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Sector inmobiliario

Viviendas en venta en Cáceres, pero con los dueños dentro: por qué la nuda propiedad gana terreno

Una fórmula que permite a los vendedores conseguir liquidez sin dejar su casa, mientras quien compra adquiere un inmueble más barato respecto al valor de mercado

Imagen de archivo de viviendas en el paseo de Cánovas de Cáceres.

Imagen de archivo de viviendas en el paseo de Cánovas de Cáceres. / Carlos Gil

Laura Alcázar

Laura Alcázar

La venta de un palacete de aire versallesco en La Sierrilla, en Cáceres, no solo ha llamado la atención por la arquitectura afrancesada de su construcción o su ubicación en una de las urbanizaciones más privilegiadas de la capital. También lo ha hecho por la fórmula que sus dueños han elegido para venderlo: la nuda propiedad, un modelo cada vez más visible en el mercado inmobiliario que permite comercializar una vivienda sin renunciar a su uso.

Según se detalla en el anuncio del portal inmobiliario, los actuales propietarios conservan el usufructo vitalicio, de modo que el comprador adquiere la titularidad, pero no podrá disfrutar del chalet hasta que ese derecho se extinga.

Acceso a la urbanización del sector uno de la Sierrilla.

Acceso a la urbanización La Sierrilla I. / Carlos Gil

En términos sencillos, la nuda propiedad separa la titularidad del inmueble del derecho a usarlo y disfrutarlo. El vendedor mantiene ese usufructo de por vida y el comprador se asegura la plena propiedad en el futuro.

Descuento

Frente a una compra tradicional, la principal ventaja para quienes adquieren así es el precio, ya que este tipo de operaciones suele cerrarse con un descuento respecto al valor de mercado, determinado sobre todo por la edad de los propietarios y la esperanza de vida. Para los vendedores, la fórmula permite obtener liquidez sin abandonar su casa.

La propiedad de La Sierrilla, por ejemplo, se vende por 552.481 euros, cuando otras viviendas de la misma urbanización rozan el millón de euros, como un chalet de 10 habitaciones en la calle Comarca de Gata que se anuncia en la misma web por 950.000 euros.

La nuda propiedad se usa cada vez más dentro de las familias: padres que ponen la casa a nombre de sus hijos, pero se reservan el derecho a vivir en ella hasta el final, como una forma de dejar encarrilada la herencia

Ese equilibrio explica que la nuda propiedad haya ido ganando presencia en los últimos años. Aunque sigue siendo una modalidad minoritaria, se empieza a consolidar como una opción para propietarios de edad avanzada que quieren monetizar su casa sin dejar de residir en ella, y para compradores que buscan una inversión patrimonial a medio o largo plazo.

Zona cotizada

La operación de La Sierrilla encaja en esa lógica. No se vende como una vivienda para entrar a vivir de inmediato, sino como una inversión futura sobre un inmueble singular y situado en una de las zonas más cotizadas de la ciudad. Para el comprador, el atractivo está en asegurarse una propiedad exclusiva por debajo del valor de una compraventa convencional; para los dueños, en seguir disfrutándola mientras vivan.

Más allá de su estética llamativa y de su ubicación, el lujoso chalet cacereño pone sobre la mesa esta fórmula inmobiliaria que gana adeptos. La nuda propiedad cambia la compraventa tradicional por una operación a largo plazo, en la que el vendedor permanece en su hogar y el comprador invierte hoy pensando en el mañana.

Dos personas mayores descansan en un parque

Dos personas mayores descansan en un parque. / E.P.

Herencia en vida

Al hilo de esto, también es cada vez es más frecuente, sobre todo entre personas mayores, que unos padres compren una vivienda y la pongan a nombre de sus hijos, aunque se reserven el derecho a vivir en ella o a disfrutarla mientras vivan.

Es legal y se suele hacer para adelantar el reparto del patrimonio sin perder el control sobre la casa. En la práctica, los hijos pasan a ser los propietarios sobre el papel, pero los padres mantienen el uso de la vivienda hasta su fallecimiento.

Jurídicamente, esta operación se conoce como desmembración de la propiedad: por un lado queda la nuda propiedad, que corresponde a los hijos, y por otro el usufructo, que sigue en manos de los padres. Se trata de una vía habitual para organizar la herencia en vida y, en algunos casos, también para ahorrar costes fiscales en el futuro.

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