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Infraestructuras y economía

El turismo no basta: el futuro del norte cacereño pasa también por la construcción de cinco nuevas vías rápidas

El Movimiento Social por el Norte de Extremadura (MSU-Norte) propone cinco vías rápidas en el norte de Cáceres para frenar la despoblación, que ha provocado la pérdida de 1.336 residentes en la región en el último año

Los primeros 13 kilómetros de la autovía a Badajoz costarán 94 millones de euros.

Carlos Gil

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

El debate abierto desde el Movimiento Social por el Norte de Extremadura (MSU-Norte) en torno a la construcción de nuevas cinco vías rápidas en el norte de la provincia de Cáceres ha vuelto a situar en primer plano una vieja cuestión extremeña: hasta qué punto una mejora de las comunicaciones puede convertirse en una herramienta real contra la despoblación. Extremadura ha perdido población en el último año, con 1.053.345 residentes a 1 de enero de 2025, 1.336 menos que un año antes. De los 388 municipios extremeños, 251 han retrocedido en habitantes, y entre ellos figura Coria, una de las cabeceras del norte cacereño, con 121 residentes menos. A eso se suma una tendencia de fondo más preocupante: las proyecciones del IEEX prevén que casi todas las agrupaciones municipales estadísticas pierdan población hasta 2039, con especial intensidad en ámbitos como Trasierra-Tierras de Granadilla-Valle del Ambroz-Hurdes, que podría caer un 13%, mientras que Valle del Jerte sería una de las pocas áreas con crecimiento, aunque muy moderado, del 1%.

La primera consecuencia de la despoblación en la economía local es directa: cae la demanda cotidiana. Con menos vecinos, se debilita el comercio de proximidad, cuesta más sostener bares, talleres o pequeños negocios y se reduce también la base laboral disponible. A medio plazo, esa pérdida de masa crítica complica la llegada de nuevas empresas y empuja a muchos municipios a depender cada vez más de unas pocas actividades, sobre todo agricultura, servicios básicos y turismo estacional. El propio Plan Extremeño de Movilidad Sostenible vincula la cohesión territorial con la lucha contra la despoblación y subraya que la conectividad debe servir para garantizar acceso a servicios esenciales y oportunidades económicas, no solo para acortar trayectos.

Las propuestas

Las propuestas / El Periódco Extremadura

Ese deterioro también tiene un coste invisible: cuando disminuye la población joven y activa, envejece el tejido productivo y se hace más difícil el relevo generacional en explotaciones agrarias, comercios y profesiones liberales. El IEEX prevé, además, una caída del índice de juventud y un fuerte aumento del envejecimiento en Extremadura en el horizonte 2038, una combinación que penaliza especialmente a las áreas rurales y de montaña.

Las cinco vías, una a una

La propuesta del MSU pasa por abordar cinco vías rápidas con una longitud total de 90 kilómetros. La plataforma presenta estas actuaciones como una respuesta territorial a la pérdida de población y a la dificultad de acceso a servicios, empleo y oportunidades desde las comarcas del norte extremeño. La de mayor calado político, por dirigirse al Estado, se centra en una doble actuación en el entorno de Plasencia. Por un lado, el colectivo pide convertir en vía rápida los primeros 15 kilómetros de la N-110, entre la segunda rotonda del puente Adolfo Suárez y el cruce de El Torno. Por otro, plantea una vía ciclista independiente de 50 kilómetros entre Plasencia y el puerto de Tornavacas.

Las otras cuatro actuaciones que describe el MSU se reparten entre carreteras de titularidad autonómica y una vía dependiente de la Diputación de Cáceres. En todos los casos, la filosofía es parecida: modernizar carreteras ya existentes mediante mejoras de trazado, arcenes más anchos, carriles para tráfico lento en pendientes, mejor señalización e iluminación suave en el entorno de núcleos urbanos.

