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Quejas por ocio nocturno

Vecinos de La Madrila Alta de Cáceres denuncian una situación "insoportable" de ruido y suciedad: "Nos destrozan los coches"

Vecinos de Cáceres denuncian un ambiente de "insoportable" convivencia por el ocio nocturno

Intervención de la Policía Nacional en La Madrila Alta de Cáceres.

Intervención de la Policía Nacional en La Madrila Alta de Cáceres. / E. P.

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Los vecinos de La Madrila Alta han vuelto a expresar su malestar por una situación que, según denuncian, se ha vuelto "insoportable" durante los fines de semana. El foco se sitúa especialmente en el entorno de la calle Doctor Fleming y su entorno, donde aseguran que se repiten escenas de ruido hasta altas horas, acumulación de basura, conflictos en la vía pública, daños en portales y vehículos y episodios de intimidación hacia residentes. Lo hacen sin querer identificarse públicamente por temor a represalias, después de años de convivencia complicada con el ocio nocturno en una zona que, recuerdan, también es residencial.

"No pedimos más que el resto de la ciudad: tener una vida tranquila y poder descansar por la noche", resume uno de los vecinos afectados. Los residentes no cuestionan el derecho a la diversión ni la actividad hostelera, pero defienden que debe ser compatible con la vida diaria de quienes trabajan, madrugan o simplemente quieren dormir en sus casas. "Nos sentimos con muchos menos derechos que cualquier otro ciudadano de Cáceres", lamentan.

Terrazas hasta la madrugada

Una de las principales quejas vecinales tiene que ver con los horarios. Según relatan, La Madrila soporta una actividad nocturna que se prolonga durante buena parte de la madrugada, con terrazas abiertas hasta horas muy avanzadas en verano y ampliaciones horarias en fechas festivas como ferias, Semana Santa, San Jorge o Navidad. Eso, denuncian, provoca que en algunos momentos se encadenen los cierres de unos locales con la apertura de otros.

En su relato, hay fines de semana en los que la actividad se mantiene prácticamente durante toda la noche. "Nosotros tenemos que estar de fiesta jueves, viernes y sábado, queramos o no queramos", añade otro de los residentes.

La comparación con otras zonas de la ciudad es constante. Los vecinos aseguran que en el entorno de la plaza Mayor y del centro histórico las terrazas no mantienen esos horarios, mientras que en La Madrila la concentración de locales de ocio genera una presión que consideran desproporcionada. "Hay vecinos que desde la puerta de su casa o desde su ventana tienen a la vista, en menos de 100 metros a la redonda, nueve bares", indican.

Miedo a represalias

El malestar vecinal va más allá del ruido. Los residentes aseguran que algunos vecinos han sufrido amenazas, señalamientos y daños materiales. Relatan roturas de cristales en portales, porteros automáticos destrozados, vehículos dañados, neumáticos reventados y personas entrando en los portales durante la noche. También denuncian la presencia habitual de basura, vasos, botellas, orines y excrementos en las calles y accesos a viviendas después de los fines de semana.

Ese clima, afirman, ha generado inquietud entre los residentes. "No estamos tranquilos", reconoce uno de los vecinos. Según su relato, algunos afectados evitan aparcar sus vehículos en la zona o identificarse públicamente por miedo a que sus quejas tengan consecuencias. "Se ha normalizado de tal manera como que, bueno, vives ahí, ya sabes que te tienes que aguantar. Y no puede ser", añade.

También hablan de peleas, amenazas y presencia policial frecuente, aunque sostienen que muchas actuaciones se quedan en mediaciones sin efectos reales. Según su versión, cuando avisan por grupos de personas gritando o por comportamientos incívicos, los agentes acuden, hablan con los implicados y, en ocasiones, la situación continúa cuando se marchan. De hecho, la Policía Nacional confirma una actuación este pasado fin de semana para mediar en una discusión.

Reclaman medidas para recuperar el descanso

Los afectados aseguran que han trasladado en numerosas ocasiones sus quejas por los ruidos, la suciedad y los problemas de convivencia que se repiten durante los fines de semana. Afirman que han presentado denuncias y avisos, aunque consideran que las medidas adoptadas hasta ahora no han sido suficientes para corregir una situación que, según sostienen, se prolonga desde hace años.

Los residentes piden al ayuntamiento que estudie nuevas fórmulas para compatibilizar el ocio nocturno con el descanso de quienes viven en la zona. Entre sus demandas figuran un mayor control de los horarios, más vigilancia en los momentos de mayor afluencia, actuaciones contra los comportamientos incívicos y una revisión del modelo de ocio en un entorno que, recuerdan, también es residencial.

También reclaman que se preste atención a las zonas privadas de los edificios con servidumbre de paso, que, según explican, se llenan de gente durante determinadas noches y celebraciones. En su opinión, esa situación agrava los problemas de convivencia porque los residentes se encuentran grupos de personas justo debajo de sus viviendas o en los accesos a sus portales.

Un modelo que consideran agotado

En su relato, los vecinos insisten en que el problema no se limita a un local concreto, sino a la concentración de ocio nocturno en una zona residencial. Defienden que, aunque los establecimientos cumplan con sus obligaciones de insonorización y funcionamiento, el movimiento constante de personas en la calle genera un impacto difícil de controlar. "De nada vale que un bar cumpla la normativa de insonorización cuando tienes un flujo de cientos de personas entrando y saliendo a las dos, las tres, las cuatro o las cinco de la mañana", señalan.

Por eso, algunos residentes creen que Cáceres debe abrir un debate sobre el futuro del ocio nocturno y estudiar alternativas a largo plazo. Plantean que determinadas actividades puedan desplazarse progresivamente a espacios más alejados de las viviendas o mejor preparados para absorber esa afluencia de público. Entre las opciones que mencionan figuran zonas vinculadas a polígonos o al entorno del ferial.

Los vecinos reconocen que no se trata de una solución sencilla ni inmediata, pero consideran que el modelo actual ha llegado a un límite. "Yo entiendo que la gente quiera divertirse, pero para eso tienen que ser zonas habilitadas", sentencia uno de los residentes.

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