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Vías rápidas para que el norte de Cáceres deje de pedir permiso al futuro
Mejorar las carreteras no es un lujo ni una promesa secundaria: es una condición básica para fijar población, acercar servicios y dar oportunidades reales al territorio

El Periódico Extremadura

Hay reivindicaciones que no deberían despacharse como una petición más. La propuesta de impulsar nuevas vías rápidas en el norte de Cáceres merece ser tomada en serio porque afecta a una de las claves del presente y del futuro de esta tierra: la conexión. Hablar de carreteras, en este caso, no es hablar solo de asfalto. Es hablar de acceso a servicios, de actividad económica y de lucha contra la despoblación.
Durante años, muchas comarcas del norte extremeño han convivido con una sensación demasiado conocida: la de estar relativamente cerca de todo sobre el mapa, pero lejos en la práctica. Lejos del hospital, de trámites administrativos, de oportunidades laborales o de conexiones más competitivas. Esa distancia no siempre se mide en kilómetros, sino en tiempo, seguridad y facilidad para moverse. Y ahí es donde una red viaria mejor puede marcar la diferencia.
La propuesta del Movimiento Social por el Norte de Extremadura acierta al plantear las infraestructuras como una herramienta de cohesión territorial. Mejorar ejes como la EX-203, la EX-208 o la conexión hacia Pozuelo de Zarzón no responde a una lógica de obra grandilocuente, sino a una necesidad concreta: articular mejor el territorio y permitir que vivir en un pueblo no suponga partir con desventaja.
Porque la despoblación no se combate solo con discursos. Se combate creando condiciones para quedarse. Y una de esas condiciones es que una persona pueda residir en su municipio y llegar con rapidez y seguridad a su ciudad de referencia, a su centro sanitario o a su puesto de trabajo. Sin eso, cualquier estrategia demográfica queda coja.
Además, conviene subrayar que cuando se habla de vías rápidas no se está hablando necesariamente de proyectos desmesurados. Se habla de mejorar trazados, ampliar arcenes, incorporar carriles lentos y reforzar la seguridad en corredores que ya soportan tráfico y cumplen una función esencial. Es decir, se habla de modernizar con sentido común.
También resulta lógica la petición sobre la CC-227 entre Plasencia y Malpartida de Plasencia. Hay carreteras que, por intensidad de uso y por el vínculo entre municipios, hace tiempo que piden una actuación clara. Ignorarlo sería seguir dejando que la realidad vaya por delante de la planificación.
El norte de Extremadura no necesita promesas simbólicas. Necesita decisiones útiles. Si se quiere combatir de verdad la despoblación y reforzar el peso económico de estas comarcas, hay que entender que la movilidad no es un asunto menor. Es una pieza central.
Defender estas vías rápidas no es pedir privilegios. Es reclamar igualdad territorial. Y esa igualdad empieza, muchas veces, en una carretera.
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