Muros con historia
40 años del nacimiento de Atrio: un concepto integral en Cáceres donde la tradición se une a la modernidad
La intervención llevada a cabo por los arquitectos Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón entre 2005 y 2010 transformó dos inmuebles deteriorados en una nueva pieza urbana que revitalizó el espacio y se ha ido integrando de forma respetuosa
Fotogalería | Un recorrido por los rincones del edificio de Atrio, una joya contemporánea en el corazón monumental de Cáceres / Carlos Gil

En la plaza de San Mateo, frente a la iglesia que da nombre a este rincón del casco antiguo, el edificio que hoy alberga el hotel restaurante Atrio no busca imponerse al peso monumental que lo rodea: se incorpora a él con discreción. Desde fuera, su presencia contenida dialoga con la piedra, la escala sobria y la atmósfera serena de uno de los enclaves con mayor carga histórica de la ciudad. Al cruzar la puerta, se abre un espacio de lenguaje contemporáneo en el que la luz, la hospitalidad y la gastronomía construyen una experiencia propia.
Esa convivencia entre pasado y presente se explica en buena parte por la intervención desarrollada por los arquitectos Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón entre 2005 y 2010. Antes de la llegada de Atrio, la parcela no estaba ocupada por un palacio señorial ni por una casa noble en sentido estricto, sino por dos inmuebles de carácter muy distinto: una pieza alargada de tres plantas, paralela a la calle de los Condes, que había tenido uso administrativo y llegó a albergar oficinas de la Junta de Extremadura, y una vivienda de dos plantas y altana levantada a principios de los años ochenta en la propia plaza.

El atrio central, delimitado por pilares de hormigón blanco, conecta visualmente las distintas plantas del edificio. / Carlos Gil
Sobre ese punto de partida se configuró un edificio de líneas actuales que permitió transformar un conjunto deteriorado y sin uso en una nueva pieza urbana, respetando las alturas y volúmenes existentes y restaurando las fachadas exteriores de mampostería. Durante las obras de demolición y vaciado realizadas en 2008, se descubrieron hallazgos arqueológicos relevantes que permitieron documentar varias capas de la historia del solar.
Bajo su imagen contemporánea permanece, por tanto, una memoria fragmentada, formada por restos visibles y huellas ya desaparecidas, que ayuda a entender la complejidad del entorno.

Vista interior del restaurante, donde el diseño del comedor refuerza la sensación de calma y precisión del conjunto. / Carlos Gil
La apertura de Atrio en este enclave supuso un salto cualitativo para el proyecto gastronómico impulsado décadas atrás por Toño Pérez y José Polo. La marca, que este año celebra el 40 aniversario desde su fundación, nació con un restaurante en la plaza de los Maestros y se fue consolidando como una de las grandes referencias de la alta cocina española, hasta encontrar en la plaza de San Mateo un espacio para extender su propuesta culinaria más allá de la mesa y convertirla en un concepto integral: alojamiento, cocina, bodega, arte y una conexión directa con la ciudad.
El corazón interior
Durante el recorrido por los rincones del edificio, Carmina Márquez, directora del hotel restaurante, ofrece su visión sobre el lugar: "Es como un calendario: cada día encuentras algo distinto. Siempre hay una luz, una sombra o un reflejo que cambia", explica. La organización actual gira alrededor de un pequeño atrio o patio central que ordena las circulaciones y conecta visualmente las distintas plantas.
En la planta principal se sitúan la recepción del hotel, el bar, la cocina y el restaurante, que se integra de forma armoniosa con el área central. "Aquí está todo pensado y no hay nada dejado al azar", subraya Márquez.

La cocina de Atrio, concebida como uno de los espacios centrales del hotel restaurante. / Carlos Gil
El techo del comedor, resuelto con un artesonado de madera de roble, cumple una función estética, pero también acústica y técnica, integrando la iluminación y ayudando a crear distintos ambientes a lo largo del servicio. El sótano acoge la sala de catas y la bodega, donde se custodia una exclusiva selección de vinos que forma parte esencial del relato culinario.
Las catorce habitaciones de gama alta con las que cuenta el hotel se distribuyen en las dos plantas superiores, también organizadas alrededor del atrio central, con corredores que se abren a ese vacío interior delimitado por una secuencia de pilares de hormigón blanco y grandes ventanales por los que la luz natural se incorpora de manera gradual.

Vista del pasillo que conecta las habitaciones con la terraza superior del hotel. / Carlos Gil
Cada estancia es única, con detalles y elementos que crean una atmósfera acogedora, mientras que la recepción de los clientes, según afirma la directora, se realiza de forma personalizada: "La idea es hacerlo como cuando recibes a amigos en casa. Le enseñas las cosas y compartes las historias. Es algo que los huéspedes agradecen mucho". El nivel superior alberga una terraza con piscina que ofrece vistas al casco histórico y a la Montaña, conectando el espacio interior con el paisaje de Cáceres.
Así, este edificio se ha consolidado como una pieza clave de la ciudad contemporánea, donde el lujo se expresa con precisión y sutileza. Más allá de su prestigio culinario, Atrio demuestra cómo el patrimonio puede revitalizarse mediante un uso sensible y moderno, respetando la memoria urbana sin interrumpir la continuidad del lugar.
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