Presente y futuro de la Pasión
La creciente participación de jóvenes y mujeres marca la Semana Santa de Cáceres
La Semana Santa cacereña, con una creciente participación de jóvenes y mujeres, afronta un nuevo ciclo electoral con desafíos como la financiación y la relación con instituciones

Carlos Gil

Una vez más, y casi sin darnos cuenta, hemos dicho adiós a otra Semana Santa. Durante nueve días, la ciudad, recién desperezada de su letargo invernal, se ha revestido de Jerusalén para acoger la conmemoración de la historia más grande jamás contada: la Pasión Muerte y Resurrección de Jesucristo. Bajo un cielo huérfano de nubes, que ha permitido el pleno de procesiones, los cofrades han puesto en la calle, un año más, el Evangelio según Cáceres.
Ahora que aún se vislumbran los restos de la cera en nuestras calles y que la recién estrenada primavera mezcla sus aromas con el recuerdo del olor a palmas e incienso; ahora que todavía hay hombros entumecidos por el peso de los varales; ahora parece un buen momento para, por una vez, no poner la vista en el pasado de nuestra celebración, sino centrar la atención en su presente y su futuro inmediato.
Semana Santa
Entre las muchas luces que deja esta Semana Santa me atrevería a destacar la buena vitalidad de nuestras procesiones. Aunque no faltan voces que insisten en ver signos de decadencia, lo cierto es que las cofradías atraviesan, en líneas generales, una etapa pujante en cuanto a participación de cofrades. Nuestra celebración es, sin duda, el acontecimiento que mayor grado de participación ciudadana concita en la ciudad. Muy significativo es también el creciente número de jóvenes que forman parte activa de las procesiones y que garantizan, al menos a corto plazo, la continuidad de la fiesta. Esta realidad en nuestras cofradías no es nueva, pero se percibe hoy con especial intensidad en un contexto social que es testigo del repunte de la religiosidad católica entre los adolescentes y jóvenes de la generación Z —por mucho que le escueza a Silvia Abril—.
Es cierto que, en muchos casos, su presencia se limita principalmente a la participación en los desfiles procesionales. Pero lejos de ser una limitación, esto constituye una valiosa oportunidad para propiciar un reencuentro con la Iglesia y favorecer un camino de crecimiento en la fe.Sin embargo, no siempre se interpreta así. Y aún hay quienes, estando llamados a velar por la vida espiritual de los fieles, en lugar de acompañar este proceso, tienden a cuestionar la autenticidad de esa fe. Como nadie dispone de un termómetro que mida cuánto Dios llevamos cada uno dentro, es preciso que las juntas de gobierno, pero sobre todo los directores espirituales de las cofradías, aprendan a acoger a estos jóvenes sin prejuicios. Y es que en nuestras cofradías siempre van a tener cabida "todos, todos, todos…", como nos recordaba el papa Francisco.
Creciente presencia
En esta misma línea, resulta especialmente significativa la creciente presencia de mujeres, muchas de ellas jóvenes, que se han incorporado con naturalidad a las tareas de cargar los pasos. Una realidad que no hace sino confirmar lo que hoy resulta evidente: la plena igualdad de hombres y mujeres en la vida cofrade —que tomen nota nuestros hermanos cofrades de Sagunto—.
Mención aparte merece el notable auge de las mantillas, cuya presencia en nuestras procesiones ha crecido de forma exponencial este año, gracias al impulso de la asociación creada en torno a esta tradición.
Ciclo electoral
Y en este contexto de vitalidad y crecimiento, se abre ahora un nuevo ciclo electoral, en el que hasta siete hermandades procederán a la renovación de sus juntas directivas. Antes lo hará la propia Unión de Cofradías Penitenciales, con el relevo de su presidente, Santos Benítez, tras diez años al frente de la máxima institución cofrade de la ciudad.
Todo proceso electoral constituye una oportunidad para revisar proyectos e impulsar nuevas iniciativas. Entre los asuntos pendientes, hay uno que debería afrontarse más pronto que tarde: la reintegración en la Unión de la Cofradía de la Sagrada Cena. Las circunstancias que propiciaron su salida, hace más de veinte años años, están hoy superadas, por lo que su regreso sería un gesto coherente con una realidad que ya es incuestionable: la unidad de las cofradías cacereñas.
