Divulgación histórica
Cáceres revive su pasado romano con una recreación 3D de Norba Caesarina
La recreación virtual de la colonia romana Norba Caesarina, impulsada por Alberto Martínez, destaca la importancia de un pasado desconocido bajo la ciudad actual, con la intención de divulgar la historia local

Imagen aérea 3D de Norba Caesarina. / HA Historia y Arte
El pasado musulmán de Cáceres es más que conocido, gracias a las numerosas estructuras que aún perduran, como el aljibe del palacio de las Veletas. Durante siglos, la historia de Cáceres ha sido contada a través de sus murallas almohades, sus palacios medievales y su imponente casco histórico. Sin embargo, bajo esas mismas piedras se esconde un pasado mucho más antiguo y, en gran medida, desconocido: el de la colonia romana de Norba Caesarina. Ahora, gracias al trabajo de Alberto Martínez, esa ciudad perdida ha vuelto a tomar forma. Al menos virtualmente.
Licenciado en Derecho e ingeniero civil, Martínez no es arqueólogo de profesión, pero sí un apasionado divulgador de la historia. Tras meses de investigación y trabajo técnico, que muestra en su blog HA Historia y Arte, ha logrado recrear en tres dimensiones cómo pudo ser la Cáceres romana, combinando rigor histórico con herramientas digitales avanzadas. “No está hecho al azar. Detrás hay un trabajo muy serio de investigación de muchos meses”, explica.
Una ciudad romana bajo la medieval
El punto de partida del proyecto es una realidad poco conocida: las actuales murallas visibles de Cáceres, de origen almohade, se levantaron sobre estructuras anteriores romanas. “Conociendo dónde estaban las puertas romanas, es posible reconstruir el trazado de la muralla”, señala Martínez. En este sentido, es necesario mencionar la única puerta romana que queda en pie en la ciudad: el arco del Cristo.

Vista de la puerta sur de Norba Caesarina desde el templo. / HA Historia y Arte
También se conoce la ubicación de otras puertas, como la de Mérida o la del Socorro. Al lado de esta se conserva también parte de la muralla romana original.
La única puerta cuya ubicación sigue siendo incierta es la que daba acceso a la actual plaza Mayor, un vacío que evidencia los límites del conocimiento histórico y que obliga, en ocasiones, a plantear hipótesis.
El método: curvas de nivel y urbanismo romano
Lejos de apoyarse en recreaciones automáticas o inteligencia artificial sin control, el proyecto se ha construido desde una base técnica sólida. Martínez partió de las curvas de nivel actuales del terreno para reconstruir el promontorio original sobre el que se asentaba la ciudad. “Los cimientos romanos se sitúan a cotas muy similares, así que eso nos permite aproximarnos bastante bien al terreno original”, explica.
A partir de ahí, y utilizando herramientas de diseño como AutoCAD y modelado 3D -con la colaboración de su hijo-, trazó el recinto amurallado siguiendo las proporciones habituales de la ingeniería romana.

Muralla sobre el modelo de terreno. / HA Historia y Arte
El interior de la ciudad se organizó según el clásico modelo ortogonal heredado de Hipódamo de Mileto: dos calles principales perpendiculares, el cardo y el decumano, que estructuraban la vida urbana. En su intersección se situaba el foro, cuyo emplazamiento coincide con el entorno de la Concatedral de Santa María, donde existen restos arqueológicos que respaldan esta hipótesis.
Las termas se situaban en el entorno del actual palacio del Mayoralgo (en su interior se pueden contemplar las ruinas), y, casi con total seguridad, el templo se encontraba en San Mateo, ya que los romanos solían situar estos edificios en los lugares más elevados. Respalda esta teoría el hecho de que, donde se encuentra actualmente la iglesia, se encontraba la mezquita en la era musulmana. Por tanto, seguramente, el templo romano, de culto imperial, se encontraba también en ese lugar.
Entre la evidencia y la hipótesis
Martínez es claro al respecto: no todo lo que aparece en la recreación puede considerarse certeza absoluta. “Hay un 80 o 90% de probabilidad de que fuera así, pero siempre hay que rellenar huecos”, reconoce. Este equilibrio entre rigor y plausibilidad es habitual en cualquier reconstrucción histórica, incluso en modelos tan reconocidos como los de la antigua Roma.
Uno de los ejemplos más llamativos es la posible existencia de un teatro. Aunque no hay pruebas directas, el autor detectó una curiosa semicircunferencia en las curvas de nivel del terreno. “Es una forma muy poco natural. No tengo pruebas, pero encaja perfectamente con lo que sería un teatro romano”, apunta. Una hipótesis sugerente que abre la puerta a futuras investigaciones. En este caso estaría, más o menos, por debajo de Santa María.

Vista de la puerta norte con el foro a la izquierda a medio camino. / HA Historia y Arte
La recreación no solo se apoya en el urbanismo, sino también en el contexto histórico. La colonia de Norba Caesarina habría sido fundada entre los años 35 y 34 a.C. por Cayo Norbano Flaco, en el marco de la reorganización territorial impulsada por Roma tras la conquista de Hispania.
Estas colonias surgían a menudo a partir de antiguos campamentos militares (los castra) donde se asentaban legionarios veteranos. En el caso de Cáceres, destacan enclaves como Castra Caecilia, identificado con el actual Cáceres el Viejo, excavado ya en 1917 por Adolf Schulten.
Las fuentes clásicas, como las del naturalista Plinio el Viejo, ya mencionaban la existencia de Norba Caesarina y su relación con estos asentamientos militares, aunque no sin debate entre los historiadores.
Un proyecto por y para la divulgación
Lejos de cualquier interés económico, Martínez insiste en que el objetivo es puramente divulgativo. “Me da pena que en Cáceres se conozca tanto el pasado almohade y tan poco el romano”, afirma. Su trabajo forma parte de una labor más amplia como miembro de la Asociación de Divulgadores de la Historia y uno de los responsables de la revista digital DHISTÓRICA.

Imagen de Alberto Martínez. / HA Historia y Arte
La virtualización, además, abre nuevas posibilidades. Al tratarse de un modelo en 3D, permite generar imágenes desde cualquier punto de la ciudad: desde el foro hasta las puertas, pasando por calles, viviendas o termas. “El modelo ya está hecho. Ahora se puede explorar desde cualquier perspectiva”, explica.
El proyecto de recreación de Norba Caesarina no solo devuelve a la vida una ciudad desaparecida, sino que también invita a mirar de otra forma el Cáceres actual. Bajo sus calles y monumentos, pervive una estructura urbana milenaria que sigue condicionando su fisonomía.
Quizá, como sugiere Martínez, el mayor valor de este trabajo sea precisamente ese: acercar a los ciudadanos una parte olvidada de su historia y demostrar que, incluso cuando las piedras han desaparecido, el pasado aún puede reconstruirse con rigor, paciencia y una buena dosis de imaginación fundamentada.
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