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Barrio a barrio

El Cañeo, otro bar de Cáceres que cerró sus puertas: sus rejos, morros y caracoles eran insuperables

La calle Ceres de Cáceres, que alberga negocios como la cerámica con enfoque terapéutico Calma Pottery, es un reflejo de la vida local, con bares tradicionales como Las Cancelas, fundado en 1967

Vídeo | Calle Ceres: un reflejo de la vida local

El Periódico Extremadura

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Ceres, en la mitología romana, fue la diosa de la agricultura, las cosechas, la fertilidad de los campos y los alimentos, equivalente a la griega Deméter. Hija de Saturno y Ops, era considerada la protectora de la plebe y la enseñanza del cultivo de la tierra. De su nombre proviene la palabra «cereal». En Cáceres es un monumento que representa una figura humana con los pliegues de sus vestidos muy pronunciados y que sujeta en su mano izquierda el cuerno de la abundancia, es conocida también como la diosa Ceres. Estuvo entre 1820 y 1962 en la Torre de Bujaco, en la Plaza Mayor de Cáceres. A causa de su peso, se decidió retirar de la Torre y se ubicó en el Foro de los Balbos, en uno de los laterales del Ayuntamiento de Cáceres. En 1996 fue sustituida por una copia en marmolina hecha por la Universidad Popular, pasando el original a ser expuesto en el Museo de Cáceres.

Pero además de una diosa y una escultura, Ceres es también una calle que enlaza la calle Alfonso IX con la plaza de Italia y que comienza con un negocio cerrado y otro abierto. El primero, Frutas y Verduras Naharro. El segundo, Calma Pottery, que la cerámica por banera y que defiende que el arte es terapia. Hay clases semanales de cerámica y talleres puntuales de la misma diciplina. Nace de una visión profundamente personal: de la convicción de que el arte no solo es una forma de expresión, sino también una herramienta para el bienestar. A través del trabajo con el barro, ofrecemos un espacio donde la creatividad se une con la calma y la concentración. 

Calma Pottery es un espacio único y exclusivo en Cáceres dedicado exclusivamente a la cerámica desde un enfoque terapéutico y emocional, diseñado con una estética minimalista y una decoración que refuerza su atmósfera cálida y acogedora. Es un proyecto que defiende el ritmo lento, la autenticidad y la creación libre, sin juicios ni exigencias. Un lugar para desconectar del ritmo acelerado del día a día y reconectar contigo mismo a través del contacto con el barro. La cerámica se convierte así en una herramienta de arteterapia accesible y práctica. Modelar, amasar o esmaltar son gestos que ayudan a bajar el ritmo, a liberar tensiones. La cerámica, además de ser una disciplina artística, tiene un gran valor terapéutico: ayuda a reducir el estrés, favorece la atención plena y mejora la conexión entre mente y cuerpo. 

Tapiceros

A su lado Brother (tienda de servicios y atención técnica) y la peluquería Couplé Chic, en la que todas las citas son con cita previa telefónica. Después, lo servicios centrales de la correduría de seguros Albroksa y las traseras del colegio Virgen de la Montaña. La primera perpendicular de Ceres es la calle Sánchez y más arriba, en el 15, un apartamento turístico. En el 14, la Fundación Márgenes y Vínculos (servicios especializados de atención social) y un poco más arriba, Melian Décor, que se dedican a los tapizados, las cortinas, la artesanía, la decoración y la restauración. Su trabajos, por cierto, son fabulosos. Otras dos perpendiculares avanzan seguidamente, la calle Segundo Pérez y la calle Busquet, una de las más tradicionales de Cáceres, donde se puede disfrutar de unas vistas panorámicas impresionantes de la parte antigua.

La calle Ceres es propia de bares. Hay uno que es, sin duda, el más tradicional de Cáceres: Las Cancelas. Fundado por Felipe Vázquez Díaz, fallecido en febrero de 2024, la historia de Las Cancelas se remonta a 1967 cuando en que Felipe, casado con Nieves, regresó de Alemania, donde había emigrado en buscar de trabajo, y quiso probar suerte en Cáceres. Encontraron que en el número 1 de la calle Ceres se alquilaba un bar, cuya parte trasera tenía vivienda con entrada por la calle Piedad. El dueño de todo ese local era Pedro Rocha, que tenía una tienda de confección al lado de Harpo. Su mujer, Luci, tenía una peluquería justo encima del bar y uno de los hijos de esta pareja es el de la tienda Chevalier.

El dibujo

Ese bar lo había tenido antes arrendado otro dueño, que le había puesto por nombre Las Cancelas porque en su interior disponía de un dibujo muy bonito de una cancela, pero llevaba cerrado bastante tiempo. En ese momento Felipe y Nieves desconocían la fama poco recomendable que este local se había ganado puesto que hasta él acudían las que en Cáceres se acostumbraba a llamar mujeres malas.

Y es que en los alrededores de Obispo Galarza y la calle San Felipe se amontonaban las casas de citas de la ciudad, había lo menos 10 o 12, regentadas por madamas que atendían a una prolija clientela. Las chicas de los burdeles, en sus ratos de asueto se iban a Las Cancelas. Tremendo escándalo para la encorsetada sociedad de la época. Pero Felipe y Nieves empezaron de cero. Limpiaron Las Cancelas, las pintaron, abrieron las puertas y mantuvieron el nombre del negocio. Al minuto, ¡zas!, dos clientes que hoy llevan a gala ser los más antiguos del bar: Angel Mena y Pepe García, más conocido en Cáceres como Pepe El Salchichero.

