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Muros con historia

La Casa de Ejercicios de Cáceres, un lugar de recogimiento junto al santuario de la Montaña

Bajo la labor de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción, este histórico edificio ha mantenido durante décadas una vocación muy definida de acogida y retiro espiritual

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

La subida al santuario de la Montaña no solo conduce a uno de los enclaves religiosos y simbólicos más reconocibles de Cáceres. También abre paso a un conjunto de edificios que con el paso del tiempo han ido adquiriendo un valor propio dentro de la memoria colectiva de la ciudad. Entre ellos se localiza la Casa de Ejercicios, un espacio destinado a la acogida, al retiro y a la vida espiritual.

Su emplazamiento, junto al santuario y frente a una de las panorámicas más características de la ciudad, refuerza una identidad muy concreta: la de un enclave concebido no solo para alojar, sino también para apartarse del ritmo cotidiano y contemplar Cáceres desde otra perspectiva.

Perteneciente a la diócesis de Coria-Cáceres y atendida desde hace dos décadas por las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción, hoy sigue recibiendo a grupos de la Iglesia, peregrinos y personas que encuentran allí un lugar de descanso, convivencia y recogimiento. La presencia de esta comunidad ha tenido además un peso significativo en la vida religiosa de Cáceres. El centro ha acogido celebraciones vinculadas a la propia congregación, como los actos del Año Jubilar por los 150 años de su fundación, lo que refuerza la dimensión simbólica de las religiosas dentro del conjunto de la Montaña.

Origen y estructura

Según los datos aportados por Carmen Fuentes, responsable del archivo histórico de la diócesis, la construcción comenzó en 1955 y no concluyó hasta 1966, un largo periodo que da idea de la magnitud de un proyecto concebido para prestar un servicio estable a la vida religiosa y comunitaria de la zona. El diseño y la dirección del proyecto corrieron a cargo del arquitecto municipal Ángel Pérez Rodríguez, que dejó su firma en importantes inmuebles de la ciudad y participó de forma directa en buena parte de su crecimiento urbano durante el siglo XX.

Distribuida en tres plantas y sótano, la Casa de Ejercicios, también llamado Centro de Espiritualidad ‘Virgen de la Montaña’, presenta una estructura plenamente orientada a la estancia y al retiro. Dispone de numerosos departamentos, entre los que se encuentran 37 habitaciones (16 individuales y 21 dobles) reservadas para los huéspedes, además de una amplia cocina, salón, sala de reuniones, una capilla con sacristía y dos terrazas con vistas privilegiadas a la ciudad monumental. En el interior del edificio se conserva un detalle especialmente significativo: una réplica de la patrona de Cáceres donada recientemente por una vecina que la había guardado durante varias generaciones.

Vida cotidiana

En la actualidad, la casa acoge a cuatro religiosas de la congregación, llegadas de distintos países, que se encargan de que todo esté dispuesto para recibir a los visitantes que llegan desde distintos puntos de España y también del extranjero. Su actividad se proyecta además sobre el santuario, donde acuden cada día a misa y colaboran en diversas tareas.

Esa relación con el enclave cobra estos días un sentido especial, en vísperas de la Bajada de la Virgen de la Montaña, una de las citas más señaladas del calendario religioso cacereño.

Reforma necesaria

El conjunto fue objeto de una remodelación hace varias décadas y justo ahora se encuentra a las puertas de una reforma integral, impulsada por la necesidad de adaptar y conservar un espacio deteriorado tras años de uso continuado y por el lógico desgaste del paso del tiempo. Esta intervención, tal y como explica Sor Margarita, una de las cuatro religiosas, hará necesario buscar un alojamiento alternativo para ellas mientras duren los trabajos.

La actuación, por tanto, no tendrá solo una dimensión material. También obligará a reorganizar temporalmente el funcionamiento cotidiano de la casa y, en la medida de lo posible, la función de acogida y acompañamiento espiritual que sigue desempeñando.

De esta forma, el proyecto supondrá una pausa necesaria para garantizar la continuidad futura de un lugar que ha mantenido una presencia constante y silenciosa en el ámbito religioso de Cáceres. No destaca por una monumentalidad deslumbrante, sino por representar otra dimensión del patrimonio local. Ahí reside, precisamente, buena parte de su valor.

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