La primera iniciativa dirigida al ministerio se apoya en la N-110, una carretera nacional que enlaza Plasencia con Soria a través de Ávila y Segovia. La plataforma pide que, en una primera fase, se actúe sobre los 15 primeros kilómetros hasta El Torno para facilitar el acceso al tren, a los servicios públicos y a la movilidad cotidiana entre Plasencia y el Valle del Jerte.

El MSU defiende una fórmula de vía rápida sin desdoblamiento completo: calzada única, mejoras puntuales del trazado, arcenes de entre 2 y 2,5 metros, tercer carril en las cuestas para vehículos lentos y refuerzo de la señalización y de la iluminación cerca de la ciudad. Según su argumento, sería una obra de impacto presupuestario contenido, pero con efectos visibles sobre la seguridad vial y la conectividad comarcal.

La segunda petición se orienta al turismo y a la movilidad sostenible. El colectivo reclama una vía ciclista independiente de 50 kilómetros entre Plasencia y Tornavacas, dividida en dos fases: 30 kilómetros hasta Cabezuela del Valle y otros 20 hasta el puerto. La plataforma la presenta como una infraestructura capaz de reforzar el turismo de interior y de conectar el eje del Jerte con otras rutas ya existentes o planteadas en el norte extremeño.

Mapa propuesto por MSU Norte Extremadura.

Mapa propuesto por MSU Norte Extremadura. / Cedida a El Periódico

Además de esa doble reclamación estatal, el MSU propone a la Junta una mejora de la EX-203, entre Plasencia y Ávila por La Vera. Habla de una primera fase de 34,4 kilómetros entre Plasencia y Jaraíz de la Vera, subdividida a su vez en dos tramos: Plasencia-Tejeda de Tiétar y Tejeda-Torremenga-Jaraíz.

Otra de las actuaciones se sitúa en la EX-208, entre Plasencia y Zorita. El colectivo prioriza el tramo urbano en Plasencia y los 6,6 kilómetros hasta la autovía EX-A1, con el argumento de que serviría para cerrar el anillo viario y dar acceso a la futura estación de alta velocidad Plasencia Norte.

El listado incluye también una vía rápida entre Plasencia y Pozuelo de Zarzón, con un primer tramo de 28 kilómetros hasta Montehermoso, y una actuación solicitada a la Diputación de Cáceres en la CC-227 entre Plasencia y Malpartida de Plasencia. En este último caso, el MSU pone el acento en la intensidad de tráfico y en la siniestralidad del recorrido.

Qué puede cambiar una nueva infraestructura

La mejora de carreteras o rutas rápidas puede tener efectos positivos pues reducirían los tiempos reales de acceso a empleo, sanidad, educación y servicios administrativos. El PEMS extremeño señala expresamente que la movilidad debe adaptarse a la dispersión y al envejecimiento de la población, y que una mejor conectividad entre cabeceras funcionales puede contribuir a evitar la despoblación.

A largo plazo, el impacto de esas infraestructuras se puede medir con indicadores concretos: evolución del padrón, edad media, saldo migratorio, número de empresas activas, empleo afiliado, matrícula escolar, tiempos de acceso a centros de salud y frecuencia del transporte público. Además, las nuevas conexiones generarían desplazamientos de ida y vuelta que permitirían residir en los pueblos

Y es que la despoblación no solo vacía calles. También encarece y tensiona la prestación de servicios públicos. Mantener consultorios, colegios, transporte regular o atención social en municipios con muy pocos habitantes resulta más costoso y obliga a reorganizar recursos. En ese contexto, la pérdida de vecinos puede alimentar un círculo vicioso: menos población lleva a menos servicios, y menos servicios hace todavía menos atractivo quedarse o instalarse.

El turismo aparece a menudo como una palanca contra la despoblación en el norte de Extremadura, y hay razones para ello. La Junta ha desplegado planes de sostenibilidad turística en destinos rurales y la propia comarca de La Vera presentó en Fitur la campaña "La Vera para vivir" con un mensaje explícito: utilizar el turismo como herramienta para atraer población y actividad. Además, el Plan de Sostenibilidad Turística La Vera-Valle del Jerte parte de que ambas comarcas están entre las más visitadas y mejor valoradas del turismo rural extremeño.

