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Gastronomía

El mítico Bar El Miajón de la plaza Mayor de Cáceres se convertirá en un kebab

El Miajón, que marcó la vida de Cáceres, será transformado en un kebab, mientras la plaza se prepara para la expansión de empresas especializadas en restauración

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

La plaza, es sin duda, la historia sentimental de Cáceres porque fueron sus habitantes quienes lograron su prosperidad, nombres propios como el de Felipe Berjoyo que en abril de 1946, en plena posguerra, se trasladó con su familia a un piso que era de los Valhondo y que estaba entre Singer y la pastelería La Salmantina porque se hizo con La Parada, un bar que antes fue propiedad de Juan José Redondo Pérez, que era tío de Bernardo Pozas. La Parada estaba en los arcos, en lo que posteriormente fue El Miajón.

El Miajón marcó la vida de Cáceres. Ahora la empresa Mym Integral está sometiendo el mítico local en un kebab, un negocio que se consolidó en España sobre todo desde finales de los años 80 y durante los 90, impulsado por la inmigración y por el éxito previo del döner en otros países europeos, especialmente Alemania. En España pasó de ser una comida poco conocida a convertirse en una opción habitual de restauración rápida, gracias a tres factores: precio bajo, servicio rápido y fácil adaptación al gusto local.

En los últimos años, además, ya no se ve solo como comida callejera. Parte del sector ha evolucionado hacia formatos más profesionalizados, con cadenas, proveedores industriales y presencia creciente en foodservice y retail. Ese auge reciente se refleja en el crecimiento de empresas especializadas del sector en Cáceres. Ahora, la plaza es su punto de expansión y los operarios del local del viejo Miajón trabajan sin desmayo para transformarlo al completo.

El Miajón, que está entre el Mesón Tapería Tal Cual y la Taberna El Rincón, una zona que en su origen se dio en llamar El Portal del Reloj, se llamó La Parada porque allí paraban muchos coches de línea de la provincia, que iban a La Cumbre o a Sierra de Fuentes. A aquellos coches los llamaban popularmente las rubias, eran de madera, algunos descapotables que disponían atrás de una especie de balcones semejantes a las carretas del Rocío. Las rubias llegaban de los pueblos cargadas de paquetes, que luego se guardaban durante unas horas en la bodega de La Parada. A veces los viajeros venían a Cáceres de compras y también utilizaban el bar a modo de consigna.

Los callos

En La Parada servían unos callos deliciosos, hacían tencas fritas y en escabeche, gambas a la plancha y rebozadas, y redondo si lo encargaban. La Parada era otra reliquia de aquella bellísima plaza Mayor que un día tuvo Cáceres. Con su bandeja cargada de romanticismo, sus palmeras grandes y sus baldosas portuguesas donde los muchachos jugaban al corro, con los patines, y donde los muchachos cogía un tizón dibujaban cada tarde junto a los urinarios (donde ahora está la Oficina de Turismo) la figura del Guerrero del Antifaz.

Las escaleras que suben a Santa María estaban como partidas en dos porque en medio había una fuentecita donde la gente acudía a beber, pues en aquella época no había agua corriente. Por la plaza pasaban las lavanderas cargadas con sus cántaros en dirección al Camino Llano y La Concepción, donde también había fuentes en las que desde muy temprano recogían el agua.

Pero la plaza no era solo bella por su bella fisonomía, lo era porque era el centro neurálgico y comercial de la capital. Había en la plaza y su entorno montones de ultramarinos, el ultramarinos de Paco Durán, al lado los Casares. En el portal de la farmacia de Castel estaba el de Carlos Cordero, que después llevó su hijo Pedro. Luego estaban el de los Jabato, el de Aparicio en la calle Empedrada (o calle de los Vinos, o calle General Ezponda, vamos). Y en las Cuatro Esquinas, Regodón y los Siriri.

Y en todos ellos largas colas compuestas por pequeños y mayores, que si cola para la comida, que si cola para el picón, que si cola para el carbón, que si cola para una bobina de hilo... Y muchas cartillas de racionamiento con las que se compraba el azúcar moreno. Luego estaban la zapatería de Victorino Martín (su hijo Miguel abrió después otra en los portales), la farmacia de los Jabato, y la de Margarita Pereira, que puso allí su primera botica, los Terio, con sus lindos sombreros y sus deliciosas esencias, El Barato, el comercio de telas de Víctor García, el estanco de los Durán, el hotel Europa, y la librería de los Solano, que después se quedó Pedro Cabrera Florido y posteriormente y fue la de los Hormigo.

En la plaza hubo hasta una churrería que regentó un señor de Aliseda, estaba el Café Toledo, el mercado del Foro de los Balbos con Jacoba o La Presenta entre sus hortelanas, la panadería del señor Claudio y la señora María. Vivían en la plaza los Casares, los Simón, que tenían panadería, Victoriano (que la casa era de Casati), don José Canal, Cándido Escribano, Mari Carmen que se casó con un Viñegra, Gordillo y todos los demás. Era la plaza el lugar donde instalaban la feria, con sus cucañas, y donde se ponía el cine de verano, y donde estaba el quiosco del señor Cruz, que era más bueno que ná porque te dejaba leer aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín.

