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Salud y bienestar

Laura Morales, psicóloga en Cáceres, analiza el impacto de la adicción a Internet y las pantallas en jóvenes

La especialista advierte de la necesidad de educar digitalmente a niños y adolescentes, ya que las prohibiciones sin supervisión ni límites progresivos resultan insuficientes para garantizar un uso saludable

Vídeo | La psicóloga cacereña, Laura Morales, reflexiona sobre la adicción a internet en adolescentes y jóvenes

Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

Laura Morales, psicóloga en Cáceres y especialista en población infantojuvenil y adulta, cuenta con una amplia trayectoria profesional. En esta ocasión, aborda la problemática de la adicción a Internet y el uso de pantallas en niños y adolescentes.

Una trayectoria en constante evolución

Inició su formación universitaria en 2012 y, tras finalizar sus estudios, se trasladó a Oviedo para cursar el Máster en Psicología General Sanitaria. En 2021 ejerció en Mérida, en un centro donde desarrolló su labor como psicóloga especializada exclusivamente en población infantojuvenil. En 2023 regresó a Cáceres, donde comenzó a colaborar con distintos centros. "Comencé en esta rama porque era la que más me interesaba. Sin embargo, al empezar a trabajar también con padres, ya que es fundamental incluir a las familias en el proceso, una cosa llevó a la otra y descubrí que también me gustaba trabajar con adultos. Por ello, decidí formarme en ese ámbito y, a día de hoy, compagino el trabajo con población infantojuvenil y con adultos. Siempre había tenido la ilusión de contar con mi propio despacho, y finalmente me animé, el año pasado abrí mi consulta aquí, justo enfrente del edificio Múltiples".

El impacto del móvil en jóvenes y adolescentes

Por otro lado, la experta aborda las adicciones a la tecnología, un fenómeno especialmente presente en adolescentes. No obstante, también señala su incidencia en adultos jóvenes, especialmente en aquellos en situación de desempleo o con un carácter más impulsivo, generalmente entre los 20 y los 28 años. En estos casos, se observa una creciente dependencia del teléfono móvil y la necesidad de permanecer constantemente conectados. En el caso de los adolescentes, advierte que este problema ha ido en aumento debido a la facilidad de acceso a los dispositivos, así como a la influencia del entorno familiar y los hábitos que se observan en el hogar.

Entre la prohibición y la educación digital

Además, la experta aborda la diversidad de posturas entre las familias, algunas optan por el uso de pantallas, mientras que otras prefieren limitarlo o evitarlo. Asimismo, señala que, en muchos casos, estas decisiones suelen ir acompañadas de juicios y comparaciones entre los propios padres. "Creo que nos encontramos en una etapa en la que podemos aprovechar la tecnología a nuestro favor, porque en sí misma no es negativa, el problema aparece cuando se hace un mal uso de ella. Los niños, en algún momento, deben entrar en contacto con estas herramientas para aprender a utilizarlas correctamente y diferenciar entre un uso adecuado y uno perjudicial, pero ese proceso no puede darse sin supervisión. En cuanto a las medidas basadas en la prohibición, como limitar el acceso a menores de 16 años, considero que por sí solas se quedan cortas y resultan poco efectivas. Si al cumplir esa edad se les da acceso total, sin control ni una educación previa en casa que les ayude a identificar cuándo existe dependencia o un uso inadecuado del móvil, la medida pierde sentido. Por eso, es fundamental acompañar, educar y establecer límites progresivos desde edades más tempranas".

Claves para un uso saludable de las pantallas

Por último, Morales destaca que la tecnología puede tener un impacto positivo, ya que en algunos casos el profesorado la emplea como herramienta para fomentar un aprendizaje más interactivo. No obstante, subraya la importancia de la presencia de un adulto durante el uso de estos dispositivos por parte de los menores, no con un afán de control, sino para favorecer el acompañamiento, fortalecer los vínculos afectivos y promover nuevos aprendizajes. De este modo, añade, también se facilita una mayor regulación del tiempo de uso y un mejor control de la actividad digital.

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