Por otra parte, la relación con las instituciones públicas se presenta como otro de los grandes ámbitos a fortalecer. Es cierto que el vínculo con el ayuntamiento atraviesa un buen momento, pero resulta necesario avanzar hacia una mayor coordinación mediante la creación de mesas de trabajo con las distintas concejalías implicadas, para así definir unas líneas estratégicas en aquellos asuntos en los que el Ayuntamiento y la Unión deben ir de la mano. Cuestiones como el engalanamiento urbano o la promoción turística requieren una planificación conjunta.
Replanteo
En este sentido, parece oportuno replantear algunos modelos de difusión. Las tradicionales presentaciones cuaresmales, habituales en otras ciudades, deberían dar paso a fórmulas más eficaces y adaptadas a la realidad actual. Especialmente relevante sería reforzar la proyección de la Semana Santa en el ámbito de las ciudades Patrimonio de la Humanidad, donde su singularidad puede adquirir un mayor valor diferenciador, en un contexto en el que el título de Fiesta de Interés Turístico Internacional ha perdido parte de su capacidad distintiva.
Todo ello exige fortalecer la coordinación con el consistorio, pero sin necesidad de crear nuevos organismos que superen y limiten la capacidad de decisión de las cofradías. A nadie más corresponde la toma de decisiones sobre la Semana Santa que a quienes la hacen posible: sus diecisiete hermandades.
Relación con otras instituciones
También resulta necesario revisar la relación con otras instituciones como la Junta de Extremadura o la Diputación Provincial, cuya implicación continúa siendo inexistente o muy limitada. Del mismo modo, sorprende que, a día de hoy, no se haya producido un encuentro entre los responsables de la candidatura a la Capitalidad Cultural 2031 y quienes representan a la principal manifestación cultural de la ciudad.
Y antes que todo ello, la Unión debe resolver una cuestión estructural. Y es que su funcionalidad ha estado siempre limitada por su escasez de recursos. La institución cuenta con un presupuesto muy reducido, lo que condiciona de manera evidente su capacidad de actuación. Resulta imprescindible, por tanto, explorar nuevas vías de financiación que permitan afrontar proyectos con mayor ambición.
En la actualidad, la Unión sobrevive con apenas 2.000 euros de presupuesto, procedentes en gran parte de la subvención anual que el ayuntamiento destina a las cofradías para la preparación de la Semana Santa. A todas luces, su capacidad de actuación pasa necesariamente por un incremento de sus recursos, ya sea a través de una mayor aportación dentro de esa subvención municipal o mediante la exploración de nuevas vías de financiación, como el mecenazgo empresarial, estableciendo fórmulas de colaboración con grandes firmas locales que, a cambio de determinadas ventajas, contribuyan al sostenimiento de la Semana Santa.
Limitaciones concretas
Esta falta de medios se traduce en limitaciones concretas, como, por ejemplo, la limitada dotación del concurso del cartel, que dificulta la participación de artistas profesionales. También se echa en falta la posibilidad de editar una revista ilustrada de calidad o la ausencia de iniciativas culturales como certámenes fotográficos que sí están presentes en otras ciudades.
Junto a la necesaria mejora en la dotación económica, el Pleno de Mayordomos y Hermanos Mayores debe también definir con claridad qué modelo de Unión se quiere y hasta dónde debe llegar su capacidad de actuación. A partir de ahí, resulta imprescindible permitir que quienes sean elegidos para ejecutar las propuestas puedan desarrollar cualquier proyecto con estabilidad. No ayudan, desde luego, actitudes que, desde posiciones inmovilistas o excesivamente personalistas, pretenden erigirse en guardianes de una tradición quees colectiva y está en constante evolución.
Ha pasado la Semana Santa, pero aún estamos a tiempo de arrimar el hombro para que, entre todos, sigamos haciendo grande nuestra más preciada celebración. Hagámoslo, sin olvidar nunca aquello que le da verdadero sentido: que Cristo vive.
¡Felices pascuas de resurrección!
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