Empezó así, en marzo de 1967, la historia de este local tan relacionado con la vida diaria de La Placi, que es como gran parte de los cacereños llaman a la Plaza de Italia. Al frente de Las Cancelas, Felipe, y Nieves en la cocina como únicos empleados, los dos siempre al pie del cañón. Las Cancelas era una pequeña tasca, con una barra altísima; detrás de esa barra había una puerta corredera que daba acceso a la vivienda de los Vázquez, que constaba de una habitación, una cocina, un baño, la despensa y el salón comedor, que por la noche se convertía en cuarto de dormir para todos. En el bar, a la izquierda, había una mesa, a la derecha, otra, y luego un servicio, pero solo para caballeros porque entonces los bares lo frecuentaban muy raramente las mujeres y las pocas que iban si tenían que entrar al cuarto de baño lo hacían en el de la casa de Felipe y Nieves.

Las Cancelas abría a las seis de la mañana y poco a poco fue ganando una importante clientela: acudían vendedores y compradores del mercado de Obispo Galarza, también empleados de Telefónica, que tenía unas oficinas en la calle Nueva, y mucha gente de este maravilloso barrio en el que vivían la señora Petra y el señor Cándido, que tenían frutería, la señora Seba, que servía la candinga, la mercería de María y Santiago, la piconería, el señor Quico el de las golosinas, y el señor Serapio y Basilia, que eran los del Comercio La Luna, dedicado a maquinaria de hostelería.

También vivían en el barrio los Salado, que el padre trabajaba en el INP y su mujer se llamaba EsperanzaAnita la pescadera, que su marido era Antonio El Maganto, la señora LuisaAntolina, las dos Carola, que una vivía en la calle García Holguín y otra en la calle Nueva, la panadería del señor Vicente, casado con la señora Gertrudis donde se compraba la harina para las albóndigas, los Corraleslos Saponi, o la Colorá, casada con un sillero que arreglaba las sillas de enea y uno de cuyos hijos tiene el bar El Sillero.

En 1970 Felipe y Nieves tuvieron su segundo hijo, Francisco, y dos años y medio más tarde, el tercero, que se llama José María, ambos canceleros de toda la vida porque nacieron en Las Cancelas. Las gemelas Nieves y Maribel ya nacieron en el sanatorio de la Consolación del doctorBlanco Corisco.

Pasaba el tiempo y Las Cancelas era un bar de referencia para Cáceres, que se hizo famosísimo a cuenta de la venta de boletos, a cambio de cuya compra los clientes podían llevarse suculentos premios. El boleto te solía costar una peseta, lo abrías y tenías varias posibilidades: que te pusiera "No tiene premio", que te pusiera "Siga jugando" o que te tocara un premio de 50, 100 e incluso 500 pesetas, que aquello era ya la bomba.

El negocio

Alrededor de los boletos se generaba un negocio importante en la ciudad. Por ejemplo, en La Placi eran la señora Angela y el señor Juan los encargados de vender los boletos para los bares, cuyas papeletas se cosían para hacer paquetes que luego se metían en bolsas para su posterior reparto. Se cosían con máquinas de coser y había muchas vecinas del barrio que cosían boletos para la señora Angela y el señor Juan por 50 céntimos la bolsa.

Felipe iba a casa de la señora Angela y le decía: "Ángela, me venda usted 5 bolsas de boletos", y Felipe volvía al bar con sus cinco bolsas de boletos, los colocaba en una caja encima de la barra y en un plis plás se vendían todos porque Felipe era un hombre honrado que repartía buenos premios.

En Las Cancelas no faltaba el vino de pitarra, aquel latiguillo de "Cago en Dios, cago en Dios" que soltaba Felipe y que aún hoy recuerdan sus clientes o sus especialísimos pìnchos de oreja, pescado rebozado y callos que con tanto esmero preparaba Nieves. En 1988 Felipe se hizo con la propiedad del local y reformó y amplió el bar, que actualmente regentan sus hijos Francisco, José María y Nieves.

Felipe y Nieves tenían nueve nietos: MaríaFranciscoBlasJorgePaulaRocíoRaúlOscarGael. El matrimonio disfrutaba de una merecida jubilación después de años de trabajo en Las Cancelas, aquel bar de La Placi que frecuentaban las mujeres malas y que Felipe y Nieves convirtieron en su hogar apenas llegados de Alemania, dispuestos a comerse el mundo para evitar un nuevo destierro a orillas del Rin.

Pero además de Las Cancelas, había otro bar en la calle Ceres que desgraciadamente cerró hace 15 días después de llevar abierto 13 meses; se llama El Cañeo y su frase de guerra era esta: "Si quieres tomar las cañas y salir comíos, ven al Cañeo jooomío". Lo llevaba Andrés Carricajo, el que tuvo La Chica de Ayer en la plaza de Bruselas. Sus litros con ración, sus morros, rejos y caracoles eran insuperables. Otros negocios en activo son Nekane, que se dedica a la pedicura, uñas acrílicas, manicura permanente, lifting de pestañas y extensión de pestañas. En el trayecto asoman calles como Pedro Corbacho o García Holguín, todo un retrato castizo de la parte alta de la ciudad de Cáceres.

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