Ahora bien, el turismo solo resulta eficaz contra la despoblación cuando deja empleo estable, genera negocio durante más meses al año y se acompaña de vivienda disponible, conectividad digital y servicios para residentes. Si no, puede mejorar la imagen exterior de un territorio sin alterar su declive demográfico de fondo. El ejemplo del Valle del Jerte, una de las pocas áreas con previsión de crecimiento demográfico en Extremadura, sugiere que el atractivo territorial ayuda, pero no actúa solo. Por eso, también son necesarias nuevas vías rápidas.

Qué han hecho otras regiones

Fuera de Extremadura hay referencias útiles. Castilla-La Mancha aprobó una ley específica contra la despoblación que incorpora ventajas fiscales y ajustes normativos en vivienda, transporte, educación o sanidad para favorecer la permanencia en zonas escasamente pobladas. Aragón mantiene el Fondo de Inversiones de Teruel, orientado a generar renta, riqueza y cohesión social mediante inversiones en vivienda pública, sanidad, educación, servicios sociales y sociedad de la información. En Castilla y León, el transporte a la demanda gratuito y el sistema Buscyl se presentan como herramientas de cohesión y lucha contra la despoblación, con millones de viajes y cientos de miles de usuarios ya registrados. La lección común de esos casos es que las políticas más consistentes mezclan incentivos fiscales, movilidad, servicios, digitalización y apoyo al emprendimiento.

Junto a las infraestructuras, las administraciones pueden ofrecer incentivos más directos para atraer y retener población: ayudas a la rehabilitación de vivienda, fiscalidad favorable, facilidades para teletrabajar, suelo industrial asequible, conciliación, escuelas infantiles, apoyo a autónomos, cuidados de proximidad y cobertura digital. En el norte de Cáceres, por tanto, las nuevas vías rápidas serían una pieza relevante, sobre todo si mejoran la conexión con Plasencia, Coria o Navalmoral y reducen el aislamiento de varias comarcas.

Los negocios de los municipios extremeños que viven del tráfico diario de la N-523 temen quedar en el "ostracismo" con la futura autovía Cáceres-Badajoz

Jorge Valiente

El Movimiento Social por el Norte de Extremadura (MSU-Norte) ha vuelto a poner el foco en la despoblación del norte cacereño con una tesis clara: sin mejores conexiones será difícil fijar vecinos, atraer actividad económica y sostener servicios. La plataforma sostiene, citando cifras que atribuye al INE, que el Valle del Jerte perdió 110 habitantes en 2025 y vincula ese retroceso a la necesidad de reforzar la red viaria y la movilidad en torno a Plasencia. El nombre oficial actual del departamento estatal al que dirige parte de sus propuestas es Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, mientras que las cifras oficiales de población municipal en España se encuadran en la revisión anual del padrón del INE.

La plataforma sitúa la despoblación en el centro de su discurso. Así, el Valle del Jerte pasó de 10.544 habitantes en 2024 a 10.434 en 2025, lo que supondría una pérdida de 110 vecinos en un solo año. Añade además que los municipios que habrían retrocedido serían Cabezuela del Valle, Casas del Castañar, Jerte, Navaconcejo, Piornal, Tornavacas y El Torno. En la misma línea, el colectivo asegura que la provincia de Cáceres perdió 462 habitantes y la de Badajoz, 874. Esas cifras, en esta pieza, deben entenderse como datos atribuidos por el MSU al INE, cuya estadística oficial de referencia para estos casos es la revisión anual del padrón municipal.

La tesis del MSU contrapone esa evolución al crecimiento de la población española en las últimas décadas. El INE publicó en febrero de 2026 que España alcanzó 49.570.725 habitantes a 1 de enero de 2026, un nivel que acerca al país al umbral de los 50 millones. Sobre esa comparación, la plataforma sostiene que Extremadura sigue perdiendo población y envejeciendo, y utiliza ese marco para defender que la comunidad está "perdiendo la batalla contra la despoblación".

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