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Historias

Un informático de Lima que echó raíces en Cáceres: la historia de Andrés y su sueño empresarial

El testimonio de Andrés refleja cómo la ciudad de Cáceres, con su ritmo sosegado, le brindó una oportunidad laboral y una red de apoyo, permitiéndole sentirse integrado

Andrés Sánchez.

Andrés Sánchez. / E. P.

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Andrés Sánchez Alba llegó hace ocho años desde Lima a Cáceres. Tenía 29 años, formación en informática y experiencia como auxiliar administrativo, pero también una certeza: en Extremadura ya había una parte de su familia esperándole. Hoy trabaja en una multitienda, ha echado raíces en la ciudad y mira al futuro con una aspiración clara: crecer hasta convertirse algún día en distribuidor de productos para pequeños comercios de toda la región.

Cáceres, para él, ha sido "un cambio de ritmo". Dejó atrás la intensidad de una gran capital latinoamericana para instalarse en una ciudad que define con dos palabras: "segura y tranquila". En esa comparación entre Lima y Cáceres se resume buena parte de su historia personal. Allí quedaban sus padres, la ciudad inmensa, el movimiento constante y una vida ya encarrilada. Aquí encontró una oportunidad laboral junto a sus tíos, que llevan más de dos décadas en España, y también una forma distinta de vivir.

Andrés no llegó acompañado. Dio el paso solo, aunque no del todo a ciegas. Su red familiar ya estaba asentada en España: además de sus tíos, también tiene un hermano y varios primos en el país. Ese apoyo fue decisivo para tomar una decisión que, como tantas migraciones, mezclaba necesidad, confianza y deseo de cambio. "Me vine por ellos", resume. Su tía había puesto entonces en marcha la tienda y necesitaba a alguien que pudiera echar una mano también en cuestiones informáticas. Él encajaba en ese perfil.

Una ciudad más pequeña, una vida más serena

En su relato no hay idealización, pero sí una convicción serena de haber acertado. Andrés habla de Cáceres como un lugar donde se trabaja con calma y donde la vida cotidiana resulta más llevadera que en Lima. No es solo una cuestión de tamaño urbano. Es también una percepción de seguridad, de menor presión y de un entorno más amable para construir una rutina estable. "La capital de Perú es muy movida, hay mucho ajetreo. Aquí hay tranquilidad, se trabaja bien", explica.

Ese contraste no ha borrado el vínculo con su país de origen. Sus padres siguen viviendo en Perú y, aunque todavía no han viajado a España, él ya ha regresado dos veces para verles. En esa distancia familiar hay una de las partes más difíciles del viaje migratorio. Andrés no la disfraza. Reconoce que estar lejos cuesta, pero también lo asume como parte de un camino compartido por muchas personas que salen de su país para buscar un futuro mejor. "Los hijos tienen que emigrar, salir, buscarse la vida", sostiene.

La comunidad que acompaña

Si algo ha encontrado en Cáceres, además de trabajo, es una red de relaciones que le ha permitido sentirse integrado. Andrés describe con naturalidad una convivencia cotidiana con personas de distintos países latinoamericanos: colombianos, venezolanos, hondureños, ecuatorianos o bolivianos. Esa mezcla, lejos de encerrarle en una identidad cerrada, le ha servido para ampliar horizontes. Habla de otras costumbres, otras comidas y otras formas de entender la vida que, según cuenta, le han "abierto la mente".

No plantea esa comunidad latina como un refugio excluyente, sino como un espacio de encuentro que convive con su relación con los cacereños. También ahí su balance es rotundo. Asegura que la integración con españoles ha sido buena desde el principio, que fue haciendo amistades poco a poco y que, en su experiencia, no ha sufrido rechazo ni racismo. "Para mí, fueron buenas personas", dice sobre quienes se ha ido encontrando en estos años.

Hay en su testimonio una idea de normalidad que quizá explica mejor que ninguna otra cómo se construye el arraigo. No habla de grandes hitos, sino de amistades, de trabajo, de conversaciones y de la sensación de haber sido aceptado "tal como soy". Ese tipo de integración, discreta y diaria, suele quedar fuera de los focos, pero es la que termina definiendo la vida real de quienes llegan de fuera.

Del apoyo familiar al sueño de crecer

Su presente está ligado a la multitienda en la que trabaja, pero su mirada va más allá. Andrés imagina un futuro en el que pueda montar un negocio propio, más grande y con capacidad de distribución. Habla de convertirse en mayorista, en proveedor de productos para otros pequeños comercios de Extremadura. Es una ambición empresarial nacida desde abajo, desde la experiencia diaria del mostrador y el conocimiento de un sector muy pegado a la vida de barrio.

Su historia se mueve en ese equilibrio entre gratitud y aspiración. Se siente feliz por lo conseguido hasta ahora, agradecido por las personas que ha conocido y por la estabilidad que ha encontrado en Cáceres. Pero al mismo tiempo conserva intacta la voluntad de seguir avanzando.

Andrés Sánchez Alba representa una de tantas historias silenciosas que sostienen la vida cotidiana de una ciudad. No la del gran titular, sino la de quienes llegan, trabajan, aprenden a habitar otro ritmo y terminan formando parte del paisaje humano local. De Lima a Cáceres, su recorrido no ha sido solo un desplazamiento geográfico. Ha sido la construcción paciente de una segunda casa.

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