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Educación

Una generación de 'profes' se despide del Padu de Cáceres con la jubilación de doña Araceli

La comunidad educativa del colegio cacereño se despide de la maestra de Primaria tras una vida dedicada a la enseñanza y al acompañamiento de sus alumnos

Despedida de Doña Araceli.

Despedida de Doña Araceli. / Cedida a El Periódico

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

El Paideuterion ha vuelto a vivir una de esas despedidas que no caben del todo en una foto ni en un aplauso. Un año después de la jubilación de Antonio Román Merideño, otro de los nombres propios del colegio cacereño, la comunidad educativa ha dicho adiós a Araceli Castro Redondo, maestra de Primaria de toda la vida en el Padu y una de esas docentes que no solo enseñan, sino que acompañan.

El centro la despidió el miércoles 22 de abril, coincidiendo con el Día del Centro y la celebración de San Jorge en Cáceres, en un acto cargado de emoción, recuerdos y gratitud. Porque Araceli ha sido durante años una presencia constante en las aulas: comprensiva, amante de su profesión, apasionada de su trabajo, incansable, servicial, cercana y siempre con una sonrisa.

Su manera de estar en clase tenía algo que los antiguos alumnos reconocen al instante: buenos modos, mano tendida y una enorme capacidad para hacer sentir a cada niño que importaba. No era solo una maestra que explicaba. Era una maestra que miraba, escuchaba y entendía. De esas que sabían cuándo exigir y cuándo proteger. De esas que dejaban una frase a tiempo, una ayuda discreta o una sonrisa que aún se recuerda muchos años después.

Una generación de maestros que marcó al Padu

La jubilación de Araceli llega después de la de Antonio Román, otro referente del Paideuterion, cuya despedida ya simbolizó el adiós progresivo de una generación de docentes que han construido buena parte de la memoria sentimental del colegio. Antonio fue recordado como un maestro capaz de enseñar a razonar más que a memorizar, con una especial sensibilidad para detectar el talento de sus alumnos.

Ahora, con Araceli, el Padu despide a otra pieza esencial de esa escuela cercana, familiar y exigente que tantas generaciones de cacereños reconocen como parte de su infancia. Junto a nombres como doña Carmen, doña Mercedes, don José Arellano, doña Toñi, don Ricardo, don Pablo, don Luis, don Javier, doña Isabel, doña Inmaculada o don José María Rey, Araceli forma parte de esa nómina de maestros que hicieron del colegio algo más que un centro educativo.

Una huella profunda

En redes sociales, antiguos alumnos, familias y compañeros han dejado mensajes de cariño que resumen mejor que cualquier currículo lo que ha significado su paso por el colegio. "Gran maestra y mejor persona", "toda la vida en el Padu" o "qué suerte han tenido quienes la han tenido como maestra" son algunas de las palabras que se han repetido tras su despedida.

El Paideuterion, nacido en 1938 como academia en la plazuela de Santo Domingo y asentado después en su histórica sede de la calle Sierpes, ha visto pasar a miles de alumnos y a maestros que han ido dando forma a su identidad. Araceli Castro pertenece a esa historia. A la que no se escribe solo en expedientes ni en cursos escolares, sino en la memoria de quienes aprendieron a leer, a pensar, a convivir y a crecer con ella. Se marcha una maestra, pero queda su huella. Profunda, limpia y luminosa. De esas que no se borran cuando se apagan las luces del aula.

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