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María Isabel González, de Salvemos la Cruz de Cáceres: "Es un símbolo religioso; si la retiran, el mal entraría en Cáceres"
La plataforma Salvemos la Cruz, liderada por María Isabel González, rechaza la retirada del monumento de Cáceres, argumentando su valor simbólico para los ciudadanos y su dimensión religiosa

Imagen de la Cruz de los Caídos de Cáceres. En el círculo, María Isabel González. / El Periódico

La plataforma Salvemos la Cruz ha vuelto a posicionarse con claridad contra la retirada del monumento de la plaza de América de Cáceres tras su inclusión en el Catálogo de Símbolos y Elementos Contrarios a la Memoria Democrática por parte del Minsterio de Política Territorial y Memoria Democrática del Gobierno de España. Su portavoz, María Isabel González, sostiene que la decisión del Gobierno central no pilla por sorpresa al colectivo y afirma que llevaban tiempo intentando activar apoyos políticos e institucionales para proteger el monumento antes de que llegara este escenario.
González explica que la asociación ya daba por hecho que la cruz cacereña iba a figurar en ese catálogo estatal por sus dimensiones y por los antecedentes existentes sobre otros elementos similares en la provincia. "Para nosotros no es ninguna novedad", señala, antes de recordar que desde la plataforma han tratado de contactar con Vox, con el PP y con el alcalde de Cáceres para buscar una vía de protección legal. También muestra su satisfacción por que esta cuestión haya cobrado peso en la negociación política autonómica.
La portavoz del colectivo enmarca su defensa en una doble vertiente. Por un lado, apela a la propiedad simbólica que, a su juicio, tiene la cruz para la ciudad. "Es nuestra, de los cacereños, y por tanto nosotros somos quienes tenemos que decidir qué es lo que queremos tener en nuestra ciudad y qué es lo que no queremos tener en nuestra ciudad", manifiesta. Por otro, asegura que existe en Cáceres "un sentir mayoritario muy grande" favorable a su permanencia, por motivos religiosos, sentimentales o de arraigo urbano.
La resignificación de la cruz
Uno de los principales argumentos pasa por rechazar que el monumento deba seguir siendo interpretado hoy como un vestigio franquista. González recuerda que, según su versión, el elemento fue resignificado hace décadas y ha defendido que el significado actual no puede desligarse de su dimensión cristiana. "Para mí la Cruz nunca ha sido un monumento franquista. Su naturaleza es cristiana".
En esa misma línea, insiste en que, aunque el monumento se levantara en un determinado contexto histórico, la Cruz debe ser entendida ante todo como un símbolo religioso. Esa interpretación es la que centra ahora buena parte del discurso de la plataforma, que trata de desplazar el debate desde la memoria política al terreno de la identidad religiosa y del valor social que, según su portavoz, tiene el monumento entre una parte de la ciudadanía. "Creemos que la quieren quitar por un tema espiritual. Estamos en medio de una batalla que se ve a diario por la televisión. Son las fuerzas del bien contra las del mal. Y estoy segura de que, si derribasen la Cruz, el mal entraría en Cáceres", sentencia.
Sin una vía concreta todavía
Sobre los pasos que puede dar la asociación a partir de ahora, González no concreta ninguna actuación jurídica o administrativa inmediata, aunque sí deja claro que el colectivo sigue movilizado. Recuerda las campañas de firmas impulsadas en etapas anteriores y señala que, de momento, están observando el posicionamiento de los distintos actores antes de decidir qué hacer.
La portavoz también reconoce que esta nueva fase del conflicto abre una situación distinta para la plataforma, que deberá valorar si mantiene la presión en el plano social, si refuerza la interlocución política o si trata de explorar alguna fórmula de contestación formal ante la decisión del Estado. Por ahora, la asociación se mantiene activa, pero sin anunciar todavía una hoja de ruta cerrada.
Una respuesta "marcada por la confrontación"
Durante su intervención, González va más allá del plano patrimonial o jurídico y vincula el debate de la cruz con una lectura política y espiritual del momento actual, unas consideraciones que ha expresado a título personal. En ese marco, defiende que la ciudadanía está respondiendo "muy bien" tanto dentro como fuera de Cáceres y traslada la impresión de que este asunto ha reactivado el respaldo social a la conservación del monumento.
Sus palabras refuerzan así la línea argumental que viene sosteniendo Salvemos la Cruz desde el inicio de la controversia: que la permanencia del monumento no debe decidirse solo desde la legislación memorialista, sino también desde la interpretación actual que una parte de la ciudad hace de él. Mientras tanto, el conflicto sobre el futuro de la Cruz sigue escalando en el terreno político, institucional y ciudadano.
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