Blog del cronista
Bajo la sombra de la Sierra de Montánchez: el encanto natural de este pueblo de Cáceres
Robledillo de Trujillo, un pueblo con historia que se remonta a la Edad del Bronce, se convierte en un referente del siglo XXI gracias a su compromiso con la sostenibilidad y la energía limpia

Estás preparando tu escapada de fin de semana, no sabes que visitar, buscas una escapada auténtica… Te voy a descubrir en este artículo un pueblo que guarda secretos de la Edad del Bronce, privilegios reales de asilo y una apuesta por la energía limpia que lo convierte en referente del siglo XXI. Historia, rutas de senderismo y una gastronomía que te hará volver.
Si estás cansado de los destinos turísticos de siempre y buscas un rincón con alma en Extremadura, hay un nombre que debes apuntar en tu lista: Robledillo de Trujillo. Situado al norte de la sierra de Montánchez y formando parte de la comarca de Trujillo, este municipio de apenas 400 habitantes es mucho más que un pueblo pintoresco. Es un lugar donde puedes tocar la historia con las manos y, al mismo tiempo, ver cómo el mundo rural lidera la transición hacia un futuro verde.
Un viaje en el tiempo
En verdad la historia de Robledillo de Trujillo no se cuenta en décadas, sino en milenios. Su gran tesoro arqueológico es la famosa Estela de Guerrero, una pieza de granito del siglo IX a.C. que nos habla de una sociedad de jefes y leyendas. Aunque la original descansa en el Museo Arqueológico de Cáceres, su espíritu sigue vivo en el pueblo como símbolo de un pasado indómito.
Pero si hay una curiosidad que deja a los visitantes con la boca abierta es la historia de la Real Argolla. ¿Sabías que en tiempos de Felipe II este pueblo tenía "derecho de asilo"? Gracias a su generosidad entregando trigo para las guerras del rey, Robledillo recibió el privilegio de que cualquier perseguido que lograra tocar la argolla de la villa quedara bajo su protección. Hoy, pasear por la calle que lleva su nombre es recordar que este pequeño enclave fue, literalmente, un santuario de libertad.
La Torre de San Pedro y sus casas solariegas
Al acercarte por carretera, lo primero que te llamará la atención es su silueta. La Iglesia de San Pedro Apóstol no es una iglesia cualquiera; su torre de 40 metros de altura es un faro de granito que domina toda la comarca. Construida en el siglo XVII con la piedra de la cercana Sierra de Santa Cruz, esconde en su interior un retablo renacentista que es una auténtica joya artística.
Caminando por sus calles, te verás rodeado de casas solariegas con blasones tallados. Es el legado de la pequeña nobleza trujillana que eligió este entorno privilegiado para levantar sus hogares, dejando una arquitectura civil que invita a guardar el móvil y simplemente dejarse llevar por el encanto de la piedra.
Del "Cancho que se menea" a rutas milenarias
Para los amantes del turismo activo, Robledillo de Trujillo es un paraíso por descubrir. El entorno está marcado por una mezcla fascinante de dehesas, olivares y cumbres de pizarra y granito. Tienes opciones para todos los niveles: senda de la Sierra Alijares, una ruta circular de 8 kilómetros, perfecta para hacer en familia. En unas dos horas y media disfrutarás de las mejores vistas del valle; ruta del Poblado de la Edad de Bronce, si buscas algo más exigente, este sendero de 9 kilómetros te lleva a los orígenes del asentamiento humano en la zona. Prepárate para las cuestas, pero las vistas valen cada gota de sudor; excursión al Cancho que se menea, a un paso del pueblo se encuentra este monumento natural. Aunque hoy ya no se balancea como antaño, sigue siendo una mole de granito impresionante que ofrece una de las panorámicas más espectaculares de la Sierra de Montánchez.
Los sabores de la dehesa y dulces únicos
No puedes decir que has estado en Robledillo de Trujillo si no has probado su cocina. Aquí, se come como en casa, pero con el sabor intenso de los productos de proximidad. Desde las migas canas hasta el zorongollo (una ensalada de pimientos asados que es pura gloria), cada plato cuenta una historia de tradición pastoril.
Pero el secreto mejor guardado está en su repostería. Tienes que probar los escaldillos, unos dulces crujientes con un toque de anís y naranja que son el orgullo local. Y si tienes suerte, podrás encontrar los originales "quesos de almendra", una delicia que imita la forma del queso pero que es puramente dulce. Y no olvides llevarte una botella de su aceite de oliva virgen extra; los olivares de la zona producen un "oro líquido" que es la base de su economía y salud.
Un pueblo del siglo XXI
Lo que hace que Robledillo sea realmente especial hoy en día es su visión de futuro. Mientras muchos pueblos sufren la despoblación, aquí han decidido innovar. El Ayuntamiento ha transformado la localidad en un referente de sostenibilidad, instalando aerotermia y placas solares en todos los edificios públicos: desde el colegio hasta la residencia de mayores.
Es fascinante ver cómo un pueblo con raíces en el Bronce utiliza hoy aplicaciones móviles para monitorizar el ahorro de energía limpia. Esta apuesta no solo protege el medio ambiente, sino que permite reinvertir el ahorro en mejores servicios para sus vecinos.
Sus Fiestas, no te las puedes perder
Aunque cualquier época es buena, mi recomendación es que si quieres vivir la esencia del pueblo, apunta estas fechas: carnavales, no te pierdas la curiosa tradición del "Agua y la Ceniza", donde los vecinos se purifican entre bromas y pasacalles; romería de la Magdalena, el último sábado de mayo, una jornada de convivencia campestre que une a todo el municipio; los ofertorios, en septiembre, se subastan productos de la tierra en la plaza Mayor en un acto de solidaridad vecinal que se mantiene intacto desde hace siglos.
En definitiva, Robledillo de Trujillo es la prueba de que se puede ser fiel a las raíces mientras se camina con paso firme hacia la modernidad. Es una parada obligatoria en tu próxima ruta por Cáceres. ¡Apúntalo en tu agenda de viajes!
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