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Gastronomía

La nueva hamburguesería que abre terraza a la luz de las velas en Cáceres: una nueva etapa para Alberto y Mar tras 16 años en hostelería

Alberto Blanco y Mar Úbeda abrieron El Rincón Burger 18 en Cáceres, un negocio que retoma su trayectoria en la hostelería con hamburguesas clásicas y una apuesta por la calidad

Terraza a la luz de las velas en la calle Reyes Huertas.

Terraza a la luz de las velas en la calle Reyes Huertas. / E. P.

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Hay negocios que no nacen de una moda, sino de una forma de vida. En el caso de Alberto Blanco y Mar Úbeda, abrir El Rincón Burger 18 en la calle Reyes Huertas de Cáceres no ha sido un salto al vacío, sino casi una vuelta a casa. Llevan dos décadas compartiendo vida como pareja y alrededor de 16 años dedicados a la hostelería, con un camino que ya había dejado huella en la ciudad a través de otros proyectos vinculados al mundo de la hamburguesa.

El nuevo local abrió sus puertas el pasado 16 de diciembre y, apenas cuatro meses después, encara una etapa clave con la llegada del buen tiempo y la instalación de su terraza a la luz de las velas, una novedad absoluta en la trayectoria del negocio. Ni en sus anteriores hamburgueserías habían contado con ese escaparate al aire libre que ahora, en una zona amable y vistosa de la ciudad, se presenta como un aliciente más para atraer al público.

Rincón Burger 18, en la calle Reyes Huertas.

Rincón Burger 18, en la calle Reyes Huertas. / E. P.

Pero la terraza no cambia la esencia. El planteamiento sigue siendo el mismo: hamburguesas de corte clásico, sin artificios y con una apuesta clara por la calidad del producto. Buen pan, buena carne, aliños sencillos para no enmascarar el sabor y una cocina casera cuidada al detalle. "No somos muy de quesos, somos muy de salsa", explican, en una frase que resume bastante bien la personalidad de su propuesta.

Una historia compartida dentro y fuera del negocio

La historia de Alberto y Mar también tiene algo de pequeña resistencia cotidiana. Son pareja y socios, una combinación que no siempre resulta sencilla en un sector exigente, con horarios duros y pocas pausas. Ellos lo cuentan con naturalidad, sin idealizarlo. Hay que pelearlo, como cualquier relación, quizá incluso un poco más cuando la vida personal y la profesional se mezclan cada día entre comandas, cocina y atención al público.

En el reparto de funciones, además, parecen entenderse bien. Mar está más volcada en la cocina. Alberto, en la atención de cara al cliente. Entre ambos levantan un proyecto que, según aseguran, ha arrancado con buen pie. Parte de esa acogida se explica también por el poso que dejaron sus anteriores negocios. Ya tenían clientela conocida, gente que, según relatan, parecía esperar su regreso al formato que mejor les representa.

Antes de este nuevo establecimiento pasaron por el centro de Cáceres con El Rincón de la Hamburguesa y después por la zona de Perú con otro local de la misma línea. Ahora, esta nueva etapa se llama El Rincón Burger 18 por una razón muy concreta: el número del local. Pero el "Rincón", dicen, se mantiene porque es su seña de identidad, la referencia que los ha acompañado desde el principio.

Sin reparto a domicilio y con una idea clara

Otra de las decisiones del negocio es prescindir del servicio a domicilio. Sí ofrecen pedidos para recoger en el local, pero no reparto en casa. No es una decisión improvisada. Ya probaron esa fórmula en una etapa anterior y ahora han preferido centrarse en otro modelo. Lo cuentan incluso con humor: caminar también viene bien, y después de una hamburguesa, un paseo no sobra.

Más allá de la anécdota, lo que trasladan es una idea bastante clara del tipo de negocio que quieren ser. Uno cercano, reconocible, sin excesos, donde la experiencia no se limite a comer rápido, sino a volver a encontrarse con un producto bien hecho y con una atención construida desde la experiencia de quien también ha estado al otro lado, como cliente.

En una ciudad donde la oferta hostelera no deja de moverse, Alberto y Mar han optado por regresar a lo suyo. Sin grandes discursos ni fuegos artificiales. Solo con oficio, constancia y una convicción sencilla: hacer bien aquello que llevan media vida haciendo.

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