a quienes buscan soluciones rápidas o viven solos.
En el ámbito del descanso, la calle concentra varios negocios como la colchonería Conejero, que ofrece productos como toppers viscoelásticos para mejorar el confort del colchón, y qe fue fundada por Juan Conejero Núñez en el año 1967. Es una empresa familiar con raíces cacereñas, que desde hace décadas se dedica a brindar el mejor descanso a sus clientes y cuyo legado se basa en la experiencia, la calidad y la atención personalizada. Al lado, la colchonería Macías, que Toñi Galán, junto a su hermano fundó en 1982, una empresa familiar que lleva más de cuatro décadas ayudando a los cacereños a encontrar el descanso perfecto.
También se ubica el espacio Papirola, actualmente en manos de una inmobiliaria tras haber estado dedicado a actividades infantiles y formativas, así como el servicio Aztide, empresa que desde 2012 ayudan a personas con discapacidad física, intelectual, sensorial, mediante diferentes técnicas o terapias ( terapias con animales, terapia ocupacional, tratamientos psicológicos, tratamientos fisioterapeuticos...).
El Camino Llano Alto conserva negocios históricos como la menajería Paquetería Flores, la Joyería Mayoral o el Hostal Alkáceres, referentes tradicionales de la zona. Sin embargo, también hay signos de cambio: varios locales permanecen vacíos y otros han cerrado, como el antiguo establecimiento de la cadena Día o Aceites La Extremeña.
En el número 28 se sitúa el herbolario Hierbabuena, donde Julián Pulido ofrece terapias naturales como acupuntura, quiromasaje o naturopatía. En el entorno se observan también mensajes sociales visibles en escaparates, como carteles contra proyectos mineros.
Restauración, alojamientos y servicios jurídicos
La calle mantiene una oferta variada en restauración, con locales como el restaurante L'Avenir o la tapería Tía Tula, situada a la altura del número 4. En ese mismo edificio ejerce el abogado Miguel Ángel García Cantos, especializado en derecho civil, penal, administrativo y de familia.
En el tramo final, cerca de la Plaza de Marrón, destacan los apartamentos turísticos Alkáceres, que registran alta ocupación en periodos como la Semana Santa, reflejando el tirón turístico de la ciudad. Además, en esta zona se concentran despachos profesionales como los de Andrés López Rincón y María Teresa Guerra Fernández, junto a NEBN Jurídico, así como espacios culturales como la Galería Kermel.
El recorrido concluye en la Plaza de Marrón, donde se sitúa el Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas. Y a su lado, el gran referente de la calle: el Museo Helga de Alvear. Helga de Alvear (1936-2025), principal impulsora del Museo que lleva su nombre, nació en la ciudad de Kirn/Nahe (Renania-Palatinado) en Alemania. Solía contar que, siendo niña, le gustaba coleccionar piedras duras que encontraba en el Río Nahe, provenientes de un yacimiento cercano a su casa y que, posiblemente, las formas, texturas y colores de esa primera colección de objetos naturales allanaran el camino hacia su posterior fascinación por el arte abstracto.
La biografía
Tras la Segunda Guerra Mundial, que acaba cuando ella tiene 9 años, Helga de Alvear estudia en el colegio de Salem en el lago de Constanza, así como en Lausana y Ginebra, Suiza. Posteriormente amplía estudios en Londres durante un año. En 1957, con 21 años, viaja a España con el objetivo de aprender el idioma. Siendo estudiante de Cultura Hispánica en la Complutense, el 27 de mayo de 1958, conoce al arquitecto Jaime de Alvear, con el que contrae matrimonio justo un año después, en la misma fecha de 1959 y con el que tiene tres hijas: María, Patricia y Ana.
Junto con su familia Helga visita con frecuencia el Museo del Prado, donde queda prendada de obras como La Anunciación de Fra Angelico o la última etapa de Goya, artista del que adquiriría una primera edición de Los Caprichos décadas más tarde.
El origen de la Colección Helga de Alvear se remonta a 1967, momento en el que Helga de Alvear conoce a Juana Mordó, entra en contacto con los artistas del grupo entorno a Cuenca y El Paso y se va interesando cada vez más por la escena artística española. Su primera adquisición fue una pintura de Fernando Zóbel pagada a plazos, y desde entonces, Helga sigue adquiriendo obras.
En enero de 1980, entra a trabajar en la galería Juana Mordó: son años de aprendizaje, tanto en cuestiones de gestión como en un mayor conocimiento del mundo artístico internacional, especialmente a través de ferias como Art Basel, la Fiac en Paris o la Feria de Colonia. En 1982, Helga de Alvear se convierte en una de las galeristas que apuestan por innovar en la escena española con la creación de la feria ARCO.
Con el paso del tiempo, la implicación de Helga de Alvear en la galería de Juana Mordó se hace cada vez más importante hasta que, con la muerte de Juana en 1984, toma las riendas. Durante los siguientes 10 años seguirá las enseñanzas y el modelo, tanto artístico como de gestión, de su mentora. Sin embargo, en 1995 decide dar un giro a su carrera abriendo una nueva galería bajo su propio nombre en un espacio de más de 900 metros cuadrados junto al Museo Reina Sofía. En este nuevo proyecto apuesta por el arte contemporáneo más internacional con un especial interés por la fotografía, el vídeo y la instalación que en el momento son casi desconocidas en España.
La de Helga de Alvear fue una de las galerías más sólidas y de mayor trayectoria del panorama español con un innegable reconocimiento internacional y su Colección es considerada como una de las más relevantes de Europa. Muchas de las obras de la Colección han ocupado las salas de los museos de todo el mundo gracias a los préstamos que la galerista y coleccionista facilita con frecuencia, pero el deseo de compartir su pasión por el arte contemporáneo con el mayor número de personas posible y de forma permanente le llevó a dar un paso más allá. Era necesario crear una institución sin ánimo de lucro, con vocación pública, participativa y transparente: la Colección necesitaba un museo del siglo XXI.
Cáceres se convirtió en el lugar idóneo para hacer su sueño realidad. En el año 2006 se constituyó la Fundación Helga de Alvear, en el año 2010 se inauguró el Centro de Artes Visuales y en el 2021 se inauguró el Museo Helga de Alvear, una institución que tiene la vocación de recordarnos que el arte es un motor imprescindible para seguir mirando hacia el futuro y cuya misión es poner en valor la generosidad y el legado de Helga de Alvear, reconociendo el carácter transformador del arte, tejiendo comunidad de relaciones a nivel local, nacional e internacional y expandiendo su pasión por el arte contemporáneo en la sociedad actual y generaciones futuras.
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