La Frigorífica Salmantina

En los Portales estuvo primero la Frigorífica Salmantina, que vendía hielo y gaseosa, y luego pusieron Galerías Madrid. Don Juan Corcobado tuvo un almacén de piensos y luego abrió una floristería preciosa. Junto a Los Arcos, la Pensión Carretero y, al lado, un almacén pequeñito de los Bernal donde luego los hermanos Manuel y Lesmes Caballero abrieron una joyería, Inspirados en un anuncio de Radio Madrid con su mítico ‘Rin, rin, París al habla ’pusieron a su local el nombre de Joyería París. Tan bien les fue el negocio que patentaron su propia marca de reloj, el Hercar, que tanto arrasó que hasta se ganó este anuncio: ‘El Hercar, como ninguno, pregunte a quien tenga uno. El que se compra uno no vuelve a comprar ninguno». Con el tiempo traspasaron el local, que terminaría dando nombre a El Callejón, bar mítico de la movida que gestionó el jugador del Cáceres CB Toni Pedrera.

En la plaza había entonces muchos negocios: Joyería Morales, Calzados Sánchez, Pescadería Salgado, La Parada, el bar Manso, Casa Domingo, Corcobado, la Joyería París, la mujer que cogía los puntos de medias...

En Retales Josefina se vendían telas, muchas de ellas adquiridas por Fernando en Barcelona. Era una tienda muy chiquitita, cuadrada, con un almacén cuyo acceso estaba por el portal de la pensión Márquez. Funcionaba muy bien aquel negocio porque en la plaza paraban los autobuses que venían de los pueblos así que la plaza tenía mucho trasiego.

El Mesón Jara

Otro de los grandes empresarios de hostelería de la plaza Mayor fue Fernando Soler. Su historia se remonta al día que el dueño de Calzados Martín le ofreció un local que había sido utilizado como almacén y que luego fue sede de CDS. Así nació el Jara, que tenía dos puertecitas a modo de entrada, pegadas a la ventana. La barra hacía una ele cerrada y dentro había un salón con mesas. En el bar trabajaba Fernando, ayudado ya por sus hijos Nando y Alfonso, que empezó recogiendo vasos. Cáceres vivía entonces en 1983, en pleno boom del Extremeño, un bar que Jesús Sansón había adquirido años antes como último recurso laboral porque no descartaba marcharse a Cataluña ya que aquí las cosas andaban jodidas, pero no, Jesús cosechó un éxito imparable en aquel Cáceres en el que la movida era ya una de sus señas de identidad: sus sansones, sus jarras de cerveza, su agua de fuego con dos cojones... el triunfo del Extremeño como espejo de un Cáceres universitario, próspero, lleno de marcha, lleno de vida.

Nando y Alfonso jugaban en el Cacereño, conocían a mucha gente joven, así que se dijeron: si el Extremeño ha podido, nosotros también. Acudieron a Alonso Radio, que estaba en Sánchez Garrido, frente al Adarve, compraron una minicadena Philips y un montón de discos en Harpo y en José Luis Panadero, y ala, a rodar justo después de Carnavales.

El día de la inauguración fue un éxito: se quedaron sin cerveza y el bar se puso de moda con las jarras, tan de moda que solo entre el Jara y El Extremeño se ventilaban dos camiones de cerveza El Aguila, luego vinieron las macetas, cuyos recipientes venían de Nudesa, una fábrica de nata montada que había en Sabadell. El Jara fue de los primeros en poner música gratis porque en esa época casi todos los bares tenían sinfonolas.

Cordón Negro

Pero el Jara quería dar aún una más gorda campanada. Sansón tenía la Fiesta de la Cerveza, así que ellos inventaron la Fiesta del Champán en Navidad. Fue una pasada. La fiesta comenzaba el 22 de diciembre y acababa en Nochevieja. Consistía básicamente en un 2x1, que te salían a 250 pesetas las dos botellas de Cordón Negro. La gente se peleaba por ellas. Procedentes del IFA, llegaban al Jara por toneladas y fue tal el boom que el primer año tuvieron que llamar a la bodega porque en el IFA se agotaron todas las existencias de Cordón Negro. Los clientes bebían el cava, no importaba si caliente o frío, lo importante era aquel festín de burbujas que servían para vivir el reencuentro cacereño de cada Navidad.

En el Jara ponían prueba, panceta, callos y morcillas, que cada vez que se hacían los callos olía tanto la plaza que despertaba el apetito a un muerto. En aquel tiempo, los otros dos hijos de Fernando también trabajaban en el bar: Miguel Ángel de camarero y Carlos poniendo la música. También pasaron camareros inolvidables como ChuchiJaviFernandoAntonioEnrique,Carlos, o Coke Bermejo, que pinchaba. El Jara era un mar de clientes: CurroAuroraChaso,Joaquín García Plata o Saponi y Teododo Casado, que no faltaban, ChintoPaniaguaPitu,ParaísoBernabéFerrán López..., bueno y Dyc con Coca Cola y Dyc con Naranja porque había a muchos a los que los camareros no conocían por sus nombres pero sí por la bebida que tomaban. Los universitarios, los militares... todos tenían cabida en el Jara. Y luego, cual procesión cientos de jóvenes rumbo a La Madrila: al Maribel, Eros, Al Andalus, Ok, King, y tantos otros.

El Jara, el Extremeño, El Miajón, historia de una plaza que ya es otra historia.

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